lunes, 4 de noviembre de 2013

SIMPOSIO SOBRE “MIGRACIONES EN (DESDE) AMÉRICA LATINA. MOVILIDADES, TERRITORIALIDADES Y FRONTERAS” EN I CONGRESO INTERNACIONAL NUEVOS HORIZONTES DE IBEROAMÉRICA, Mendoza (Argentina), 7 y 8 de noviembre de 2013

Bajo la coordinación de Claudia Pedone (CIIMU, España) y Sandra Gil Araujo (CONICET/Instituto de Investigaciones Gino Germani, UBA, Argentina) tendrá lugar este simposio en el que se presentarán las siguientes Ponencias: 


CASSAIN, Laura. “MOVILIDADES Y CRISIS POLISÉMICAS: EXPERIENCIAS MIGRATORIAS DE RETORNO DE ESPAÑA A ARGENTINA”. (Universidad Complutense de Madrid, España) 

CAVALCANTI, Leonardo. “MIGRACIÓN DE RETORNO Y CIRCULARIDAD. UN ACERCAMIENTO AL CASO BRASILEÑO”. (Universidade de Brasília, Brasil) 

CERNADAS FONSALÍAS, Claudia Verónica. “LOS CUIDADOS DE LA INFANCIA ENTRE BUENOS AIRES Y PERÚ: UNA APROXIMACIÓN ETNOGRÁFICA DESDE EL ÁMBITO DE SALUD PÚBLICA”. (Universidad de Buenos Aires, Argentina) 

CLAVIJO, Janeth; DOMENECH, Eduardo y SANTI, Silvana. “MIGRACIONES Y POLÍTICAS DE CONTROL EN TIEMPOS DE „GOBERNABILIDAD MIGRATORIA‟ EN AMÉRICA DEL SUR”. (Centro de Investigaciones sobre Sociedad y Cultura – CIECS - CONICET, Argentina) 

DE CASTRO, Carlos; GADEA, Elena y PEDREÑO, Andrés. “INMIGRACIÓN, CRISIS DEL SUR DE EUROPA Y SOSTENIBILIDAD SOCIAL DE LAS ESTRATEGIAS DE DESARROLLO. EL CASO DE LOS ENCLAVES PRODUCTIVOS DE AGRICULTURA INTENSIVA”. (Departamento de Sociología de la Universidad de Murcia, España) 

GALLINATI, Carla. “EXPERIENCIAS Y SOLIDARIDADES INTRARREGIONALES: LA LUCHA DE BOLIVIANOS Y PARAGUAYOS POR EL DERECHO A LA VIVIENDA EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES”. (Universidad de Buenos Aires, Argentina) 

GIL ARAUJO, Sandra. “NACIÓN, INMIGRACIÓN Y CIUDADANÍA EN LAS PROPUESTAS DE LEY DE VOTO DE EXTRANJEROS EN LAS ELECCIONES NACIONALES EN ARGENTINA”. (Universidad de Buenos Aires, Argentina). 

INSA, Cinthia. “DEL SUR SOMOS Y HACIA EL SUR VAMOS… LA MIGRACIÓN PERUANA RECIENTE A MENDOZA-ARGENTINA: UNA PERSPECTIVA TRANSNACIONAL”. (IMESC – IDEHESI – CONICET, Argentina) 

JIMÉNEZ, Cecilia Inês. “CLASIFICACIONES SOCIALES EN PROCESOS MIGRATORIOS: UN ESPACIO PARA LAS LUCHAS SIMBÓLICAS”. (Universidad Nacional de Córdoba, Argentina) 

MAGLIANO, María José y MALLIMACI, Ana Inês. “LAS EDADES DE LA MIGRACIÓN BOLIVIANA EN ARGENTINA: CÓRDOBA Y USHUAIA EN MIRADA COMPARADA”. (CONICET – CIECS - Universidad Nacional de Córdoba, Argentina) 

PEDONE, Claudia. “MUJERES QUE ATRAVIESAN FRONTERAS: A MÁS DE UNA DÉCADA DE LA FEMINIZACIÓN DE LAS MIGRACIONES LATINOAMERICANAS HACIA ESPAÑA”. (Consorcio Instituto de Infancia y Mundo Urbano, España) 

PÓVOA NETO, Helion. “POLÍTICA MIGRATÓRIA E NOVAS TENDÊNCIAS BRASILEIRAS EM MIGRAÇÕES NO ESPAÇO IBEROAMERICANO”. (Universidade Federal do Rio de Janeiro, Brasil) 

RAMÍREZ, Jacques. “LA POLÍTICA MIGRATORIA EN EL ESTADO ECUATORIANO: RUPTURAS, TENSIONES, CONTINUIDADES Y DESAFÍOS”. (Instituto de Altos Estudios Nacionales, Argentina

ROSAS, Carolina; CORBETTA, Silvana y TOLEDO, Javier Martín. “MIGRACIONES Y PROCESOS DE INSERCIÓN SOCIAL EN ASENTAMIENTOS DEL CONURBANO BONAERENSE ARGENTINO”. (Universidad de Buenos Aires, Argentina) 

VEGA, Cristina. “EL RETORNO A ECUADOR DESDE ESPAÑA. ESTRATEGIAS ECONÓMICAS, SOCIO-FAMILIARES Y AFECTIVAS PARA UNA INTEGRACIÓN TRANSNACIONAL”. (Departamento de Sociología y Estudios de Género - FLACSO, Ecuador) 

FERRAZ, Luiz Paulo. “EMPREENDEDORISMO ÉTNICO: A TRAJETÓRIA DOS IMIGRANTES PORTUGUESES EM PERNAMBUCO (1945 – 2013)”. (Universidade Federal de Pernambuco, Brasil)

Congreso Internacional "Nuevos horizontes de Iberoamérica".



3ª Seminario permanente de investigación sobre migración: INMIGRACIÓN A ZONAS VITÍCOLAS EN ESPAÑA Y ESTADOS UNIDOS.

Este miércoles 6 de Noviembre se llevará a cabo una nueva ronda del 3º Seminario Permanente de Investigación sobre Migración México-Cánada-Estados Unidos con la ponencia "Inmigración a zonas vitícolas en España y Estados Unidos".

Esta sesión será moderada por Sara Lara Flores, investigadora del proyecto ENCLAVES-México. Participarán como ponentes nuestros compañeros Elena Gadea y Andrés Pedreño (Universidad de Murcia), Juan Vicente Palerm (Universidad de California-Santa Bárbara) e Inmaculada Serra y Francisco Torres (Universidad de Valencia).

Dará comienzo a las 17h en España (las 10h en México) y podrá ser seguida en directo  por webcast en el siguiente enlace: 



viernes, 25 de octubre de 2013

DOCUMENTO DE INVESTIGACIÓN CASO ALICANTE: “EL TRÁNSITO DEL VALOR SENTIMENTAL AL VALOR ECONÓMICO DE UNA ACTIVIDAD AGRÍCOLA TRADICIONAL: LA UVA DE MESA DEL VINALOPÓ”, POR JOSEP-ANTONI YBARRA (Universidad de Alicante)

Cultivo de uva de mesa tradicional en el Vinalopó. (Foto extraída de Asaja.com)

Las actividades agrícolas han podido ser en determinadas ocasiones elementos impulsores de procesos de desarrollo. Por un lado, la pobreza se ha intentado erradicar en ocasiones gracias a programas agrícolas encaminados a mejorar aspectos técnicos, comerciales o laborales (véanse al respecto la cantidad de proyectos del Banco Mundial). En otros casos, la agricultura  -y más en general, lo que envuelve al medio rural-  ha sido el vehículo a través del que se han intentado emprender cambios de paradigmas sociales y productivos de gran calado como son los aspectos medioambientalistas o conservacionistas. Quizás el “(re)encuentro con el campo” que proponen los neorurales puede ser una estrategia adecuada para alcanzar desarrollos equilibrados y un bienestar social más justo. Sin embargo, el “regreso al campo” desde una opción no deseada, o cuando se lleva a cabo a través de un proceso en el que la globalización arrasa y destruye patrones previos de organización y funcionamiento (social y productivo), los efectos de la ruralización presenta más incógnitas que soluciones.
El caso que se presenta en este escrito tiene una particularidad y es que trata de analizar las consecuencias y las posibilidades que tiene el redescubrir el campo tras una crisis industrial. ¿Cómo encontrar un trabajo “digno” en el campo en un momento en el que no hay excesivas alternativas laborales? La particularidad del análisis en el caso que se presenta se centra en el hecho de que la actividad agrícola que se analiza  -la producción de uva de mesa del Valle del Vinalopó (Alicante – España)-  ha sido considerada durante largo tiempo como una actividad complementaria, subsidiaria y parcial. Esta actividad debe pasar en estos momentos a tener que ser la principal y básica para la obtención de rentas familiares. La pregunta a responder entonces es si ello es o no posible, y qué consecuencias llega a tener. La familia ha sido durante mucho tiempo el gran regulador de la organización social agraria, sin embargo esta función queda mermada y seriamente cuestionada en tanto que la globalización exige que los sistemas de producción y comercialización en el caso de la uva de mesa adopten normas y formas lejos de lo que fueron las pautas de comportamiento familiar; en este sentido sobresale el hecho de que el valor que tenía la tierra como elemento con una elevada carga sentimental  -valor de uso- pasa a tener consideraciones exclusivamente mercantiles  -valor de cambio-, con la consiguiente pérdida de beneficio social que ello representa.

Para llevar a cabo este examen se utiliza un método de investigación directa en tanto que a través de entrevistas en profundidad a los sujetos y a las instituciones que tienen cierta relevancia, se vienen a sintetizar sus opiniones. El número de entrevistas realizadas ha sido de un total de 20 entrevistas semi-estructuradas a agentes representativos de las diferentes instituciones que componen el sector; junto a ello se han realizado 50 entrevistas a jornaleros, mujeres y trabajadores del campo dedicados total o parcialmente al trabajo de la uva de mesa. Con la síntesis de estas opiniones,  más con la ayuda de datos estadísticos relativos al fenómeno (extensión de tierras en producción, distribución de propiedades, exportaciones, etc.), se cerraría el trabajo. 

Enlace de acceso a todo el documento de trabajo:


martes, 22 de octubre de 2013

ENCLAVES PRESENTE EN SEMINARIO INTERNACIONAL "AGRICULTURE AND MIGRATION IN THE EUROPEAN UNION" (Bergamo, 24-25 Octubre 2013)

Los próximos 24 y 25 de Octubre se desarrollará en la Universidad de Bergamo (Italia) el seminario internacional "Agriculture and migration in the European Union".  
Será un productivo punto de encuentro y trabajo para investigadores especializados de toda Europa que expondrán sus actuales lineas de investigación. 
El proyecto ENCLAVES estará presente el viernes 25 con la ponencia "Social sustainability and agricultural workers in agro-food industry in the region of Murcia", defendida  por nuestro compañero Carlos de Castro.

Para consultar resumen de todas las conferencias enlazar con:

lunes, 14 de octubre de 2013

NOTAS A PROPÓSITO DE UN LIBRO DE JOAN FRIGOLÉ SOBRE UN RELATO DE VIDA DE UN TRABAJADOR AGRÍCOLA DE LA VEGA MEDIA-ALTA DEL RÍO SEGURA (MURCIA): UN HOMBRE: GÉNERO, CLASE Y CULTURA EN EL RELATO DE UN TRABAJADOR, MUCHNIK EDITORES, 1997.

Portada del libro "un hombre: género, clase y cultura en el relato de un trabajador". Joan Frigolé 
“El protagonista era un hombre que definía su identidad global como trabajador, pero su trayectoria laboral y vital había estado condicionada por la alternancia o la combinación del trabajo como asalariado con el trabajo de pequeño aparcero”. Con estas palabras Joan Frigolé sintetiza los rasgos básicos y sociológicamente significativos del protagonista narrador del relato de vida –un trabajador agrícola de Calasparra (Murcia)-, y que el etnógrafo compondrá para su presentación como libro, además de realizar un sistemático trabajo de contextualización donde las palabras y acontecimientos del relato adoptan relieve y textura sociohistórica. La entrevista etnográfica se realizó en 1973 y el relato de vida se inicia en los primeros años del siglo XX y abarca hasta mediados de los años 60, cuando empieza la liberalización económica del país.
Es un libro de mucho interés para los que investigamos en la Región de Murcia de hoy a los trabajadores rurales y agrícolas, pues nos habla del mundo de ayer de los hombres y mujeres que habitan los pueblos de la Vega Media-Alta del Río Segura (territorio en el que se enclava el espacio de estudio del caso murciano del Proyecto Enclaves). Para entender el significado del trabajo en estas tierras, las estrategias de vida económica de las familias rurales o sus representaciones morales, conviene entender su génesis histórica. Pasa nosotros sociólogos que estudiamos a los recolectores de fruta del campo de Cieza o a las mujeres de los almacenes de Abarán, el relato de vida que recogió e interpretó Joan Frigolé es un ejercicio de “historia del presente” pues habla precisamente de cómo el tiempo ha ido modelando unas experiencias, unas lógicas de supervivencia y una economía moral en la que se acuñan concepciones de lo que es la dignidad o la justicia que tiene un recorrido largo temporalmente y que llega hasta hoy. 

“¿Qué es lo que yo pido? Yo lo que quiero es mi trabajo” (p. 359) reclama este trabajador en un momento determinado de su relato de vida. En estos campos el trabajo se resistía (y se sigue resistiendo en estos tiempos en los que de nuevo el desempleo de masas azota la vida de las gentes trabajadores) a configurar seguridades, esto es, una biografía perdurable en el tiempo, como tampoco proporcionaba unas opciones vitales mínimas para la subsistencia y mucho menos dotaba de dignidad al trabajador. “Pues entonces te machacan a palos. Y yo digo: “¡Madre mía! ¿Qué tenemos que hacer? “Muchas veces, claro, y por esta cosa, uno que es un poco débil no quiere que lo peguen, el otro que es miedoso, el otro… En fin, pues no puede venir entre nosotros esa cosa, pues porque no puede venir. El uno que se encuentra que no tiene hijos, dice: “Pues yo ya me las apañaré como venga bien”. Pero el padre que tiene hijos ya, criaturas, ¡roba!, roba si es menester” (p. 359).
La historia de la conquista siempre inconclusa de lo que Castel llamó el “salariado con dignidad” se concreta en este libro en un territorio donde tal historia adoptó una especificidad especialmente cruenta. En tal contexto, el relato de vida de este hombre refleja el proceso de construcción de una economía moral asociada a una representación del trabajo que busca desprenderse de las servidumbres que aún en aquel universo agrario entretejían a los hombres según principios jerárquicos de extrema desigualdad y vasallaje. Como expondré más adelante, es en este contexto de pervivencia de fuertes relaciones de servidumbre, propias de un mundo social en las que el trabajo escaseaba y apremiaba la incertidumbre vital, donde ha de captarse la economía política de las relaciones de aparcería que tanta centralidad tuvieron en el agro murciano.

Entrevista con antiguos trabajadores del esparto en el Museo del Esparto de Cieza
La recolección del esparto fue el verdadero mundo de ayer de los trabajadores rurales de la Región de Murcia (y en general del Sureste ibérico). Si hoy en el Museo del Esparto de Cieza se reivindica como parte de la memoria histórica de estos pueblos de la vega del Segura, la experiencia de “los menaores” –es decir, los trabajadores de la industria del esparto que entraron en el oficio siendo unos niños-, la historia de vida recogida por Joan Frigolé lleva al etnógrafo a constatar el arraigo en este territorio de los menaores, como recoge en varias notas a pie (Frigolé utiliza las notas a pie para intercalar apreciaciones o explicaciones en el Relato de vida, de tal forma que en las mismas se contextualizan históricamente determinadas vivencias o experiencias o se aportan otras observaciones etnográficas recogidas en la investigaciones que posibilitan generalizar socialmente hechos narrados en el Relato). Por ejemplo, cuando el protagonista del Relato de vida cuenta cómo fue por primera vez al monte a recolectar esparto –“… y esa criatura en puesto de estar en un colegio educándola, de ocho y siete, y seis años montados, tapaícos con la manta, helaícos de frío, llegaban al monte” (p. 140), Frigolé introduce una Nota a Pie (la nº 25) en la que da cuenta de otros entrevistados en su investigación que tienen una similar experiencia y escribe: “esta temprana edad de ir al monte parece formar parte principalmente del proceso de aprendizaje del espartero” (p. 140). También en otra Nota a Pie anterior constata la frecuencia del trabajo infantil:   

“Muchos hijos y condiciones precarias de vida empujaban a los padres a colocarlos como mozos desde pequeños. Los numerosos testimonios recogidos se refieren a “que en su casa eran muchos y no podían alimentarlos a todos” o “en su casa pasaban hambre”. La remuneración consistía a veces nada más que en la comida: “Yo estaba de pastor por la comida”, dijo Paco el R. Se refería a la época de la postguerra y era una ocupación sólo temporaria. José de los N.  en la misma época estuvo tres meses a prueba por la comida, luego le daban un duro al mes. El propio protagonista adoptó una posición crítica en otra ocasión refiriéndose al tema: “los agricultores son la clase más atrasada aquí y en todas partes. En tiempos de la Monarquía, para quitar una boca de casa, ponían a los muchachos se seis a siete años a servir” (p. 84). 

Se empezaba a trabajar desde la infancia “en tiempos de la Monarquía”, y como nos recuerdan los antiguos trabajadores de la industria del esparto que hoy hacen de guías explicativos del Museo del Esparto en Cieza, también “en tiempos del franquismo”, al menos hasta los años 60, como demuestran sus propias biografías, en las que amargamente  se señala ese momento en el que la escuela se abandonaba para trabajar como “menaor” en la recolección o en las tareas más intensivas del proceso industrial del esparto. El libro de Frigolé contribuye a conocer ese pasaje anterior a la fruta, que fue el esparto. Como muchos otros trabajadores rurales murcianos, el protagonista del Relato de vida trabajó en la recolección del esparto. 
Menaores en la industra del esparto de Cieza
El trabajo se diferenciaba entre eventual y fijo. Los trabajadores eventuales eran los esparteros. Los trabajadores fijos eran los aparceros o pegujaleros.  Pero esto no eran compartimentos estancos como muy bien aprecia Frigolé:

“La categoría de espartero no era cerrada. Ser espartero obligaba también a trabajar en otras actividades a lo largo del año (en otoño-invierno, pasaban por un periodo de paro determinado por el plazo de explotación del esparto fijado en la subasta). El espartero, como obrero eventual, intentaba maximizar dentro de sus posibilidades las oportunidades de trabajo y de salario que le ofrecían las distintas actividades productivas más importantes a lo largo del año que, sin duda, estaban vinculadas con la agricultura y la industria espartera.
Tampoco era cerrada la categoría de pegujalero. El pegujalero era un obrero vinculado a la tierra a través de un contrato de aparcería que, en esa zona, ofrecía mucha estabilidad, si bien para hacer viable su limitada explotación y completar su subsistencia tenía que trabajar a jornal, probablemente más en la agricultura que en otras actividades. El pegujalero era un trabajador fijo, pero con cierta cuota de eventualidad.  
Los esparteros constituían la mano de obra más eventual, tanto por su régimen de contratación como por la duración anual del trabajo. Su procedencia social era diversa. Una parte procedía del mismo sector. Se trataba de hijos de esparteros, llevados por sus padres al monte desde muy pequeños y socializados en ese ambiente. Otra procedía del ámbito aparcero. Los labradores procuraban tener a sus hijos solteros ocupados en sus explotaciones, mientras los pegujaleros sólo podían mantener ocupados a unos pocos. Alternativas frecuentes para los demás hijos de pegujaleros eran trabajar como mozos y jornaleros eventuales. La etapa de mozo, considerada una etapa de aprendizaje de la agricultura, solía finalizar con el servicio militar” (pp. 39-40).

La eventualidad era el rasgo básico de las relaciones de trabajo en el mundo de ayer rural murciano (y en buena parte lo sigue siendo en el de hoy). El trabajo no solamente era escaso y explotador (“y se iba al campo de luz a luz”, p. 64), sino que además el trabajo disponible aparecía como fraccionado, discontinuo o estacional, lo que obligaba a la itinerancia y la movilidad interocupacional y/o territorial. Así, lo narra el protagonista del Relato de vida:

“Es que había unas estaciones bastante malas. El mes de mayo era una de las estaciones de las malísimas: aún no había llegado la siega, en los arroces no había faena porque estaban recién sembrados, una estación que la agricultura estaba paralizá. Y otra en el mes de agosto. Y en el invierno, pues hoy trabajabas, mañana no y asín” (p. 65)
“Trabajaba de eventual adonde me avisaban a trabajar: a coger esparto, a segar romero de ese pa esencia, a cavar con éste, con el otro, a veces aquí en el término, otras veces me iba fuera del término, y asín íbamos luchando con la vida” (p. 199).

Esta movilidad interocupacional y territorial aparece como un elemento central de la regulación social del trabajo. Como cuenta el protagonista del relato de vida, los labradores se permitían reclutar trabajadores en la plaza del pueblo cuando el ejército de reserva era muy abundante seleccionando a los jornaleros de una forma arbitraria y ofreciendo un salario miserable –“venía un señor labrador a avisar al personal y entonces íbamos todos así, como los cordericos a mamar de la madre, y todos nos acercábamos y este señor empezaba a mirar a los tíos de arriba abajo”, p. 199-, pero cuando la movilidad hacia otros territorios como ir a segar a La Mancha posibilitaba una disminución de la mano de obra disponible, los empleadores se veían obligados a subir los jornales –“… se quedaba aquí muy poca gente y, claro, tenían que recoger ellos también aquí la cosecha de cebada, trigo y avena. Entonces no encontraba y entonces aquél subía una peseta más. Venía el otro y subía otra...”, pp. 199-200-. Esta importancia de la movilidad como estrategia de vida económica y regulador social del trabajo hizo que el protagonista del relato critique el decreto del 28 de abril de 1931 de Largo Caballero según el cual se interponían unas fronteras del trabajo agrícola en los límites de cada uno de los nueve mil municipios de España. Cuando el esparto disminuía en su municipio ya no se podían ir al municipio de al lado –Moratalla- por el cierre de la frontera del trabajo agrícola –“Moratalla tiene como cuatro veces este pueblo de término. Pues na, a ellos no les faltaba el trabajo y nosotros aquí todos paraos”, p. 204-.

 Finalmente, retomo la cuestión de la aparcería que tanta centralidad tuvo en el agro murciano, especialmente en las huertas de las vegas del Segura y afluentes. El protagonista del relato de vida es hijo de un aparcero, por lo que conoce bien las servidumbres implícitas en esta relación de trabajo respecto al propietario. Frente a esas servidumbres toma una posición contestataria basada en sus concepciones de lo que debe ser un hombre, de lo que es la dignidad, la justicia… Su padre llevaba a la propietaria de la tierra los primeros y mejores frutos de la cosecha como ofrenda. Un reconocimiento servil y clientelar. El protagonista del relato se niega a realizar esa ofrenda, lo primero es alimentar a la familia. En esta alteración del orden de prioridades late toda una concepción moral y política de lo que es un hombre trabajador que debe sacar adelante una familia. Esta toma de posición de género deviene prontamente en toma de posición de clase, contra lo que la aparcería implica en términos de clientelismo y servilismo: “quería avasallarme a mí como a mi pobre padre, pero se han equivocado conmigo”. Su opción por el trabajo asalariado jornalero es una ruptura con su padre y con el amo de la tierra. Dice Frigolé lucidamente: “Marca claramente las distancias tanto con el amo de la tierra como con su padre. Una cosa lleva a la otra. Su autonomía sale reforzada y le despeja el camino para alcanzar más conciencia política, en abierta disconformidad con otros casos en los cuales someterse a la relación de clientelismo con el amo de la tierra comporta el refuerzo de la autoridad del padre y la mayor dependencia del hijo” (p. 416).
Estas rupturas le llevaron a la militancia en la UGT y a los ideales socialistas. Muchos otros no hicieron este tránsito. Quedaron atados a las densas redes patriarcales del mundo de la aparcería que tanta extensión y duración tuviera en el campo murciano. La aparcería aparece como un rotundo mecanismo de disciplinamiento social y de creación de infraciudadanía. Seguramente la perdurabilidad de este sistema de trabajo explique la estabilidad y disciplina social del campo murciano –a diferencia de otras regiones muy convulsas sindical y políticamente en las décadas de los 20 y 30, como Andalucía-. Lo cual no quiere decir que no existiera conflicto y que inclusive dentro del universo aparcero surgiera un movimiento colectivo en los años 60 reivindicativo de una mayor igualdad en los tratos desiguales con los propietarios. El protagonista del relato de vida, el mismo aparcero en ese momento, narra episodios de contestación al propietario. Frigolé se hace eco de este movimiento en la Introducción del libro: “… la primera reivindicación colectiva de los aparceros. El 18 de septiembre de 1962 fue presentada a las autoridades del sindicato vertical una petición firmada por 337 aparceros. La primera de las peticiones está formulada en estos términos: “Percibir un tanto más de la producción”. Es decir, pretendían que se los compensara en términos de una partición de la cosecha que les fuera más favorable. Como no consiguieron ese objetivo, sus reivindicaciones se centraron en la modificación de las respectivas aportaciones del propietario y el aparcero. Para vencer la resistencia de los propietarios, los aparceros adoptaron la estrategia de incumplir parcialmente sus obligaciones” (p. 35).
A fines de los años 60 los aparceros habían conseguido mayores aportes de los propietarios. La emigración vaciaba los campos y la aparcería entraba en crisis definitiva como relación de trabajo (aunque perduró y perdura en el coto arrocero calasparreño). Pero ¿qué huellas políticas y morales dejó tras su secular dominio en el agro de la Región de Murcia?




martes, 8 de octubre de 2013

3ª Seminario permanente de investigación sobre migración: SOSTENIBILIDAD SOCIAL; NUEVOS ENCLAVES PRODUCTIVOS AGRÍCOLAS EN ESPAÑA Y MÉXICO

Este jueves 10 de Octubre se llevará a cabo una nueva ronda del 3º Seminario Permanente de Investigación sobre Migración México-Cánada-Estados Unidos con la ponencia "Sostenibilidad social: nuevos enclaves productivos agrícolas en España y México".

Esta sesión estará coordinada por compañeros y compañeras investigadore/as del proyecto ENCLAVES como Sara Mª Lara Flores, Kim Sánchez Saldaña,  Adriana Saldaña, Andrés Pedreño y Mª Elena Gadea, que presentarán los avances de nuestra investigación.


La sesión se desarrollará a partir de las 17h en España (las 10h en México) y podrá ser seguida en directo en el edificio Ática en la Universidad de Murcia o por webcast en el siguiente enlace: 


Desde este blog os animamos a participar en el seminario:






lunes, 30 de septiembre de 2013

DIARIO DE CAMPO (II). UN DIA EN EL ENCLAVE: OBSERVANDO EL ESPACIO Y LAS INTERRELACIONES ENTRE LOS TIEMPOS DE TRABAJO Y VIDA DURANTE LA CAMPAÑA DE FRUTA EN ABARÁN. POR ANTONIO J. RAMÍREZ

En esta inmersión etnográfica, se trataba de realizar un ejercicio de detección de los ritmos de la vida social de los pueblos de los enclaves agroexportadores. La hipótesis de partida era que el mundo del trabajo y el mundo de la vida adquieren una temporalidad propia, así como una específica lógica y sentido social, derivada precisamente de la secuencia del proceso de recolección (“la campaña de la fruta”) y su conversión en producto alimentario (la labor del almacen de manipulado). Las crónicas de estos pueblos (Abarán, Cieza, Blanca, etc.) ya nos hablan que en las décadas de los 50 y 60 las entradas y salidas en las fábricas conserveras y en los almacenes de fruta  eran marcadas por sirenas que se escuchaban en todo el pueblo. Si los viejos campanarios pautaron la sociedad tradicional, las sirenas de las fábricas agroalimentarias marcaron el ritmo de la vida moderna de estos pueblos… La llegada de “la campaña de la fruta” sigue modelando los tiempos sociales: los horarios de trabajo y de descanso, los ritmos intensivos de las cintas transportadoras y del camión que transporta la fruta a Alemania o Inglaterra, el ajetreo del pueblo, la afluencia de automóviles o furgonetas, y también el tiempo de la garbilla…

Por las carreteras de Abarán

Es primera hora de la mañana de un soleado día a comienzos de Junio. Tras recorrer en coche aproximadamente treinta kilómetros desde la capital, abandono la autovía para dirigirme por una carretera zigzagueante de unos cinco kilómetros hasta Abarán, en el corazón de nuestro ENCLAVE con 13.110 habitantes empadronados en 2012.  El trayecto está jalonado a ambos lados por almacenes de frutas de diferente tipología que movilizan desiguales cantidades de trabajo y capital en diferentes temporadas de trabajo.
Una parte de los almacenes de manipulado de frutas están definitivamente cerrados o incluso alguno a medio gas (como el caso que conocimos en una visita grupal anterior de una empresa en suspensión de pagos y en proceso de embargo por sus arriesgadas inversiones inmobiliarias durante el ciclo expansionista de la construcción). Otros son aquellos almacenes tradicionales históricamente asentados en el territorio, cercanos al núcleo poblacional, con un tamaño pequeño-medio y cuya propiedad puede ser privada o cooperativa. Una parte de este tipo de almacenes trabaja principalmente fruta de hueso cuya campaña se prolonga durante 3 intensos meses de trabajo. Desde finales de Julio hasta el mes de abril permanecerán en estado de vida latente, infrautilizados y sin carga de trabajo.  Según nuestras entrevistas uno de los grandes retos incumplidos de las cooperativas es, precisamente, romper con esta estacionalidad alargando las campañas de trabajo por medio de la diversificación productiva, para evitar la infrautilización de infraestructuras y estabilizar la demanda de empleo, sobre todo cualificada.
Como en una categoría superior se encuentran los grandes y sofisticados almacenes racionalmente construidos como factorías agroindustriales, con buena comunicación  con la red de viaria para facilitar el flujo de mercancías en camiones articulados de gran tonelaje.  Estos almacenes han sido equipados, pensados y financiados por grandes agroexportadores principalmente destinados para el comercio internacional. Debido a su mayor potencial económico, su integración en las redes de poder locales, inversión en investigación y su posicionamiento en el mercado internacional de frutas en fresco, están diversificando y ampliando su producción invirtiendo en las variedades de mayor rentabilidad económica, especialmente la uva de mesa apirena (sin piñón), cuya expansión es fundamental para comprender la reorganización socioeconómica y espacial del Enclave.
Junto a uno de estos grandes almacenes encuentro cuatro camiones aparcados en la cuneta de la carretera, donde hombres descamisados (en esta ocasión no vi ninguna mujer) esperan para que sus camiones sean cargados con alrededor de 25.000 kilos de fruta en fresco por valor de miles de euros.  ¿Por qué no aguardan dentro de las instalaciones? Quizá el muelle se quede pequeño cuando la producción es máxima. Estos camioneros actuarán durante horas como engranajes de la cadena agroalimentaria internacional de frutas en fresco, enlazando este almacén situado en el Sureste del Mediterráneo con un centro de distribución alimentario en algún lugar de Europa.




En el cruce de caminos

Antes de hacer esta visita ya había pensado observar de una manera poco ortodoxa, aunque práctica, los diferentes flujos de trabajadores que se movilizan desde los diferentes centros de trabajo al pueblo. Abarán es de un urbanismo caótico, calles pequeñas y complejas comunicaciones. Pero existe un punto donde confluyen las dos carreteras de salida con la avenida central del pueblo: el cruce de la puerta de la iglesia. Por tanto, cientos de trabajadores empleados en estas fábricas de manipulación de fruta en temporada alta van y vienen a las mismas horas por distintas carreteras que confluyen en un mismo punto.  Pero eso será a las 13horas que es cuando, según nuestra información, los almaceneros y almaceneras paran para almorzar.

Como aún es temprano decido aparcar el coche y pasear  entre los pequeños almacenes más cercanos al núcleo urbano.  La maquinaria ruge, hay trasiego constante de camiones de todo pelaje y puedo ver a personas trabajando dentro de los pequeños almacenes. Mientras paso por la puerta de uno de ellos dos hombres que parecen marroquíes van montados en una carretilla mecánica en dirección contraria a la mía, uno de ellos conduce, el otro está subido a las palas del “toro”. Imagino que han terminado alguna tarea en otra parte del almacén y ahora mismo se pierden por la puerta principal, al encuentro del resto de la plantilla. No debe haber mucha gente trabajando puesto que no se ve mucho movimiento y en una parte importante del almacén, que está sin actividad, se apilan cajas de madera, un material que prácticamente ya no se utiliza y nos remite a mercados secundarios y productos de precio más bajo. Apenas hay  una docena de coches en un aparcamiento pequeño pero suficiente, puesto que la escala de producción es muy distinta a la de los grandes exportadores. Además estos centros de trabajo están cerca del casco urbano por lo que es posible el desplazamiento a pie.



Antes de la una del mediodía ya estaba situado en el cruce de caminos que antes he descrito. Es la hora en la que paran a comer la mayor parte de los almacenes de frutas, así que cámara en mano espero a la sombra en la plazuela de la iglesia.  Es constante el trasiego de vehículos de carga desde furgonetas con más de 20 años a camiones articulados modernos.  Algunos llevan la carga de fruta a la vista, en cajas de acarreo, otros se identifican por los logotipos que lucen sus carrocerías. De repente unos minutos más tarde comienza un flujo constante de trabajadores y trabajadoras que durante unos 30 minutos se combinará con el de mercancías, densificando y complicando el tráfico rodado. Ellas van vestidas con los delantales (generalmente verdes) de almacén, ellos con monos de trabajo azules o  ropas dedicadas al trabajo. Desde el lugar donde hay varios almacenes pequeños aparecen mujeres andando y algunos coches.  En cambio por la carretera que nos conduciría a los grandes almacenes, o lo que es lo mismo a la autovía, aparecen hasta 4 autobuses cargados de trabajadoras, algunas de las cuáles se apean en la zona desde donde observo.  Según las entrevistas, la empresa les dispone un autobús para llevarlas a trabajar sin coste, pero las plazas son limitadas y a menudo el número de trabajadore/as es superior a la capacidad de los autobuses.  El derecho a usar el autobús parece que se organiza según la antigüedad en la empresa.  En caso de que la contratación se haga por medio de una Empresa de Trabajo Temporal, el empresario pagará un mismo precio por hora y trabajador a cambio de que la ETT se encargue de garantizar la disponibilidad y movilidad de la mano de obra que la empresa exija cada día, la gestión administrativa, las cotizaciones a la seguridad social, la seguridad laboral, la responsabilidad social y la formación.
Las trabajadoras y trabajadores que provengan de otros municipios más alejados desarrollan diversas estrategias de movilidad como agruparse en vehículos (pagando el porte al dueño del coche), quedándose a comer en los comedores habilitados en los almacenes, o en el mismo lugar de trabajo  “acomodadas” entre cajas de acarreo, palés etc… buscando sombra en el lugar más fresco y agradable posible para comer y reposar antes de volver a engancharse al tajo a las 15horas, dos horas después de haber parado.


De paseo por las calles y huertos de Abarán

Alrededor de las 13,30 el flujo de personas y coches se ha detenido por lo que decidí pasear durante un buen rato por el pueblo, con la intención de aprovechar la visita para hacer una pequeña incursión etnográfica, ver sus calles, escuchar sus conversaciones... Su intrincada y extrañamente bella trama de callejuelas está trufada de pequeños comercios de barrio, tiendas de multiservicio regentadas por vecinos del pueblo; todo tipo de bares, de rock a tabernas típicas;  almacenes de manipulado de frutas vacíos en pleno casco urbano que  cuando funcionaban llenaban de vida las calles del pueblo y sus sirenas que avisaban de las horas de entrada y salida al trabajo;  peluquerías, gimnasios… Vagabundeando llegué hasta una pequeña iglesia que no conocía, donde aún hay una placa en homenaje a los fusilados fascistas del pueblo, sin tacha ni mancha. De ahí me dirijo, ya consciente del recorrido, a la plaza de otra iglesia donde un busto del empresario Gómez Tornero (agroexportador de mitad del SXX) vigila la iglesia que el mismo sufragó. Un aura de santo varón le envuelve,  loado por trabajadores y empresarios, por gente de izquierda y de derecha… su legado: trabajo como prioridad absoluta, caridad para con los demás y cierto talento para traspasar las fronteras de Abarán e instalarse durante años en un hotel en París desde donde controlaba el negocio de la exportación de frutas a Europa, son los tiempos del lema “Abarán, París, Londres”.
Escojo una calle al azar que me lleva muy cerca del río Segura, cuya canalización junto con el aporte del trasvase Tajo-Segura rompió la frontera del cultivo tradicional reconvirtiendo amplias extensiones de territorio de secano para cultivo de regadío.  Decido acercarme y me sorprendo gratamente al llegar a un amplio y verde jardín junto al cauce, donde un grupo bastante numeroso de escolares disfrutan de canciones y talleres con sus monitores de ocio y tiempo libre.  Enfrascado en recuerdos de mi vida laboral pasada sé por experiencia que cerca de este tipo de excursiones suele haber un bar.  Efectivamente, hay un viejo kiosko con la belleza de la decadencia. En el bar todos parecen conocerse y sin duda son de la zona, llaman por sus nombres de pila a la pareja que regenta el garito.  Todos son hombres de mediana edad, piel morena, gente de campo u obra, es medio día y no parecen trabajar en nada que requiera un horario establecido.  Todos beben cerveza regional en envase de litro, algunos lo acompañan de alguna tapa.  Hablan entre ellos, gesticulan… formas de socialización de un grupo informal constituido en un lugar y un momento precisos, es un momento que aprovecho para sigilosamente inmiscuirme, sintiendo la extrañeza silenciosa de los parroquianos.
Entonces ocurre algo curioso, llegan al bar dos chicas jóvenes, resueltas, conocen el terreno y saludan y bromean con los clientes, a mi lado les sirven dos cafés que no he visto pedir, expresión de una rutina diaria.  Por sus conversaciones entiendo que toman el café antes de ir a esperar uno de los autobuses que fotografié un rato antes. Deberán “reengancharse” para completar el horario de tarde de su larga jornada laboral. Comentan que están trabajando muchas horas puesto que es temporada alta de fruta y que están ahorrando para el invierno. Se trata de una estrategia de supervivencia ampliamente asentada e interiorizada por las mujeres del pueblo que en su vinculación precaria, patriarcal y temporal con el trabajo cuando se intensifican los tiempos y ritmos intentan ganar el dinero con el que deberán sobrevivir el resto del año.  La estabilidad de sus rentas y empleos es tan fluctuante como el caudal del río mediterráneo que circunvala su pueblo.  Toda una estrategia de supervivencia que una de las mujeres resume con la frase “estoy haciendo la garbilla para el invierno”. Continúan la conversación con un cliente que les pregunta “¿estáis con mi sobrino?”, a lo que la misma chica de antes contesta: “no, que va, ella está en Ecuador, yo en Bolivia ¡¡si supieras!!”, a lo que el hombre vuelve a preguntar “pero… ¿No estáis con mi Paco que es encargao?” “No, los nuestros son ecuatorianos y bolivianos”, es la respuesta final. Tras años de costoso asentamiento, una proporción de trabajadores inmigrantes ha ido consiguiendo estabilizar (dentro de la endémica eventualidad laboral del enclave) sus puestos de trabajo en el agronegocio. Durante los años de la “crisis blanda” en que los nativos ocupaban otros nichos laborales como la construcción, regentaban negocios o trabajan en el sector servicios, los trabajos más duros en la agricultura han sido desempeñados por esta fuerza de trabajo segmentada étnicamente. Ahora en tiempos de guerra económica y social se incrementa la competencia entre trabajadores lastrados por el paro masivo, la pérdida de derechos y  la inestabilidad laboral.
Las mujeres se despiden para reengancharse a la cadena de producción del almacén que las mantendrá casi totalmente ocupadas hasta el otoño, si es que consiguen enlazar la campaña de fruta de hueso con la de uva de mesa.  Me despido y me voy paseando por la orilla del río observando como las huertas tradicionales, muy parceladas y cuidadas, están en plena producción,  donde el vallado es nuevo y los sistemas de regadío por goteo se encuentra en buen estado. Es probable que estos huertos en estos tiempos de crisis sean un recurso familiar para completar la cesta de la compra y/o para participar de la economía de bienes simbólicos local. Me gustaría pensar que también es una forma de entender la relación con la naturaleza y la agricultura que perdura en el imaginario y las formas de posicionarse en el mundo de los vecinos de Abarán.  Pero eso aún no lo sabemos.

lunes, 23 de septiembre de 2013

ENCLAVES ESTARÁ PRESENTE EN EL SEMINARIO INTERNACIONAL "AGRICULTURA Y MIGRACIÓN EN LA UNIÓN EUROPEA" (Bergamo, Italia, 24-25 Octubre 2013)

Durante los próximos 24 y 25 de Octubre se desarrollará en Bérgamo (Italia) el seminario international "Agriculture and migration in the European Union". Nuestros compañeros del equipo ENCLAVES de Murcia participarán como ponentes el próximo 25 de Octubre con "Social sustainability and agricultural workers in agrofood industry in the region of Murcia" .

Será una nueva e interesante oportunidad para debatir y compartir nuestro proceso investigador, resultados y experiencias con un importante panel de colegas, científicos sociales  de toda Europa, especializados en ruralidad y migraciones.

En el siguiente enlace os adjuntamos el programa y nos animamos a participar en este seminario internacional.


Equipo ENCLAVES

jueves, 19 de septiembre de 2013

APUNTES SOBRE LA TRAMA HISTORICA DE LA VISIÓN PRODUCTIVISTA DEL DESARROLLO AGRÍCOLA Y SU CONCRECIÓN EN EL DISEÑO DE TERRITORIOS AGROEXPORTADORES COMO LA REGIÓN DE MURCIA. POR GERMÁN CARRILLO (Equipo ENCLAVES)

 
Zona de cultivos en Cieza. Enclave productivo agrícola de la Vega del Río Segura.

En buena medida, el modelo agrícola implementado por la Revolución Verde tras la Segunda Guerra Mundial ha colapsado: las condiciones sociales y ambientales a nivel global están siendo mermadas de forma acelerada. Las vías de modernización abiertas en los campos de cultivo han generado una explotación intensiva del territorio, cuyos efectos transcurren por la pérdida de biomasa, el acaparamiento de tierras (landgrabbing), la precariedad laboral en los agronegocios, entre otros muchos problemas... A pesar de ello, la visión economicista del desarrollo neoconservador tiene un amplio eco entre las instituciones públicas y privadas encargadas de diseñar la explotación agrícola del territorio. Ante este panorama, se han planteado alternativas sustentadas en trabajos que permiten establecer conclusiones sobre la insostenibilidad territorial de diversas formas de explotación agrícola[1] Algunos estudios agrarios han dejado a un lado la crematística, para establecer una regeneración dialéctica transdisciplinar “entre las diversas ciencias de la naturaleza y la sociedad”, partiendo de una perspectiva histórica (Tello 2010:355). Los efectos medioambientales derivados de la acción antrópica han provocado que numerosos estudios dirijan su observación en busca de las “raíces del deterioro o el espejo en que contemplar las virtudes de la agricultura orgánica” (Robledo 2002:263).

La voz caricaturesca de las actuales políticas gubernamentales en España hablan del crecimiento del producto interior bruto en buena medida provocado por el aumento de las exportaciones en los últimos meses. La región mediterránea de Murcia, efectivamente, está elevando el ritmo de las exportaciones. Durante el lustro 2006 a 2011 el ritmo de las exportaciones agroalimentarias crecía al 7,67 por ciento, pasando de 2.382.514,63 miles de millones de euros generados por el sector, durante el primer año citado, a 3.072.941,07 miles de millones en 2011, según el Instituto de Fomento de la Región de Murcia, (2012). 
La Federación Española de Asociaciones de Productores Exportadores de Frutas, Hortalizas, Flores y Plantas Vivas, FEPEX, indicaba que las exportaciones de frutas y hortalizas crecían a un ritmo del 13.5 y 1,5 por ciento respectivamente desde 2011. Productos agrícolas importados, fundamentalmente, por Alemania, Francia y Reino Unido, beneficiarios de los territorios del sureste español, siendo la Comunidad Valenciana, Murcia y Andalucía las principales provincias proveedoras. Particularmente la exportación de uva de mesa en la Región de Murcia supondrá un volumen de 100.000 toneladas al final del año 2013, según las previsiones de FEPEX, con un valor aproximado de 180 millones de euros. De esta manera, Murcia produce el 90 por ciento de la uva sin semilla de España, siendo pues líder en este sector agroexportador a nivel nacional[2]

Pero el incremento exportador no tiene siempre una correspondencia con el desarrollo y sostenibilidad social y ecológica. En este punto, Latinoamérica tiene larga data de experiencia histórica. Desde fines del siglo XIX, la tierra sufrió una revalorización brutal: las demandas de productos primarios desde Europa y Estados Unidos, inmersos en la segunda revolución industrial, provocaron, en coalición con los gobiernos de criollos surgidos tras las independencias, la liberalización de las tierras y la desvinculación  de los indios de sus predios y nexos comunitarios. Surgía así el latifundio como expresión política y económica de dominación sobre las comunidades locales. Un siglo después, a partir de la década de 1980, tras el lapso de las reformas agrarias al albur de la Revolución Verde, América Latina, bajo el recetario de las instituciones financieras mundiales, esto es, Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Organización Mundial del Comercio, Fondo Interamericano de Desarrollo..., en coalición con las políticas domésticas, reactivaba el comercio exterior y por contra acuciaba la dependencia de las importaciones de productos básicos. Se creaba así una fuerte dependencia con el mercado internacional; de esta manera, países como Ecuador dependían únicamente de los rubros obtenidos por las exportaciones de petróleo o frutas tropicales, principalmente banano. Esta dependencia deprimía a otros sectores productivos ineficaces y elevaba las tasas de concentración de capital de los propietarios de las explotaciones, que a su vez, y especialmente a partir de las tres últimas décadas, manejaban estrategias de diversificación de capitales, invirtiendo en multipropiedades y controlando toda la cadena productiva. 

Como recordaba Francisco Alburquerque, algunos de los países más desarrollados del mundo, tales como Alemania, Japón, Estados Unidos, Reino Unido o Francia, mantenían al inicio del siglo actual, una tasa porcentual derivada de las exportaciones respecto al producto interior bruto muy reducida; mientras países como Nigeria, Gambia, Mauritania o Marruecos mostraban una alta dependencia de las exportaciones, sin que ello elevara los estándares de vida de sus habitantes. Concluía Alburquerque, que estos datos contradicen “las recomendaciones habituales de políticas de desarrollo que provienen de los discursos predominantes”, que insisten en la inserción en los mercados internacionales, lo que supone la negación de los factores relevantes de los que depende el desarrollo; esto es, no tanto de “alcanzar nichos de mercado internacionales como de la capacidad interior para lograr incorporar las innovaciones productivas y de gestión en el seno del tejido productivo y empresarial de los diferentes países” (F. Alburquerque 2003). 

Esta forma de concebir el desarrollo, y particularmente la producción agrícola tiene sus antecedentes en las dos revoluciones verdes del siglo pasado; una primera, urdida entre el presidente estadounidense Hernry Wallace y la Fundación Rockefeller en el México poscardenista de la década cuarenta, a los que se sumaría la Fundación Ford, en 1953, y en 1960 la Fundación Kellogg´s; y la segunda, durante los años noventa, diseñada bajo la revolución genética y la biotecnología. Ni una ni otra han reducido el hambre y la desigualdad mundial, no han equilibrado la balanza de inequidad entre los países productores y consumidores, no han otorgado la Seguridad y Soberanía Alimentaria a los territorios [3]

El sostenimiento de este modelo de desarrollo productivo en el agro a nivel mundial, por una economía de libre mercado que prioriza el crecimiento económico sin desarrollo social, forma parte de una serie de problemas estructurales cuya data es vieja.
Así, desde el punto vista histórico, conviene explicar cómo se entretejen las relaciones sociales de producción y quiénes se benefician de las estructuras económicas dominantes. Las historias locales de los municipios analizados en la Región de Murcia, interesan en buena medida como refractarios de los problemas estructurales indicados más arriba, que si bien durante el siglo pasado eran un reflejo de la historia nacional (Carreras 2000), podemos asegurar que al periclitar la centuria, lo local pasaba a reflejar o refractar las transformaciones surgidas de la globalización económica y cultural.

De esta manera, y realizando un esfuerzo sintético de reconstrucción histórica, partiendo de un tiempo medio braudeliano, durante finales del siglo XIX, en la Región de Murcia al compás de la desamortización se fueron desarrollando toda una serie de políticas liberales que cristalizaron en la acumulación de patrimonios agrícolas. Mediado el ochocientos, la agricultura tradicional extensiva y cerealista para el autoconsumo familiar iba dando aperturas a una agricultura en cierto modo renovada y abierta al mercado exterior. Como explicaba el historiador Miguel Rodríguez Llopis (1998), el desarrollo capitalista en la región se fundamentó bajo graves problemas heredados del Antiguo Régimen, especialmente la gran propiedad no cejaba en su empeño de asfixiar a pequeños campesinos propietarios. También la transición demográfica, y por tanto el crecimiento poblacional, dio paso a un aumento progresivo de la fragmentación de la tierra por herencia, haciendo que las unidades campesinas no fuesen competitivas. Además del factor hereditario, a la disgregación de la tierra contribuyó la estrategia de terratenientes y caciques que repartían sus propiedades a más arrendatarios. Con esto se beneficiaban en un doble sentido: por un lado, aumentaban los ingresos por arriendos; y por otro, ejercían un control social sobre los campesinos. El aumento de jornaleros dio paso a un ejército permanente de mano obra, que permitió a la “burguesía murciana mantener bajos salarios en relación con las medias nacionales, lo que contribuyó al éxito de los proyectos de desarrollo agrario o industrial que promovieron” (Llopis 1998:411-412). 

Ciertamente, la reconversión hacia la hortofruticultura provocó una fragmentación de la tierra sin precedentes: entre 1820 y 1922, por citar dos municipios de la vega del Segura, Abarán y Molina de Segura, el 67 por ciento de las tierras de cultivo eran inferiores a 1 hectárea. En suma, como argumentaba Llopis, “el antiguo arrendatario campesino desaparecía para dar paso a aparceros, terrajeros y colonos en mayor número y con superficies de cultivo  más reducidas” (Ibídem: 413).
La emigración fue un catalizador de problemas sociales, así como la reestructuración familiar que mal que bien tuvo que adaptarse a la nueva economía de mercado. El alumbramiento de esta sociedad pasaba inexorablemente por la inversión constante de capital para insumos, lo que provocó una dependencia crediticia que incentivó la búsqueda de salarios subsidiarios en las fábricas, cobrando un papel fundamental el trabajo de la mujer en la incipiente industria conservera en la región; e incluso la mano de obra infantil fue tónica general en la triste historia reciente. 


Mujeres trabajadoras en la manipulación de fruta en fresco. Murcia, Abarán, hacia 1960[4]

Ante las situaciones de precariedad descritas fueron surgiendo movimientos asociativos y luchas sociales protagonizadas especialmente por anarquistas y socialistas consolidando sindicatos y cristalizando avances sociales. En este sentido, asociaciones como las de los esparteros o las de los Jóvenes Agricultores, ambas pertenecientes al municipio de Cieza, irrumpían a finales del siglo XIX en estallidos de revueltas  que se extendieron por todo el valle de la vega alta del Segura. Sus reivindicaciones pasaban por el aumento salarial y el rechazo al acaparamiento de capital en un puñado de familias burguesas ciezanas y rentistas absentistas que residían en Madrid. Se daba así un acaparamiento de tierras y capital, “sin ningún tipo de redistribución social que no fuera más allá de las prácticas caritativas”. Entre 1910 y 1917 se produjeron numerosas huelgas en diversos municipios de la región, cuyas reclamaciones pasaban por el aumento salarial, así como por la reducción de la jornada laboral. El sindicalismo amarillo de la burguesía terrateniente se sumó al corporativismo católico, ambos fueron el frente estratégico de la burguesía regional ante las exigencias de las clases sociales de trabajadores fabriles y campesinos. 
Familias como los Barnuevo y Alix, Fontes, Estor, Stárico, Brugarolas, recibieron títulos nobiliarios a la par que se sumaban estratégicamente en lazos familiares a la antigua nobleza terrateniente dando con ello “una simbiosis perfecta” para controlar el imparable crecimiento de jornaleros proletarizados (Llopis 1998; Picazo 1986). Leves serán los cambios hasta la revolución social protagonizada por la clase trabajadora durante el año 1936. La reforma agraria constituyó un fenómeno de gran relevancia para una región, en palabras de Llopis, suponía acabar con “el proceso de concentración de propiedades desarrollado por la nobleza y la burguesía murcianas durante siete siglos”. Así por ejemplo, se formaron mancomunidades que ocuparon fincas de la familia Cierva dirigidas por la CNT y UGT y dieron sustento a entre 400 y 1.500 trabajadores... La guerra puso fin a estas políticas distributivas  (Llopis 1998:439-440) [5]

De esta manera, tras la guerra civil, en Murcia se consolidaba la burguesía terrateniente. Alcaldes y caciques tomaban las decisiones políticas desde las municipalidades y diputaciones provinciales. Se encargaban de velar armas por las tierras y los usos del agua, recursos recientemente recuperados bajo el telón fascista de la dictadura de Franco. Mientras, en los pueblos los terratenientes locales recuperaron simultáneamente el poder municipal y sus ricos patrimonios, convirtiéndose en un elemento necesario del engranaje político lo que no dejó de ser una continuidad de pasadas épocas caciquiles” (Llopis 1998; Nicolás Marín 1999). 
Pasado el franquismo, el desarrollismo de los sesenta dio paso a la consolidación de nuevos y viejos patrimonios al albur de la especulación urbanística y al desarrollo de la agroindustria. En otras palabras, como explicaban Andrés Pedreño y Pedro Segura, los años sesenta no suponen una ruptura, sino más bien una reproducción de nuevas y seculares tendencias: “La eventualidad como característica dominante del jornalerismo queda lejos de desaparecer, siendo legalizada por el sistema regulador con la Ordenanza Laboral del Campo de 1969. Institucionalmente quedó de esta forma garantizada la pervivencia de la eventualidad como forma de relación laboral básica en el campo (1998: 703). De estos años acá los rasgos definitorios del campo murciano mantienen unas relaciones sociales de producción precarias y eventuales, y altamente dependientes de mano de obra femenina e inmigrante.
Por concluir, el boom agroexportador puede contribuir al crecimiento económico de una fracción propietaria de los medios de producción, sin asegurar, por cierto, un crecimiento sostenido ni sostenible del resto de los sectores productivos. Ni mucho menos asegurar unas relaciones laborales justas y equilibradas. Cuando prevalece la idea obtusa de producir y exportar bajo el paradigma de la competitividad y el crecimiento económico, se ocasiona un fuerte deterioro del territorio y de las gentes que lo habitan. La sostenibilidad, tomando la definición de Enric Tello, consiste en satisfacer las necesidades de cada generación sin minar la capacidad de las generaciones sucesivas de hacer lo propio. Y sin embargo, “al tiempo que se avanza en la senda de un modelo de crecimiento económico, también crecen la pobreza y la inseguridad de generaciones futuras (Tello 2010). Paul Collier, un profesor de Oxford, sostiene que la falta de alimentos y los problemas de la pobreza tienen su solución en la agricultura comercial de gran escala, en la ingeniería genética y en el desplazamiento de la agricultura campesina “que es ineficaz porque los campesinos no actúan ni como empresarios, ni como innovadores, puesto que están demasiado ocupados en su propia alimentación” (Fontana 2010:163). La mirada prístina que hemos intentado dibujar en estas líneas, como un bosquejo inacabado, pretende sostener todo lo contrario. 

No se trata de idealizar la agricultura campesina, sino de buscar vías políticas que procuren resolver los problemas que afectan severamente a las sociedades contemporáneas. Porque ante todo, los problemas no son únicamente económicos sino también políticos. La agricultura murciana es un claro espejo donde la historia se define por el acaparamiento de la tierra en un puñado de propietarios; nobleza y burguesía formaron alianzas para mantener en suspenso cualquier atisbo reformista. Las propias reformas liberales dieron nombre a nuevos propietarios que enajenaron tierras, las fragmentaron y se procuraron la entrada de divisas por arriendos. Otros invirtieron capitales y procuraron elevar las tasas de productividad pero a base de proletarizar a la población rural. La reforma agraria, ahogada por la guerra civil, supuso un replanteamiento de la trayectoria de la historia de siete siglos atrás, como expusimos. 

La autosubsistencia procurada por la vía campesina a partir de la agricultura tradicional orgánica no debe ser percibida como una forma desequilibrada, causa y consecuencia del atraso en el desarrollo rural agrícola; como estamos exponiendo los intentos distributivos refrenados y silenciados pueden ser considerados una vía para neutralizar la abrasión medioambiental y social de la industria agroalimentaria. En ocasiones las condiciones edafológicas son determinantes en la tipología de cultivos y especialmente en las tasas de productividad. Aún así, la modernización de la agricultura de la mano de la Revolución Verde, a partir de insumos tecnológicos y químicos, así como las nuevas formas de organizar el trabajo y la producción basada en alta tecnología, etc., no están dando los resultados esperados por los defensores pioneros de la Revolución Verde, tales como Elvin Charles Stakman y otros, que justificaron en su libro Campaigns against hunger, publicado en 1967, toda la trama ideológica del programa geopolítico. 

La constatación histórica de la progresiva proletarización del agricultor y su desvinculación de los medios y recursos de producción dejan a la agricultura global reducida a un grupo de grandes multinacionales incapaces de sostener la alimentación global, porque sus motivaciones son estrictamente económicas, o dicho en otros términos se mueven por su auri sacra fames . Hilvanando la Historia se percibe este sentido trágico: si ayer los terratenientes manejaban y controlaban las tierras en beneficio propio subsumiendo a la inmensa mayoría de la población rural en la miseria, o en la subsistencia precaria, hoy las sociedades anónimas propagan los mismo efectos bajo términos políticos y  legislativos que sostienen su afán productivista.


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[1] El agotamiento de las tierras de cultivo por su sobreexplotación no es un fenómeno causado únicamente a partir de la Revolución Verde; los enclaves bananeros en Centroamérica pertenecientes a la United Fruit Company son un claro ejemplo de este proceso devastador a partir del monocultivo, en este caso de banano. Por otro lado, y tras más de una década de Revolución Verde, en 1962, por ejemplo, Rachel Carson publicaba Silent Spring, ofreciendo datos alarmantes sobre los efectos de los pesticidas sobre la producción alimentaria. .

[2] Según datos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medioambiente (MAGRAMA,2013), Murcia dedica 5.493 hectáreas a este cultivo. 

[3] Pueden consultarse dos artículos que plantean este problema desde dos perspectivas diferentes pero con unas conclusiones similares. Por un lado, el texto de Eliane Ceccon, “La revolución verde, tragedia en dos actos”, Ciencias, 91, septiembre 2008, pp.21-29; un  análisis biológico que no prescinde del la formación histórica. Y por otro lado, la interesante revisión historiográfica y análisis geopolítico de la Revolución Verde, que aunque centrado en Costa Rica dibuja un panorama internacional del fenómeno desde el punto de vista político y económico. Wilson Picado, “En busca de la genética guerrera. Segunda Guerra Mundial, cooperación agrícola y Revolución Verde en la agricultura de Costa Rica”, Historia Agraria, 56, abril 2012, pp. 107-134.. 

[4] Tomado de “Abarán. Imagen y recuerdo, Tomo I, Ayuntamiento de Abarán, 2006.

[5] Ricardo Robledo reivindicaba, no tanto el “papel estelar” del que gozó la reforma agraria, sino la consideración de un análisis crítico que contemple el desarrollo económico “valorando más positivamente las consecuencias de reformas distributivas que no pueden medirse únicamente por aumentos de la productividad en el corto plazo”. Robledo, R., “Nuevas y viejas cuestiones en la historia agraria española”, Ayer, 47 2002, pp.262-275.. 

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Referencias bibliográfícas

Alburquerque, Francisco (2003) “Teoría y práctica del enfoque del desarrollo local”, CSIC, Madrid.

Carreras Ares, Juan José (2000), Razón de historia: estudios de historiografía, Marcial Pons. Ediciones de Historia, Madrid.

Ceccon, Eliane (2008), “La revolución verde, tragedia en dos actos”, Ciencias, 91, septiembre, pp.21-29.

Fontana, Josep (2010), La crisis de 2006-2008. Unas reflexiones desde la perspectiva de la historia agraria, en Garrabou, R. Sombras del progreso. Las huellas de la historia agraria, Crítica, Barcelona, pp.151-168.

Nicolás Marín,  María Encarna (1999), “Los poderes locales y la consolidación de la dictadura franquista”, Ayer, 33, pp. 65-86.

Pedreño, Andrés y Segura Artero, Pedro (1998), “Viejas y nuevas formas de conflictividad jornalera en el campo murciano”, en Castillo, Santiago y José María Ortiz (coord..), Estado, protesta y movimientos sociales, Asociación de Historia Social, Universidad del País Vasco, pp. 697-709.

Pérez Picazo, María Teresa (1986), Oligarquía urbana y campesinado en Murcia, 1875-1902, Academia Alfonso X El Sabio, Murcia.

Picado, Wilson (2012), “En busca de la genética guerrera. Segunda Guerra Mundial, cooperación agrícola y Revolución Verde en la agricultura de Costa Rica”, en Revista Historia Agraria, número56, pp. 107-134.

Robledo, Robledo (2002) “Nuevas y viejas cuestiones en la historia agraria española”, Ayer, 47, pp.262-275.

Rodríguez Llopis, Miguel (1998),  Historia de la Región de Murcia, Editora Regional de Murcia.

Tello, Enric (2010), Un vínculo perdido: Energía y uso del territorio en la transformación histórica de los paisajes agrarios mediterráneos, pp. 353-382, en Garrabou, Ramón , Sombras del progreso. Las huellas de la historia agraria, Crítica, Barcelona.



jueves, 12 de septiembre de 2013

IMPORTANTE LIBRO SOBRE MUJERES MIGRANTES EN ESTADOS UNIDOS Y ESPAÑA COORDINADO POR MARTHA JUDITH SÁNCHEZ GÓMEZ E INMACULADA SERRA YOLDI (UNAM, 2013), CON CONTRIBUCIONES SOBRE LAS MUJERES MIGRANTES JORNALERAS DE LA GLOBALIZACIÓN AGROALIMENTARIA


Acaba de editarse una importante contribución al fenómeno de la feminización de las migraciones: Ellas se van. Mujeres Emigrantes en EEUU y España, bajo la coordinación de Martha Judith Sánchez e Inmaculada Serra (Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM-México, 2013). En la Introducción, las coordinadoras del volumen centran el objeto de la voluminosa obra:


“Mirjana Morokvasic, pionera en el estudio sobre las migraciones femeninas, señala que los estudios sobre las mujeres y la migración han sido tradicionalmente relegados del cono¬cimiento científico. Esto ha llevado a la continua justificación del objeto de estudio con argumentos tan diversos como la novedad del tema, los vacíos que presenta, sacar a las mujeres de la “sombra”, así como el incremento de las mujeres en los flujos migratorios. La autora señala que en realidad estamos ante un campo de estudio “dominado”, un objeto poco reconocido científicamente, ya que reúne dos dimensiones: mujeres y migración. Como señala Abdel¬malek Sayad, esas dimensiones se ubican en una rama del saber que se considera una ciencia pobre, y “sobre los pobres no se produce conocimiento” (Morokvasic, 2008: 33). Sin embargo, más allá de la necesidad de reposicionar la importancia de los estudios sobre la migración femenina o continuar permanentemente justificando su realización, nos encontramos en un escenario donde quizá lo más importante sea pensar el fenómeno desde otros ángulos, dado el nuevo contexto donde se desarrolla. En otras palabras, los estudios sobre mujeres y migración resultan centrales para entender cómo está repercutiendo la globalización sobre ciertos sujetos y sus actividades” (p. 15). 

Una treintena de investigadores e investigadoras de ambos lados del Atlántico abordan en 23 artículos (más la Introducción y la Reflexión Final de las coordinadoras) y casi mil páginas, la multidimensionalidad del fenómeno de las mujeres en las migraciones transnacionales. Sobre la cuestión específica de las mujeres migrantes en el jornalerismo agrario se encuentran las siguientes contribuciones (dos de ellas de investigadores e investigadoras del proyecto ENCLAVES): 

1ª) Jornaleras de la globalización en el campo murciano, Andrés Pedreño Cánovas, María Elena Gadea y Antonio Agustín García 
2ª) Feminización de la inmigración y el trabajo en la agricultura de exportación: el caso del monocultivo de la fresa en Andalucía, Alicia Reigada Olaizola 
3ª) Trabajo transnacional y dinámicas familiares de las mujeres migrantes mexicanas de las visas H-2 para trabajadores temporales en Estados Unidos, Ofelia Becerril Quintana

El link de la página del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM-México en donde puede encontrarse el libro en formato electrónico es el siguiente: