![]() |
| Finca de producción de uva de mesa en Cieza
(Región de Murcia): una fábrica racional de producción vegetal.
1.
Sobre
la solución exportadora y la “devaluación interna”:
En
plena crisis de endedudamiento de los países del Sur de Europa, y con el
desempleo de masas abriendo una inmensa fractura social, son muchos los
analistas que consideran como salida a esta dramática situación la apuesta por
un modelo exportador de desarrollo económico. La endeble competitividad de las
economías periféricas europeas como la española, tal y como se argumentará
desde la ortodoxia económica, se debe a los elevados costes laborales y la baja
productividad del trabajo, por lo que, según este razonamiento, se requieren
políticas de contención salarial y de austeridad del gasto público que
desincentiven la demanda doméstica y por ende estimulen las exportaciones que
dinamizarán de nuevo el tejido productivo y por tanto el empleo. Dado que el
precio de los productos no se puede bajar por la vía de la devaluación
monetaria (al carecer de control sobre la moneda dada la estructura del euro y
del Banco Central europeo), la “devaluación doméstica” (es decir, la contención
del gasto público y la bajada de salarios) es presentada como un nuevo consenso
en los círculos económicos y políticos para salir de la crisis[i].
La
investigación que realizamos sobre el sector agroexportador levantado en las
regiones mediterráneas españolas nos permite plantear la reflexión sobre la
validez social del modelo exportador y de la “devaluación doméstica” como
soluciones a la situación de recesión que vive en estos momentos el Sur de
Europa, y concretamente España. Por ejemplo, si observamos el complejo
agroalimentario que ha conocido en la Región de Murcia un enorme desarrollo a
lo largo de todo el siglo XX, comprobamos el proceso de extraversión
experimentado a partir de la década de los 80 en los dos subsectores con mayor
presencia en la Región de Murcia. Por un lado, la industria de conserva vegetal
(de frutas y hortalizas), que tras el proceso de crisis experimentado a fines
de los años 70, con cierre de numerosas empresas, solamente consiguieron
superar tal recesión aquellas que impulsaron estrategias de
internacionalización, bien estableciendo alianzas con el capital transnacional,
bien siendo absorbidas por el mismo. Por otro lado, en la pujante agricultura
de producción de hortalizas y frutas en fresco fue adquiriendo protagonismo la
fase de confección del producto agrícola para su conversión en producto
alimentario (realizada en los denominados “almacenes de manipulado”);
transformación productiva que está estrechamente vinculada a la tendencia
exportadora cada vez más presente en este subsector alimentario como estrategia
de inculcación de mayor valor al producto agrícola, especialmente a partir de
la entrada de España en la Comunidad Económica Europea (1986) y la constitución
del Mercado Único Europeo (1993).
No
es nuestro objetivo realizar una
evaluación de las políticas de devaluación interna como
estrategia de salida de la crisis, como tampoco vamos
a entrar en una discusión
acerca de la naturaleza política y económica de la crisis actual. Lo que
queremos rescatar de ese debate sobre las políticas de devaluación interna es que propagan una
estrategia de competitividad
basada en las exportaciones, en la reducción de salarios y
de costes laborales y, sobre todo, en un severo
disciplinamiento de la población
contribuyendo a construir una mano de obra vulnerable y segmentada
sexual y étnicamente. Todas estas características,
vamos a sostener, están en la base del desarrollo del sector agroexportador de
la Región de Murcia desde hace décadas.
En
última instancia, la sostenibilidad en el tiempo del tipo de sociedad y de
economía implícito en el sector agroexportador es muy cuestionable. Pensamos
que abordar estas cuestiones puede ser interesante para pensar críticamente
sobre qué quiere decirse cuando se presenta al modelo exportador de la economía
como salida a la crisis.
2.
Sobre
el desempleo de masas:
El
nuevo consenso de la “devaluación doméstica” suele pensar la solución del
desempleo liderada por el sector privado de la economía. Por ello, la función
del sector público debe reducirse a propiciar las condiciones que estimulen el
crecimiento del sector privado (bajar los impuestos, reducir los intereses
bancarios) y por tanto la creación de empleo. Sin embargo, desde Marx a
Kalecki, pasando por Keynes, sabemos que el desempleo o el pleno empleo es una
cuestión eminentemente política. El que “en unos países haya más desempleo que
en otros” (G. Therborn) depende del modelo de relaciones sociales, del modelo
de desarrollo y, en definitiva, del tipo de políticas que han constituido un
determinado territorio.
De
nuevo el estudio del sector agroexportador arroja luz sobre esta controversia.
Nuestro argumento es el siguiente: el tipo de relaciones sociales movilizado en
la economía agroexportador para abaratar los costes laborales se ha sostenido
sobre las desigualdades de género, etnia y ciudadanía, las cuales han
posibilitado la creación y recreación constante en el tiempo (pero con perfiles
diferenciados de composición social de la fuerza de trabajo) de un ejército de mano de obra en la reserva
como requisito indispensable para disciplinar la relación salarial y para
adaptar la organización social del trabajo a las discontinuidades temporales de
un tipo de producción (como la alimentaria) que por mucho que haya avanzado en
su industrialización sigue teniendo una composición biológica determinante y
por tanto, una dependencia de los ritmos y temporalidades de la naturaleza. En
las páginas que dedica Marx en El Capital a las cuadrillas agrícolas
proletarizadas en la campiña británica podemos leer: “… el campo, pese a su
constante “sobrepoblación relativa”, está a la vez subpoblado. Esto no sólo
puede verse con carácter local en puntos donde la afluencia humana hacia las
ciudades, minas, ferrocarriles en construcción, etc., se produce con demasiada
rapidez, sino en todas partes, tanto durante la cosecha como en primavera o
verano, en los muchos momentos en que la agricultura inglesa –muy esmerada e
intensiva- requiere brazos extraordinarios. Siempre hay demasiados obreros
agrícolas para las necesidades medias de la agricultura y demasiado pocos para
las necesidades excepcionales o temporarias de la misma. De ahí que en los
documentos oficiales se registren las quejas más contradictorias, procedentes
de la misma localidad, respecto a la falta de trabajo y al exceso de trabajo;
todo al mismo tiempo”[ii]. En
esta cita de Marx se está incidiendo en una dinámica de funcionamiento
estructural del sector agroalimentario que fundamenta su producción sobre el
trabajo asalariado. Esa alternancia entre los momentos de escasez de mano de
obra y de exceso de mano de obra determina una particular gestión del trabajo
en las relaciones de producción que requiere de un ejército de reserva de mano
de obra.
Este
ejército de mano de obra disponible es una construcción política derivada de
una determinada opción específica de desarrollo del capitalismo de la periferia
europea (promovida históricamente por sus élites económicas y políticas). Esto
explica que la eventualidad en las relaciones de trabajo haya sido un hecho
constitutivo de los ciclos expansivos de las economías del Sur de Europa (en la
Región de Murcia, por empleo, la tasa de eventualidad no descendió por debajo
del 40% de la población ocupada en el periodo expansivo entre 1995 y 2005) y
que en los ciclos recesivos (como el actual) en estas regiones de secular
arraigo de las relaciones eventuales de empleo, el desempleo crezca muy
rápidamente hasta alcanzar cifras dramáticas[iii].
En
este contexto, efectivamente, plantean los antropólogos Gavin Smith y Susana
Narotzky en un estudio sobre la economía política regional de una comarca del
sureste español[iv],
“la invención de situaciones de crisis y la estimulación de la inseguridad general
se convirtieron en medios elementales de regulación social” (p. 23), y así
mismo, las densas y extensas redes paternalistas e interpersonales hicieron de
la reciprocidad un factor de regulación: “A lo largo del tiempo, los derechos
laborales, que se extendían hacia fuera desde la familia inmediata a la familia
ampliada, los vecinos, los miembros de la comunidad, etc., se convirtieron en
un componente institucionalizado de la vida diaria. Además, estos complejos
conjuntos de vínculos también sirvieron para compensar la inestabilidad
regional producida en parte por el clima impredecible y en parte por los ciclos
comerciales, pero sobre todo por el carácter cambiante de las propias empresas”
(p. 22).
Sin ramblas, sin montes y sin vegetación:
fabricando el territorio para los cultivos de fruta y uva de mesa en el campo
de Cieza (Región de Murcia).
3.
Sobre
la construcción de alternativas:
La
especialización de territorios en la producción agroexportadora intensiva
conlleva intensísimos procesos de racionalización según una lógica de cálculo
económico precisa y regular implícita en la implementación de un determinado
sistema sociotécnico. En la Región de Murcia, por ejemplo, la reconversión
varietal que está teniendo lugar en la última década hacia las exitosas
variedades de la uva de mesa sin piñones es al mismo tiempo una reconversión
social sobre la base de un progresivo proceso de concentración/centralización
de capital. Este proceso no siendo realmente novedoso, sin embargo, se ha
acelerado notablemente en las zonas del frutal de hueso y de la uva de mesa con
la entrada de nuevas variedades. De tal forma que la gran empresa se erige como
actor productivo prácticamente en exclusiva del territorio, lo que conlleva un
empobrecimiento en términos de pérdida de la diversidad socioproductiva. Esto
supone una limitación de las opciones de desarrollo. Por ejemplo, la estrategia
que se está poniendo en marcha en Andalucía de apuesta por la pequeña
producción agrícola orientada hacia el mercado local y el alimento de calidad[v],
seguramente es inviable en aquellos territorios como los estudiados en ENCLAVES
debido a la pérdida de sociodiversidad productiva derivada de la instauración
de una determinada norma racional de
competividad.
[i] Para una presentación de este
“nuevo consenso”, véase los artículos periodísticos del Catedrático de Economía
de la Universidad de Barcelona en el diario especializado Cinco Días (http://www.cincodias.com/columna/Josep-Oliver-Alonso/62/).
Para una argumentación crítica del “nuevo consenso”, véase los textos del
también Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, el profesor Vicenç
Navarro (http://www.vnavarro.org/).
[ii] En K. Marx, El Capital, Siglo XXI Editores de
España, Madrid, 1980/e.o. 1867, pp. 867-868.
[iii] Según Eurostat, las regiones
españolas de Canarias, Andalucía, Ceuta, Melilla, Murcia, Comunidad Valenciana,
Extremadura y Castilla La Mancha, y los departamentos franceses de ultramar de
Reunión, Guadalupe, Guayana y Martinica registraron en 2010 los mayores niveles
de desempleo de toda la UE. En concreto, el departamento francés de ultramar de
Reunión registró la mayor tasa de paro, con un 28,9%, seguido de las regiones
españolas de Canarias (28,7%), Andalucía (28%) y Ceuta (24,1%), mientras que
Melilla (23,7%), Murcia (23,4%), Comunidad Valenciana (23,3%) y Extremadura
(23%) ocuparon de la sexta a la novena posición, y Castilla La Mancha (21%)
compartió el décimo lugar con las francesas Guayana y Martinica.
[iv] Narotzky y Smith (2010): Luchas inmediatas. Gente, poder y espacio en
la España rural, Publicaciones Universitat de Valencia.
[v] Según podemos
leer en las Crónicas andaluzas publicadas en Rebelión por Manuel Rodríguez
Guillen: “el Consejero de Turismo y Comercio, Rafael Rodríguez, ha puesto en
marcha un Canal Público de Comercialización de los Productos Agrarios
Andaluces. Esta iniciativa, que apuesta de manera clara y nítida por la
economía productiva en Andalucía, evitará la concentración progresiva de las
tierras ya que los pequeños campesinos obtendrán precios justos por sus
productos. “Luchamos contra el dumping comercial de las grandes multinacionales
de la alimentación que colocan productos extranjeros a precio de risa en
nuestra tierra con el objetivo de acabar con nuestra agricultura y tener luego
vía libre para monopolizar el sector” declaró el Consejero que apostó por una
campaña en Canal Sur de concienciación para que la gente comprenda que la soberanía
alimentaria es hoy por hoy una medida capaz de sacar a Andalucía del
desierto industrial a la que está sometida.
“Apostamos con esta medida y con otras similares por el desarrollo de Andalucía y desde luego no vamos a permanecer impasibles viendo el sufrimiento de la gente, si en Andalucía no hay empresarios que arriesguen en la industria agroalimentaria seremos nosotros desde la Junta de Andalucía los que impulsemos con empresas públicas y mixtas la agroindustria y la industria de la ganadería y la pesca que hoy por hoy puede crear miles de puestos de trabajo a muy corto plazo solamente para atender el comercio interior andaluz”. “No necesitamos exportar para impulsar la agroindustria ya que somos casi nueve millones de personas las que actualmente nos alimentamos de productos que en su mayor parte no se cultivan ni se transforman en Andalucía y es la base de un mercado que mueve más de nueve mil millones de euros al año” ha asegurado el consejero”(en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=165423). |
Este blog es el medio de expresión del proyecto I+D+i CSO2011-28511 que investiga las consecuencias sociales que las nuevas formas de producción agrícola intensiva generan en las áreas rurales, analizando estos nuevos enclaves productivos y sus problemas de sostenibilidad social distintos de los que tradicionalmente han afectado a los espacios rurales. Observaremos estas tendencias en distintos enclaves a escala global: Murcia, Alicante, Almería y México
lunes, 25 de marzo de 2013
¿QUÉ PUEDE DECIR UNA INVESTIGACIÓN SOBRE LA SOSTENIBILIDAD SOCIAL DE LOS ENCLAVES DE AGRICULTURA INTENSIVA DE LA ACTUAL CRISIS DE LAS REGIONES DEL SUR DE EUROPA?
lunes, 4 de marzo de 2013
DIARIO DE CAMPO REGIÓN DE MURCIA (1). VISITA ETNOGRÁFICA A ABARÁN: DE TERTULIA CASUAL EN EL BAR “EL CONGRESO” O DE CÓMO LA REALIZACIÓN DE ENTREVISTAS ES UN PROCESO SOCIAL
Alvin W. Gouldner y Maurice R.
Stein (1954) en sus “procedimientos en el trabajo de campo” en su conocida
investigación sobre la empresa minera que sustenta empíricamente el libro sobre
los modelos de la burocracia industrial (véase traducción en revista Sociología
del Trabajo, nº 71, 2010) escriben algo que empezamos a suscribir plenamente en
nuestro trabajo de campo entre las mujeres de los almacenes agrícolas de
Abarán: “En todo momento fuimos conscientes de que conseguir entrevistados era
un proceso social, que tenía lugar en un marco social que podía perjudicarnos o
ayudarnos” (p. 152). En esta nota del Diario de Campo se van explicitando las
condiciones sociales de posibilidad de las entrevistas de nuestro trabajo de
campo que conviene tener presentes reflexivamente…
“Buenas tardes” –dice Toni
mientras sube al coche. “Qué calor, ¿no?” –responde Elena a modo de saludo. Son
las cuatro de la tarde y, a pesar de estar a finales de enero, el termómetro
marca 27 grados. Nos dirigimos a Abarán, donde tenemos previsto encontrarnos
con Pura[1],
la que será nuestra primera trabajadora de almacén entrevistada. La campaña de
uva de mesa terminó en Navidad y solamente en estas fechas post-trabajo
disponen estas mujeres de tiempo para atendernos. Pura está a punto de cumplir
sesenta años y nos interesa hablar con ella porque lleva toda la vida trabajando
en la agricultura, principalmente en un almacén de manipulado, lo que la
convierte en una informante atrayente con la que aprender sobre los cambios en
los procesos productivos, en la organización del trabajo, en las condiciones
laborales, en las estrategias familiares...
Durante la media de hora de
camino en coche, hablamos sobre el modo de enfocar la entrevista y acordamos
hacerla de una manera muy abierta, porque probablemente Pura sea una buena
candidata para un relato de vida y nos interesa tener ahora una panorámica
general de su trayectoria laboral. También comentamos que, en nuestras
conversaciones para concertar la entrevista, Pura siempre se ha mostrado muy
dispuesta, no así su marido que parece desconfiar de nosotros… pero es sólo una
impresión. Cuando llegamos a Abarán tenemos ciertas dificultades para encontrar
la dirección a la que nos dirigimos, debido en parte a nuestro desconocimiento
del municipio y, en parte, a la compleja trama urbana del pueblo, que parece
haber crecido de manera anárquica.
Pidiendo orientación a los pocos
vecinos que encontramos por la calle y con el GPS del teléfono móvil en la mano
debemos resultar, cuando menos, una pareja peculiar. Por fin conseguimos llegar
a la calle que buscamos y, tras aparcar el coche, llamamos por teléfono a
nuestra informante, ya que no nos ha facilitado el número exacto de su
vivienda.
-
Hola, buenas tardes, ¿Pura? – pregunto a su
marido, que es quién contesta al teléfono.
-
No está, se ha ido a la peluquería con la nieta.
-
Es que… había quedado con ella – repongo con voz
lastimosa.
-
Pues se habrá olvidado de que había quedado con
usted, vuelva a llamar dentro de dos horas a ver si ha vuelto, adiós.
Primer plantón del trabajo de
campo (y primer aprendizaje sobre las condiciones sociales de posibilidad del
trabajo de campo): la sensación de que el marido de Pura no quiere que hable
con nosotros. Reflexionamos sobre cómo en un pueblo donde todo gira en torno al
almacén (no a los almacenes, sino a “el almacén”), es muy probable que
encontremos reticencias por parte de los trabajadores a la hora de hablar con
alguien que viene de fuera, de la Universidad, para preguntar por unas
condiciones laborales que ellos saben plagadas de irregularidades. De hecho, en
una de las conversaciones con Pura para concertar la entrevista ella me comenta
“treinta años llevo en el almacén, lo mejor que me ha pasado en la vida”…
parece querer fijar, con esta frase, los límites del discurso.
Decidimos buscar el bar donde
hemos quedado para hacer entrevistas dos días más tarde. Al llegar nos sentamos en la terraza, techada
con una lona de plástico, en la que hay seis mesas ocupadas principalmente por gente
joven, algunas por estudiantes que discuten sobre sus exámenes de alguna carrera
relacionada con la economía. Mientras tomamos un café, haciendo tiempo para
volver a llamar a Pura, llegan a la terraza un grupo de mujeres, todas ellas con
una carpeta amarilla bajo el brazo.
Cuando ya nos disponíamos a
marcharnos, nuestras vecinas sostienen una conversación sobre sus trabajos en
los almacenes agrícolas, sobre quién ha trabajado más, sobre quién lo necesita
más… Salvando la sensación de apuro, y dispuestos a no perder por completo la
tarde, nos acercamos a la mesa. Les pedimos disculpas por interrumpirlas, por
haber escuchado su conversación sin querer y les comentamos que somos investigadores
de la Universidad de Murcia y que, precisamente, estamos estudiando sobre el
trabajo agrícola en la zona. Se hace un silencio, las mujeres intercambian
miradas rápidas entre sí. Le entregamos una tarjeta de visita a la más cercana
a nosotros, la más locuaz, que coge la tarjeta y nos mira de arriba abajo, con
una media sonrisa difícil de interpretar. “¿En el trabajo? –habla al fin– hemos
retrocedido 30 años”. Ante tan contundente afirmación les preguntamos por qué aseguran
que sus condiciones de trabajo han empeorado tanto. Tras unos minutos de breves
comentarios, nos invitan a sentarnos y estamos hablando con ellas durante unos
45 minutos.
Las cinco mujeres reunidas rondan
la cincuentena, las dos sentadas más cerca de nosotros son las más dispuestas a
hablar, a veces en una sola conversación,
pero la mayor parte del tiempo en varias conversaciones que se
solapaban, las otras tres mujeres fuman sin parar, interviniendo muy de vez en
cuando. Nos cuentan que son trabajadoras de almacén, que han terminado la
campaña de la uva en Navidad y que ahora están haciendo un curso de formación
en una academia cercana porque “cuando no
estamos trabajando nos formamos”. Eso es desde enero a finales de abril o
comienzos de mayo, cuando no hay trabajo en la fruta ni en la uva. Están haciendo un curso de ocio y tiempo libre
para personas mayores, “así podré
entretener a mi madre”, nos dice con cierta ironía una de las mujeres, que más
tarde nos comenta que está cuidando de su madre, a la que han reconocido una
ayuda por dependencia… inevitable pensar en Mingione y en la importancia que
tienen las prestaciones públicas en la “agrupación de ingresos” de los hogares
y, por tanto, en sus estrategias de supervivencia, sobre todo cuando los
salarios no llegan todos los meses.
En relación al trabajo, aseguran
que ahora hay menos porque han cerrado muchos almacenes y cooperativas, hacen
un repaso de ellos, enumerándolos, hasta concluir que serían alrededor de unos
veinte. Se trata de un dato importante, que habrá que contrastar en la investigación
y que podría estar indicando un proceso de concentración y centralización de
capital en las empresas más potentes del sector. Respecto a las condiciones de
trabajo, nos dicen que han empeorado, que han perdido derechos, que ahora las
han cambiado al régimen especial agrario y que se tienen que “pagar el sello”.
Esta última información no coincide con lo que nosotros conocemos de la actual
legislación. “¿Pero en Frutas Esther?” –preguntamos para saber si hablan de una
empresa o de una cooperativa. La mujer se tensa, mira a izquierda y derecha
para ver quién puede estar escuchándola y baja la voz: “sí, en Frutas
Esther”.
Las mujeres se quejan de la
competencia que suponen para ellas tanto las trabajadoras inmigrantes como “las
viejas”. Entramos aquí en un discurso con el que las mujeres fijan su posición,
y sus avales, aludiendo a la cualificación laboral y el rendimiento en el
trabajo, pero que moviliza, en última instancia, diferenciaciones étnicas y de
edad.
Frente a las trabajadores
migrantes, nos plantean, ellas realizan el trabajo con más calidad y más rápido, son más cuidadosas a
la hora de limpiar la uva y de colocarla en las cajitas. Limpieza y primor en
un trabajo que conocen bien porque lo han hecho toda su vida. Un discurso de
virtudes femeninas y cualificaciones tácitas, como nos recuerda Susana Narotzky
al hablar del trabajo como ayuda, pero que ahora adopta el lenguaje del
reconocimiento profesional: el trabajo en el almacén no es para ellas un
trabajo que pueda hacer cualquiera, ni que se pueda hacer de cualquier manera y,
en consecuencia, debería tener una remuneración acorde con sus habilidades.
Como las trabajadoras migrantes no poseen esas cualidades, nos dicen, reducen
sus salarios para poder competir en el trabajo, una competencia que ellas
entienden como desleal y que degrada las condiciones de trabajo y el estatus de
todas. Recordando algunas reflexiones recientes sobre la acción sindical en el
sistema agroalimentario, podríamos plantear que este discurso representa una
demanda de reconocimiento de las cualificaciones laborales como forma de
contener las estrategias empresariales de movilización de un ejército de
reserva que, en este territorio, tiene rostro no sólo femenino, sino también
extranjero.
Frente a las trabajadoras
“viejas”, argumentan, ellas pueden mantener
un ritmo de trabajo superior con la misma calidad. “Las viejas” son las mujeres
que llevan más tiempo trabajando en el almacén, las primeras en ser llamadas y
las últimas en abandonar el almacén, las que trabajan más días de campaña,
porque son fijas-discontinuas; en un
trabajo estacional como el del manipulado de la fruta fresca, trabajar más o
menos días no es una cuestión banal.
En estas apreciaciones se
evidencian estrategias weberianas de cierre social (respecto a las trabajadoras
inmigrantes) y de usurpación social (respecto a los “privilegios” que ostentan
“las viejas” por su mayor antigüedad en la empresa) construidas sobre la movilización
de diferenciaciones de edad, pertenencia etno-nacional y cualificaciones
productivas.
Al volver sobre la degradación de
las condiciones de trabajo, sobre todo con la crisis económica que ha puesto a
la orden del día el “lo tomas o lo dejas” y el “es lo que hay”, nuestras
interlocutoras nos hablan de su participación en las importantes luchas y
huelgas de finales de los 80 y comienzos de los 90, en las que consiguieron
mejorar sus salarios, sus condiciones de trabajo, el reconocimiento de las horas
extras, la contratación como “fijo discontinuo” etc. Una de ellas, que fue subdelegada
de UGT, nos relataba cómo reclamó recientemente los atrasos que le debía la
empresa acompañada de un enlace sindical.
Para completar este puzle
deslavazado nos dibujan, a grandes trazos, sus mapas familiares: madres y
padres que cuidar, hijos que no tienen trabajo con 26 y 28 años y que permanecen
en el hogar paterno, sin posibilidades de emanciparse. Una de ellas, con una
hija en la universidad cursando un master, nos pregunta “¿tiene mi hija que dejar de estudiar ahora porque a mí no me den
trabajo ahora?”. Estrategias de movilidad social truncadas por la crisis,
pero también por un territorio que no parece ofrecer más opciones laborales que
las del almacén.
Sus maridos no ganan más de 1000
euros. Algunos trabajan como escardadores en competencia de nuevo con migrantes
que, afirman, cobran menos y hacen peor el trabajo. Otros se ocuparon en la
construcción, pero desde el comienzo de la crisis de 2008, andan combinando trabajos
para obtener una renta mensual decente. En los años de bonanza, incluso algunas
de ellas abandonaron el trabajo en el almacén para trabajar en otros sectores o
para dedicarse al trabajo doméstico, estrategias que implicaron renunciar a la
antigüedad en el trabajo agrícola y que ahora las colocan en una posición menos
favorable en su retorno al sector.
Ante un grupo de mujeres tan
interesante, con un conocimiento y experiencias tan importantes de la realidad
laboral y social del almacén de manipulado, intentamos establecer una forma de mantener
el contacto para futuras entrevistas, en las que profundizar en los temas que, de
una forma un tanto caótica, habíamos estado abordando. De nuevo las miradas
rápidas, los silencios, la reticencia a darnos sus números de teléfono; de
nuevo nuestra explicación de quiénes somos, de qué buscamos… “Lo que nos digáis es confidencial, nosotros
garantizamos el anonimato” –explicamos en un último intento desesperado por
conseguir sus contactos. “Claro, es que si no te puedes meter en un lío” –dice
la mujer que cuida de su madre. “Ya os llamamos nosotras” –dice la que cogió la
tarjeta, guardándola en su bolso y zanjando así el asunto. Sólo una de ellas
accede a facilitarnos su teléfono.
Satisfechos por el giro que ha
tomado nuestra visita a Abarán regresamos al coche y llamamos de nuevo a Pura.
“Todavía no ha vuelto de la peluquería”, nos dice el marido y cuelga el
teléfono. Estamos en su calle pero no sabemos cuál es la casa, bromeamos con
que el hombre está escondido detrás de unos visillos, espiando nuestros
movimientos… bromeamos, pero la sensación es ésa. En el viaje de vuelta a
Murcia comentamos lo interesante del encuentro y coincidimos, de nuevo, en las
reticencias, incluso miedo latente, que se respiraba en algunos momentos de la
conversación. Una de las mujeres nos había preguntado “¿Una entrevista dónde?,
¿en mi casa?, ¿en el bar?”… no nos conocen, no se fían de llevarnos a sus
casas… pero tampoco quieren hablar de estas cuestiones en un sitio público,
expuestas a oídos y miradas en un pueblo donde todos se conocen. Quizá
deberíamos buscar un lugar donde ellas se sientan más cómodas, un espacio en el
centro social, en alguna dependencia del ayuntamiento… habrá que pensarlo, no
hay espacios neutros. La tarde nos ha enseñado que no será fácil ganarse la
confianza de estas mujeres, hacerles hablar, pero seguro que será una tarea interesante.
[1] Los nombres de las personas contactadas o
entrevistadas son ficticios, con el fin de garantizar su anonimato.
martes, 12 de febrero de 2013
3º SEMINARIO PERMANENTE DE INVESTIGACIÓN SOBRE MIGRACIÓN "Impacto de los programas de trabajadores temporales en el mercado de trabajo global"
Desde
el pasado 5 de Febrero, y hasta el próximo 4 de Diciembre de 2013, está en marcha
el 3º Seminario Permanente de Investigación sobre Migración organizado por la
Universidad Nacional Autónoma de México, en colaboración con las Universidades
de Valencia, Montreal y Murcia (Proyecto ENCLAVES).
Durante 10 sesiones englobadas bajo el título en la temática central "Impacto de los programas de trabajadores en el mercado de trabajo global" distintos investigadores sociales abordarán diferentes realidades y problemáticas de gran interés para las ciencias sociales en general y la sociología rural, de la agricultura y las migraciones en particular.
Este seminario está coordinado por algunos compañeros investigadores del proyecto ENCLAVES como Sara Mª Lara Flores, Andrés Pedreño y Mª Elena Gadea, que presentarán los avances de nuestra investigación en la sesión concertada para el 10 de Octubre con el título "Sostenibilidad social en zonas de uva de mesa".
Todas las sesiones serán trasmitidas por webcast en el siguiente enlace:
Desde este blog os animamos a participar en el seminario, para lo cual adjuntamos el programa:
martes, 29 de enero de 2013
LLAMAMIENTO DE PRESENTACIÓN DE COMUNICACIONES AL PRÓXIMO CONGRESO EUROPEO DE SOCIOLOGÍA RURAL. FLORENCIA, 29 de Julio – 1 de agosto
Acaba de abrirse el "call for papers" para el próximo Congreso Europeo de Sociología Rural que se celebrará a finales de julio en Florencia (Italia).
La crisis y sus efectos sobre las áreas rurales
constituyen una de las preocupaciones del Congreso. El Grupo de Trabajo 15,
coordinado por Luis Camarero (UNED) se centrará en el análisis de los efectos
de la crisis sobre las sociedades rurales.
miércoles, 16 de enero de 2013
RESEÑA EN LA REVISTA SOCIOLOGÍA HISTÓRICA (SH) DEL LIBRO DE JAN VAN DER PLOEG (2010) “NUEVOS CAMPESINOS. CAMPESINOS E IMPERIOS ALIMENTARIOS”, POR ANTONIO J. RAMÍREZ MELGAREJO
El investigador de ENCLAVES, Antonio J. Ramírez, ha realizado una extensa y detallada recensión del libro de Jan van
der Ploeg: “Nuevos campesinos. Campesinos e Imperios Alimentarios” (Icaria,
2010) en el primer número de la nueva revista Sociología Histórica (SH):
Sociología
Histórica (SH) es una nueva publicación que como puede leerse en la
Presentación de su primer número, “pretende
abrir camino al campo de los estudios en sociología histórica y comparada, una
publicación que atiende específicamente a la dimensión histórica de los fenómenos
sociales. Más que una revista de sociología histórica en cuanto revista
especializada en una subdisciplina o un campo específico dentro de la
sociología, SH pretende ser una publicación que entiende la sociología
principalmente como ciencia que se preocupa de manera prioritaria por los
procesos de cambio social, es decir, que tiene una dimensión temporal
fundamental. Plantea no tanto una especialización como una redefinición; un énfasis
en la vocación histórica que se concreta en la comprensión procesual de la
realidad social y que fundamenta teóricamente el pensamiento sociológico desde
su nacimiento”.
Es una revista promovida
desde el Departamento de Sociología y Trabajo Social de la Universidad de
Murcia en la que están implicados bastantes investigadores del Proyecto
ENCLAVES. El primer número contiene una carpeta monográfica dedicada a la
“Primavera Árabe”. Puede consultarse en el siguiente link:
domingo, 23 de diciembre de 2012
MONOGRÁFICO “LA GRAN RESTAURACIÓN: SOCIOLOGÍA ECONÓMICA DE LA CRISIS GLOBAL Y ACTUALIDAD DE LA CRÍTICA AL LIBERALISMO ECONÓMICO DE KARL POLANYI”, EN LA REVISTA INTERNACIONAL DE CIENCIAS SOCIALES “ÁREAS” (2012, nº 31) COORDINADO POR LOS INVESTIGADORES CARLOS DE CASTRO Y ANDRÉS PEDREÑO EN EL MARCO DEL PROYECTO DE INVESTIGACIÓN ENCLAVES
“El concepto de
mercancía constituye el mecanismo del mercado que permite articular los
diferentes elementos de la vida industrial … El punto fundamental es el
siguiente: trabajo, tierra y dinero son componentes esenciales de la industria;
dichos componentes deben de estar también organizados en mercados; estos
mercados forman en realidad una parte absolutamente fundamental del sistema
económico. Es evidente, no obstante, que trabajo, tierra y dinero no son
mercancías, en el sentido de que, en lo que a estos tres elementos se refiere,
el postulado según el cual todo lo que se compra y vende debe de haber sido
producido para la venta, es manifiestamente falso. … Esta ficción, sin embargo,
permite organizar en la realidad los mercados de trabajo, de tierra y de
capital. Esto son de hecho comprados y vendidos en el mercado, y su oferta y
demanda poseen magnitudes reales hasta el punto de que, cualquier medida, cualquier
política que impidiese la formación de estos mercados, pondría ipso facto en
peligro la autorregulación del mercado. … En lo que concierne al trabajo, la
tierra y el dinero el mencionado postulado carece de fundamento. Permitir que
el mecanismo del mercado dirija por su propia cuenta y decida la suerte de los
seres humanos y de su medio natural, e incluso que de hecho decida acerca del
nivel y de la utilización del poder adquisitivo, conduce necesariamente a la
destrucción de la sociedad” (Karl Polanyi, La
Gran Transformación, ediciones La Piqueta, Madrid, 1989, pp. 127-129).
Karl Polanyi es una
referencia teórica cuando se trata de preguntarse por la sostenibilidad social
de una determinada lógica productiva y de desarrollo económico, como lo hace el
Proyecto ENCLAVES para las nuevas áreas de agricultura intensiva en la
globalización agroalimentaria. Por ello, decidimos coordinar este monográfico
de la revista Áreas dedicado al análisis de la actual crisis global desde las
herramientas de Karl Polanyi.
Recientemente, investigadores del equipo de Murcia realizaron una visita de campo a un almacén de manipulado de uva de mesa, en el que doscientas trabajadoras (mayoritariamente mujeres) preparaban y embolsaban uva para las grandes superficies comerciales al ritmo marcado y continuo de la máquina. Igualmente también visitamos varias fincas ganadas al suelo rústico de la Sierra de la Pila a base de roturaciones con grandes maquinarias: por un lado, una plantación de lechuga de una empresa de la costa que había reubicado este tipo de cultivo en el interior de la región en busca de agua más barata y de mayor calidad, y por otro, un parral de uva de mesa planificado y diseñado racionalmente a modo de factoría vegetal. En su cuaderno de campo, uno de los investigadores de Enclaves, Carlos de Castro, escribió rápidamente sobre esta visita: “Sorprende la violencia apenas perceptible que puede ejercer sobre las trabajadoras un lugar como la fábrica. El frío, el ruido, la repetición, la vigilancia permanente que las convierte en sospechosas,... También la propia violencia material sobre el territorio por la explotación hiperracionalizada del suelo, del agua robada, etc. Y la violencia sobre los propios alimentos, las uvas seleccionadas, limpiadas, etc.” (diario de campo, 17/XII/2012). Esta observación está vinculada claramente a un análisis polanyiano como el que pretendemos realizar desde la categoría de sostenibilidad social.
A modo de Planteamiento
del Monográfico, el primer artículo recoge una aportación de Carlos de Castro y
Andrés Pedreño en la que se considera que la desdemocratización de la vida
social y económica ha constituido una condición previa a la nueva fase de
mercantilización iniciada en los años 1970. Junto con ello, los autores señalan
que los procesos de remercantilización han dado lugar a contramovimientos de
resistencia social que están contribuyendo a construir una nueva economía moral
de la multitud, que hace de la defensa de los bienes públicos una forma de
garantizar el derecho a la subsistencia y a la existencia social.
El primer bloque de artículos recoge
las aportaciones teóricas. Algunas de las principales aportaciones de los
pensadores sociales clásicos aparecieron para comprender y denunciar las
consecuencias del desarrollo de la economía de mercado al abrigo de la
cobertura intelectual que le otorgaba el liberalismo económico. Desde
diferentes ángulos, Marx, Durkheim y Weber, entre otros, realizaron una
contundente crítica a la economía del mercado y al liberalismo económico
contribuyendo así a cambiar el rumbo de la organización política y económica de
la sociedad moderna. Sus aportaciones se encuentran en la base de algunas
instituciones políticas y económicas que surgieron para proteger a la sociedad
de la lógica del mercado a lo largo del siglo XX. El renovado e impetuoso
avance de la mercantilización de la sociedad de las últimas décadas ha
erosionado dichas instituciones. La recuperación del legado de estos autores
puede ayudarnos no sólo a comprender la naturaleza del proceso de mercantilización
de la sociedad sino que además puede aportar pistas decisivas de cara a
articular una alternativa política actualmente inexistente.
A partir del cuestionamiento de la
recepción que Polanyi hace de Aristóteles, el artículo de Antonio Campillo
esboza una genealogía de la separación entre la economía y la política desde
Aristóteles hasta los liberales modernos, Marx y Polanyi. Según Campillo, a
pesar de que Polanyi reproduce en sus escritos esa separación, puede
interpretarse que sus propuestas iban encaminadas no sólo a invertir la
subordinación de lo político a lo económico sino a disolver dicha separación
por medio de la democratización de la sociedad.
En una línea similar, Jesús
Izquierdo muestra como Otto Bauer y Karl Polanyi, desde perspectivas distintas,
recurrieron al pasado para dar cuenta de otras épocas en las que lo económico
no se había constituido como una esfera autónoma de la realidad y, en
consecuencia, para demostrar el carácter artificial de dicha separación.
Por su parte, Carlos Fernández Liria
y Luis Alegre, trascendiendo las críticas de Polanyi a Marx, logran aproximar
el uno al otro a partir de los presupuestos antropológicos que comparten. Sobre
esta base, los autores proponen recuperar el concepto original de progreso de
la Ilustración que está vinculado a la extensión y profundización de la
ciudadanía y que es ajeno al desarrollo económico del capitalismo.
Este bloque termina con el repaso
que Esther Pascual hace del legado de Andrés Bilbao. Andrés Bilbao fue profesor
en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense
desde los años 1970 y fue el máximo impulsor de la sociología económica en
España basándose principalmente en un recurso sistemático a la obra de los
clásicos (Aristóteles, Smith, Mandeville, Simmel, etc.). Lamentablemente su
obra y su vida quedaron truncadas hace ya diez años por una larga enfermedad.
Esther Pascual se detiene a explorar la idea de Bilbao de que la economía
política liberal estructuró las relaciones sociales y políticas en la
modernidad. Según la autora, en la obra de Bilbao la preponderancia de la
economía en la articulación de las relaciones sociales y políticas habría sido
compartida, aunque de formas distintas, por el liberalismo y por el
keynesianismo. Esta permanente hegemonía de lo económico sobre lo político
constituiría la principal base para la crítica al liberalismo y a la modernidad
en la obra de Bilbao.
El segundo bloque pretende ofrecer
algunas muestras de la extraordinaria diversificación y expansión del proceso
de mercantilización por diferentes esferas de la realidad social. Por un lado,
se trata de un proceso de re-mercantilización de aquellas áreas como el
trabajo, la vivienda, la sanidad, la educación,… que habían sido
des-mercantilizadas por la iniciativa política y legislativa del Estado del
bienestar. Pero, por otro lado, se trata de un proceso de expansión sin
precedentes y dramáticamente imaginativo por nuevas áreas de lo social (aire,
agua, suelo, energía). En el ámbito del trabajo, no sólo se ha transferido toda
la iniciativa en la creación de empleo al mercado sino que además algunos
servicios de apoyo a los desempleados como la búsqueda de empleo también se han
privatizado. En el ámbito de la educación, el crecimiento de las escuelas y
universidades privadas parcialmente financiadas con fondos públicos ha ido de
la mano de una transformación de los criterios educativos más orientado a
cubrir las necesidades de formación y cualificación que demanda el mercado que
hacia la formación integral de ciudadanos que demanda una esfera pública
transnacional cada vez más heterogénea y compleja. Por otra parte, el
desmesurado incremento de la capacidad de producción así como su
deslocalización geográfica, la desbocada expansión urbanística y las crecientes
necesidades de movilidad asociadas a ello han aumentado la presión sobre los
recursos naturales de una manera insostenible pero, al mismo tiempo, ha
generado resistencias. Este bloque de artículos se estructura a partir de las
tres “mercancías ficticias” señaladas por Karl Polanyi: trabajo, naturaleza y
sociedad.
Por último, la financiarización de
la economía ha abierto un nuevo espacio al mercado en el que se multiplica
infinitamente la velocidad de rotación del capital. La drástica caída de la rentabilidad
de las inversiones productivas junto con las oportunidades de inversiones
financieras con amplios márgenes y rápida recuperación ha creado una separación
entre el capital financiero y el capital productivo. La progresiva
complejización del funcionamiento de los mercados financieros junto con su
predominio sobre el capital productivo ha marcado la tendencia y el curso de la
sociedad actual.
El segundo bloque del monográfico se
abre con una aportación de Pablo
López Calle en la que, tomando como referentes a Polanyi, Castel y Thompson,
traza el proceso histórico de la aparición de la fuerza de trabajo como
mercancía en España a través del análisis de algunos de los dispositivos
jurídico-políticos que se decretan y aplican para tal fin durante los siglos
XVIII y XIX.
Por su parte, el artículo de Antonio
Viñao analiza los efectos que desde los años 1970 han tenido la aplicación de
las políticas neoliberales y neoconservadoras sobre el derecho a la educación.
El artículo de Juan Manuel Iranzo
reflexiona sobre otra separación artificial: Naturaleza y Sociedad. El
liberalismo económico considera el mercado como una institución que regula los
intercambios sociales de una manera natural. Sin embargo, dicha naturalidad es
una invención del siglo XVIII que además colisiona con la Naturaleza. Para
evitar el colapso medioambiental hacia el que se dirigen las sociedades de
mercado, el artículo de Iranzo propone una reforma de los mercados encaminada
hacia el establecimiento de una economía regenerativa y estacionaria.
Siguiendo dentro del ámbito de las
relaciones entre la Naturaleza y la Sociedad, Alicia Reigada analiza la crisis
de los sistemas globales de producción alimentaria para proponer una defensa de
la soberanía alimentaria que han impulsado diversos movimientos sociales desde
una perspectiva feminista.
Por último, el artículo de Daniel
Albarracín incorpora a la teoría de las ondas largas de Ernest Mandel la
compleja articulación entre lo económico y lo político que proponía Polanyi
para dar cuenta de la historia del capitalismo en la segunda mitad del siglo
XX.
martes, 18 de diciembre de 2012
ETNOGRAFÍA DE LA SEXTA JORNADA DE LAS MARCHAS CONTRA EL PARO, LA PRECARIEDAD Y LOS RECORTES. TRAMO CIEZA-MOLINA, 10 de noviembre de 2012
Fotografía 1: Inicio Marcha en
Avenida de Cieza
¿Cómo hacer una
sociología que tome en serio, se pregunta Loïc Wacquant[1],
“tanto en el plano teórico como en el metodológico y retórico, el hecho de que
el agente social es, ante todo, un ser de carne, nervio y sentidos (en el doble
sentido de sensual y significado), un “ser que sufre” y que participa del
universo que le crea y que, por su parte, contribuye a construir con todas las
fibras de su cuerpo y su corazón”?
En su Sexta Jornada
de las Marchas contra el Paro, la Precariedad y los Recortes organizadas por el
Foro Social y la Plataforma de afectados por las Hipotecas, se recorría el
tramo entre Cieza y Molina. Por tanto, transcurría por buena parte del
territorio del caso murciano del proyecto de investigación ENCLAVES.
¿Cómo no aprovechar
esta iniciativa de protesta para realizar una inmersión carnal y sensual en un
territorio, en un paisaje y en una problemática, la del paro, que tanto afecta
a los jornaleros y trabajadores de nuestra temática de estudio?
¿Cómo no valorar
metodológicamente ese marchar juntos con trabajadores desempleados,
desahuciados o activistas en el que compartir durante unas horas el sudor y el
esfuerzo muscular de caminar durante kilómetros fuese también una forma de
conversar sobre el territorio que nos rodea y pisamos, de establecer
identificaciones y complicidades, eso que en ciencias sociales llamamos
“contactación”?
¿Cómo no rememorar
ese monumento literario ( y según Howard Becker clásico de las ciencias
sociales) que es Elogiemos ahora a
hombres famosos de James Agee y Walker Evans (1941) cuando en su reportaje
de investigación sobre los campesinos aparceros de Alabama requieren palpar y
relatar hasta el detalle más íntimo el territorio social, físico y cercano de
las familias estudiadas con descripciones deslumbrantes como las que en las
páginas iniciales relatan el paisaje circundante conforme se adentran en el
universo social buscado: “Por todo Alabama, las luces están apagadas. Cada hoja
empapa el tacto; la telaraña es densa. Los caminos están ahí, sin nada que los
haga servir. Los campos están ahí, sin nada que los trabaje, ni hombre ni
animal. Los mangos del arado están húmedos, y los rieles, el cruzamiento de los
carriles y las malas hierbas entre las traviesas: y ni siquiera se oyen las
aceleraciones y penas roncas de un tren distante, por otros caminos. Los
pueblos, las capitales de condado, pintadas de blanco casa por casa y
elaboradamente aserradas entre sus hojas densas y oscuras, se levantan, en las
protecciones espaciadas de su luz mineral, tan decorosas, tan vacantes, tan
indefensas a la luz de las estrellas que es inconcebible despreciar ni desdeñar
siquiera a un hombre blanco, un propietario de tierra; incluso en Birmingham,
kilómetro tras kilómetro, salvo el repentino y alarmante rumor, disminuido y
silenciado casi en seguida, de un coche cerrado y negro, y salvo taconazos
solitarios y siniestros sobre la piedra, que nunca enseñan un rostro y entran,
pronto, por una puerta de madera al mismo nivel de la acera y suben la
inmediata escalera sin iluminar, kilómetro tras kilómetro, y piedras, piedras,
suaves y trazados ríos de piedra, las calles yacen bajo sus altos faroles,
vacías ante la eternidad” (pp. 58-59)?
¿Cómo no sentir que
la entrega carnal –muscular y sensorial- al esfuerzo de los kilómetros
recorridos en la Marcha supone un devenir en la percepción del entorno caminado
que en palabras de Santiago Alba Rico implica una distinción: “lo que distingue
un paisaje de un territorio es que, mientras que el paisaje es objeto de
contemplación, el territorio es objeto de disputa”?
“La sociología,
prosigue reflexionando Loïc Wacquant, debe intentar recoger y restituir esta
dimensión carnal de la existencia … mediante un trabajo metódico y minucioso de
detección y registro, de descifrado y escritura capaz de capturar y transmitir
el sabor y el dolor de la acción, el ruido y el furor de la sociedad que los
pasos establecidos por las ciencias humanas ponen habitualmente en sordina,
cuando no los suprimen completamente” (p. 15).
Son las 7,30 de la
mañana en la entrada de Archena donde dejamos los coches que a la tarde nos
permitirán regresar a Cieza, punto de inicio de esta Sexta Jornada de las
Marchas contra el Paro, la Precariedad y los Recortes que llevan recorriendo la
Región toda la semana.
A estas horas, en la
gasolinera de Archena ya se aprecian las furgonetas que recogen jornaleros para
transportarlos a los campos. En la autovía hacia Cieza adelantamos un autobús
de jornaleros. No es difícil adivinarlo: es un autobús viejo, en los cristales
se aprecian restos de polvo y tierra, en su interior cuerpos de trabajadores
del campo adormilados en los asientos, aprovechando el viaje a no se sabe dónde
ni cuánto tiempo de duración para prolongar un poco más el descanso y el sueño
que quedó interrumpido tempranamente en sus respectivos hogares para
levantarse, preparar el desayuno y el petate del día, y desplazarse hacia el
punto donde los recogería el autobús. Ese autobús que ahora adelantamos a las
ocho menos cuarto de la mañana. Nubes blancas densas y apelmazadas en el Valle de Ricote y en los
valles de las inmediaciones de la Sierra de la Pila. Pienso en un blues del
autobús para esos trabajadores soñolientos que apenas entrevemos fugazmente
tras los cristales desde el automóvil en marcha y que poco a poco vamos dejando
atrás en nuestro avance hacia Cieza.
Horas tempranas en
las que la ciudad está envuelta en una neblina que parece emanada del terruño.
Helor y frío. Poca gente por la calle. Poco a poco se van reuniendo los
participantes de esta sexta Marcha. Se comenta el buen recibimiento que han
tenido las Marchas en Moratalla, Calasparra y anoche aquí en Cieza, con cientos
de vecinos arropándolos, pequeños comerciantes ofreciéndoles comida y cenas de
bienvenida abundantes. En esas localidades con secular experiencia de épocas de
paro jornalero y en las que esta crisis ha venido a recordarles que en sus
biografías el trabajo sigue siendo un bien escaso e inestable, la empatía con
las Marchas es inmediata. Aquí en Cieza el recibimiento anoche de la Marcha lo
organizó el Club Atalaya, una asociación cultural de izquierdas empeñada en mantener
viva la memoria del trabajo con la iniciativa de un interesantísimo Museo del
Esparto que lleva ya años en funcionamiento. Es precisamente esa memoria del
trabajo la que produce la identificación del vecindario con las Marchas contra
el Paro.
Recordad a Sebald: “…
la oscuridad no se desvanece sino que se espesa al pensar lo poco que podemos
retener, cuántas cosas y cuántos caen continuamente en el olvido, al
extinguirse cada vida, cómo el mundo, por decirlo así, se vacía a sí mismo,
porque las historias unidas a innumerables lugares y objetos que no tienen
capacidad para recordar, no son oídas, descritas ni transmitidas por nadie…” (
en Austerlitz, 2002, p. 28).
La luz del día va
abriéndose paso conforme el reloj avanza hacia las 9. Los participantes de la
Marcha van recalando poco a poco en la Plaza de salida hasta alcanzar la
centena. Cuantiosa presencia de Policia Municipal y Guardia Civil. Entre los
manifestantes, algunas caras familiares de esta (y de otras) época intensa de
protesta social.
Una luz nítida, que
solamente la lluvia consigue modelar por estos lares, envuelve de un azul
radiante al soberbio cabezo de La Atalaya que sobresale por entre los
edificios. La marcha comienza su caminata por una de las calles centrales de la
ciudad. Se empiezan a gritar las consignas con las que los “marchantes” llevan
una semana interpelando a los vecinos de los pueblos por los que han ido
transitando: contra el paro, contra los desahucios, contra los bancos
responsables de la crisis (entre el repertorio de acciones más característico
se observa como el más característico el llenar de pegatinas oficinas de
entidades bancarias al tiempo que el resto de manifestantes gritan consignas
con los brazos levantados y haciendo el gesto de señalar con el dedo en dirección
a la entidad bancaria empapelada de pegatinas contra los desahucios o la
corrupción), etc.
Empiezo la Marcha
charlando con Pepe Marín, un profesor de derecho del trabajo de la universidad
e inquieto dinamizador del Club Atalaya y a quien recientemente entrevistamos
para un trabajo sociológico sobre el Museo del Esparto.[2] Le
pregunto por el arraigo que tuvieron las movilizaciones obreras y los
movimientos de izquierda en estos pueblos en los años 70. Hablamos del PSP, el
partido de Tierno Galván, que tanto en Calasparra como en Cieza tuvo mucha
importancia. Cuando le menciono a Frasquito, un aparcero del coto arrocero de
Calasparra que llegó a ser concejal de agricultura del Ayuntamiento de
Calasparra procedente de las filas del PSP (y que yo conocí a principios de los
90), se le ilumina el gesto y rememora la importancia de esa persona para las
gentes de izquierdas de estos pueblos.
El protagonista de la
historia de vida del libro de Joan Frigolé –un jornalero campesino- también
menciona a Frasquito en su relato. Precisamente en ese libro están las vivencias
biográficas o la memoria del trabajo que indudablemente produce la
identificación de las gentes trabajadoras de estos pueblos con las Marchas. Ese
pasado lejano que proyecta una sombra escalofriante hacia el trágico presente
de hoy en el que retorna el paro, la precariedad y la inacción estatal sobre la
cuestión social:
“Trabajaba
de eventual adonde me avisaban a trabajar: a coger esparto, a segar romero de
ese pa esencia, a cavar con éste, con el otro, a veces aquí en el término,
otras veces me iba fuera del término, y asín íbamos luchando con la vida.
Y
de pasar frío, cuando salíamos. Ahí donde tiene la taberna el Porras, las
Cuatro Esquinas le llamamos, a eso bien joven le dije “el mercado de los borregos”.
Allí salíamos los hombres, más viejos, más jóvenes. Calcetines no se usaban
entonces, no había para calcetines, nada más que unas esparteñas de esparto. La
mayoría con un pantaloncito de tela remendaíco y una camisica. Sin camiseta, no
se usaba ni mucho menos en la clase trabajadora, no, no había, ¡si no había! La
camisica llena de repulgos, una blusica de estas sencillas. Helaícos de frío.
Como íbamos helados por dentro y la ropa que llevábamos, más helados todavía.
Venía un señor labrador a avisar al personal y entonces íbamos todos así, como
los cordericos a mamar de la madre, y todos nos acercábamos y este señor
empezaba a mirar a los tíos de arriba abajo. Si tenías el pelo blanco, no le
gustaba, y si no tenías barba, tampoco. Tenían que ser hombres de veintitantos
años. Bueno: “¿Precio?” “¿Tanto?”. Y entonces unos retrocedíamos para atrás y
otros se quedaban allí. Y aquéllos iban y otros quedábamos, porque
verdaderamente el tío se aprovechaba de aquello. En lo único que sí, cuando ya
venía una recolección de arroz o de siega del trigo había aprovechamiento,
porque mucha gente se iba de los pueblos a La Mancha a segar, mucha, y se
quedaba aquí muy poca gente y, claro, tenían que recoger ellos también aquí la
cosecha de cebada, trigo y avena. Entonces no encontraba y entonces aquél subía
una peseta más. Venía el otro y subía otra. Me acuerdo yo que una vez de 5
pesetas que era la siega, 5 pesetas, llegaron a ponerla a 10 pesetas, porque no
encontraban y tenían que segar” (Joan Frigolé, Un hombre, 1997, pp. 199-200).
La
carretera de Cieza a Abarán orillea el valle del segura y sus huertas. El
paisaje es embaucador. Las huertas de frutales, cítricos y hortalizas se
disponen a lo largo del Segura, que por aquí todavía se desliza bravo y con
abundante agua. Las serranías de Cieza y del Oro, con sus empinados cabezos
cubiertos de pinares, limitan la anchura de la vega. Al fondo el sky-line de Cieza se despliega siguiendo
el límite de la huerta. [Que el espacio de huerta sea un territorio físicamente
limitado por el sistema de riego es inaceptable para la lógica de reproducción
ampliada del capital: por ello los nuevos regadíos que estudiamos en ENCLAVES
rompieron la frontera de la vega, conquistaron e irrigaron los campos de secano
y allí implantaron las grandes fincas de producción de fruta y hortaliza]. A
estas horas la mañana es fresca y húmeda, los colores están muy vivos, los
olores del campo intensos, los árboles de hoja caduca salpican de tonos ocres
este vergel. Sin duda la Marcha transcurre por los paisajes huertanos más
bonitos de la Región y en algún momento M.A. pedirá un aplauso de
reconocimiento para ellos… Me encuentro con dos jubilados de los viejos tiempos,
activistas de Cartagena que demuestran gran generosidad participando en la
caminata con toda su solidaridad hacia los jóvenes golpeados por la crisis.
Fotografía
2: Huerta de la vega del Río Segura a su paso por Cieza
Entre banderas de las
diferentes sensibilidades políticas (pero sin nombres distintivos de tal o cual
partido o sindicato) caminan jóvenes precarios, militantes sindicales y de
partidos políticos de izquierdas, solidarios de todas las edades, familias
completas de vecinos, algunos inmigrantes en paro, desahuciados, investigadores…
pocos niños y alguna persona mayor, sin duda debido a la dureza del recorrido. Por
este motivo y para la logística y manutención durante todo el trayecto hay dos
vehículos de la organización (un coche y una furgoneta) que hacen las funciones
de “campamentos base móviles”.
Accedemos
al centro de Abarán por una carretera donde se disponen numerosos almacenes de
manipulado de frutas. El primero de ellos el de la Cooperativa del Valle de
Abarán, de gran tamaño, cajas coloradas y amarillas apiladas en una gran
superficie de estacionamiento para camiones y coches, pero en el que no se
divisa actividad alguna (en esta época del año el periodo de trabajo es mínimo
pues la fruta continúa siendo un producto altamente estacional –solamente
grandes empresas como Frutas Ester o Maripí han conseguido romper esta
estacionalidad introduciendo nuevas variedades o diversificando la producción
hacia la hortaliza-).
Fotografía
3: Almacén de manipulado de fruta, Abarán
Se aprecian otros
almacenes más pequeños, también sin actividad, y otros directamente cerrados (y
alguno convertido en chabola seguramente de trabajadores inmigrantes). Estos
almacenes abandonados aparecen repentinamente como indicios de la fuerte
concentración y centralización de capital habida en torno a algunas grandes
empresas como frutas Ester (la Marcha pasa por la entrada de su viejo almacén,
en el que yo estuve a mediados de los 90 -ahora está ubicada en el polígono
industrial de la carretera hacia la autovía, con unas instalaciones
modernizadas de gran envergadura y amplitud-)[3].
Fotografía
4: Almacén de fruta abandonado y convertido en infravivienda de trabajadores
inmigrantes, Abarán
La recepción de la
Marcha en Abarán es alegre. Jóvenes con tambores, gaitas y panderetas nos
acompañan hasta el centro del pueblo, hasta llegar a la imponente plaza de
toros. Gritos de “trabajo si, paro no”, “que viva la lucha de la clase obrera”
y semejantes. Las oficinas de los bancos, especialmente de La Caixa, son
embadurnadas de pegatinas contra los desahucios y señaladas al grito de
“asesinos” (el día anterior se había producido en Baracaldo el suicidio de una
mujer a la que se iba a expulsar de su vivienda). Un representante de los
convocantes de la Marcha agradece al “pueblo de Abarán” el recibimiento,
“pensábamos que entrábamos en territorio hostil”, etc. No son pueblos éstos que
vayan a dar una acogida muy amplia a una Marcha de contenido nítidamente
izquierdista (aquí el contraste es evidente respecto a la hospitalidad mostrada
en los pueblos de más arriba -Moratalla, Calasparra y Cieza-), pues son espacios
políticamente muy conservadores –. La minoría activa nucleada en torno a
Izquierda Unida (su único concejal participará en la Marcha), sindicatos como
UGT e inclusive ecologistas locales posibilitan esa bienvenida.
El
urbanismo de Abarán habla de una intensa y prolongada proletarización de su
población. Recorremos calles de bloques de edificios de los 50 y 60,
envejecidos y como a medio terminar, numerosas chimeneas de conserveras
abandonadas. La fealdad de la trama urbanística contrasta con la belleza del
espacio de huerta circundante. Es un pueblo como suspendido en el tiempo de una
época boyante –la “edad de oro” de la década de los 20[4]
con un repunte seguramente en los años 60- y que desde entonces vive como a la
espera instalado en una decadencia progresiva…
Fotografía
5: La Marcha cruza Abarán
A la Marcha se suman
jóvenes abaraneros. El concejal mencionado de Izquierda Unida, jóvenes
desempleados, un ecuatoriano amenazado de desahucio y apoyado por la PAH
(Plataforma de Afectados por las Hipotecas), una trabajadora social que conocí
hace unos años en unas jornadas de UGT sobre inmigración. Conversaciones con muchos de ellos y
contactos para la investigación. Nos habíamos propuesto, y lo estamos
consiguiendo, una forma de contactación con los trabajadores y trabajadoras
locales horizontal (buscándolos en la urdimbre social del pueblo) y no vertical
(como es habitual en muchos estudios sociológicos en los que la contactación se
hace a través de la gerencia empresarial).
Ahora somos muchos más,
casi 150. Despedimos con aplausos a la salida de Abarán a los jóvenes gaiteros
que nos han acompañado en el recorrido por las callejuelas del pueblo. Me llama
la atención que los huertos de las inmediaciones de la localidad están
cultivados (pimientos, habas, patatas, etc.), se lo comento a H. –un ecologista
local ahora residente en Murcia- y dice que es desde que empezó la crisis
(seguramente estrategias de autoabastecimiento).
H. es uno de nuestros
contactos para el trabajo de campo en Abarán. Durante la caminata nos cuenta
quiénes son los poderes locales (Frutas Ester en Abarán centro y Maripí en la
Hoya del Campo –donde en las últimas elecciones municipales se llegó a
presentar una candidatura independiente especifica de aquella pedanía) y sobre
las transformaciones del territorio. El control del poder local es fundamental
para las estrategias empresariales de acaparamiento de tierras, agua y otros
recursos. Por ejemplo, las roturaciones de terrenos realizadas por Frutas
Maripí en las inmediaciones de la Sierra de la Pila para su conversión a la
producción de frutales –como se aprecia al inicio de la pista que sube a la
aldea abandonada de San Joy- se han hecho a costa de recortes a la superficie
del Parque Natural. Nos confiesa aspectos más confidenciales y personales, como
que su situación personal no es la mejor porque está en paro con dos hijos, que
no está totalmente de acuerdo con algunas reivindicaciones de la marcha (está
políticamente un poco más a la izquierda) pero que es el momento de integrar
discursos y prácticas. Conoce bien los campos y huertas de Abarán, y asegura
que los huertanos articulan formas de resistencia (a la usurpación del agua por
parte de la Confederación o de los agronegocios) que pocas veces son visibles o
se conocen[5].
P. trabajadora social
de UGT pero implicada en movimientos sociopolíticos más a su izquierda es
abaranera, hija, nieta y novia de abaraneros. Parece una persona bastante
conocida en el pueblo y me dice que nos puede facilitar el contacto con
trabajadores de almacén o campo, algunos incluso son familiares. Por otro lado nos comenta que sus padres
tienen un bar “de toda la vida” en Abarán, lo cual nos puede ser de mucha ayuda
en el futuro para nuestras incursiones etnográficas.
J. es un joven
desempleado de Abarán. Trabajaba en una fábrica de Molina de enlatado de atún.
Ahora aprovechando el paro estudia filología en la Universidad. También su
hermana y su padre participan en la Marcha –su madre se ha quedado en casa
atenta al móvil por si alguno se fatiga durante la caminata… Es un joven
vivaracho, alegre, entregado e inquieto culturalmente (se ha matriculado en
Filología Hispánica en la Universidad de Murcia y está interesado por el uso
del lenguaje en los procesos de control social). En los descansos de Blanca y
Archena actúa como monitor deportivo y nos pone a hacer estiramientos.
El propio ritmo de la
marcha propicia los contactos, los saludos, las charlas fugaces… en ese cruce
de conversaciones y gentes está J. de Abarán. Ronda la treintena, parece un
buen conocedor de su pueblo y poco a poco me cuenta que estudió un módulo de
F.P relacionado con la topografía, oficio vinculado a la construcción. Durante
los años del boom inmobiliario estuvo trabajando en diferentes empresas del
sureste (Alicante, Murcia y Almería), le encantaba su trabajo por el que
percibía netos 1.000€, donde los complementos lo hacían aún más atractivo:
coche de empresa, viajes y dietas. Se encargaba de analizar y comprobar el
estado de los suelos donde se proyectaba construir una carretera, pero con el
desplome del sector acabó en el paro. A los meses obtuvo una plaza de
barrendero contratado por el ayuntamiento, a media jornada con un contrato
temporal, en el momento de la marcha llevaba dos meses sin cobrar. Su
relato dibuja un pueblo dormitorio,
donde la gente que quería progresar debía buscar trabajo fuera, dominado
política y socialmente por familias caciquiles que incluso crearon su propio
partido político que ganó las elecciones municipales de 1987. Asegura que un
par de familias, relacionadas con el agronegocio son las que han marcado el
ritmo del municipio. En ese momento sus recuerdos giran hacia su infancia y
juventud, cuando había más zonas verdes y los niños y vejetes se encontraban en
calles y parques.
La carretera hacia
Blanca tiene primeramente un tramo ascendente que obliga a trabajar más a los
músculos de las piernas. Posteriormente una bajada entre huertos de mandarinas
(qué rico sabor), naranjos y limones nos conduce a las orillas del río Segura a
su paso por el pueblo de Blanca. Esta vez no hay recibimiento alguno ni se
marcha a través del pueblo (Blanca es aún más conservadora que Abarán). Aún así
recibimos el apoyo entusiasta de alguna vecina mayor que se identifica como de
izquierdas. Almuerzo a orillas del río, junto al merendero ahora cerrado. La
organización facilita bocadillos, bolsitas de uva de mesa y un chato de vino
para reponer fuerzas, a cambio de los vales solidarios por valor de un euro. La
presencia de las unidades especiales de la Guardia Civil es especialmente
visible. El Delegado del Gobierno quiere hacer ver a sus electores que
mantienen con estrecha disciplina el Orden.
La Marcha continúa.
Embalse de Blanca: aquí se amansan las aguas bravas del Río Segura junto con
las de procedencia del trasvase Tajo-Segura. Bellas vistas, cañaverales,
cormoranes sobrevolando las aguas. Allá arriba se divisa la cima de la Sierra
de Ricote. Un viejo campesino en una antigualla de moto cargada de sarmientos de
las viñas nos adelanta. Saluda y charla brevemente con los Civiles a los que
debe conocer. Su huerta está a orillas de la carretera, lo vemos en su parcela
de frutales y nos saluda al pasar.
Azud de Ojós y las
grandes tuberías que separan las aguas del trasvase de las de río y las elevan
para una vez en altura dirigirlas, por un lado, la tubería de la derecha hacia
el valle de Guadalentín y Campo de Cartagena, y la de la izquierda, hacia
Fortuna y campo alicantino. A continuación H. El Ecologista explica con megáfono
a los manifestantes esta geografía tecnológica de la gran infraestructura
hídrica.
Desde la elevación de
la carretera del azud se aprecia una geografía del contraste: entre las
escarpadas y áridas montañas, anida toda esa exuberancia que ilumina una luz
maravillosa de mediodía de huertas, palmeras,
cítricos y frutales, acequias y norias. Salpicados aquí y allá pequeños pueblos
en los que se reconoce la huella del pasado morisco. Cruzamos Ojós, un niño
despliega un cartel contra los recortes en educación. Subimos por una pista
llena de barro y charcos de las últimas lluvias hasta Ulea. Un pueblo que parece fantasmal, sólo algunas
vecinas nos observan detrás de las puertas de sus casas, agazapadas y
sorprendidas tras el visillo, un grupo de chicos mascullan algo sobre la
necesidad que tenemos de buscar trabajo… más bien de encontrarlo.
Durante todo el
recorrido las conversaciones y compañías van y vienen, se rompen, se retoman
fragmentos de charlas, en otras ocasiones prefiero observar el paisaje humano y
natural que me rodea, aprehenderlo. Voy
charlando con algunos “interinos” de la Marea Verde (protestan contra la situación
de la educación), reconocibles por sus camisetas verdes. Finalmente,
Villanueva. Todos ellos pequeños pueblos del bonito valle de Ricote, con
alcaldes conservadores que promovieron desacertadas operaciones urbanísticas
que hoy vemos irrumpir sin sentido alguno en medio de estos paisajes pero
recordándonos que ahí siguen los responsables de la burbuja inmobiliaria que
nos ha conducido al actual desastre.
Un
poco más adelante converso fugazmente con el único inmigrante africano que nos
acompaña. Va vestido con ropa de invierno y el calor de 20 grados en pleno
Noviembre empieza a pasarle factura, por lo que protege su cabeza con su jersey
de lana, en una bolsa de plástico lleva algunas pertenencias. Más tarde me
comentará una compañera que se trata de un hombre de Gambia, que lleva en
España 11 años, mantiene su trabajo y su casa, no expresa problemas acuciantes
pero que cuando se enteró en la asociación de vecinos de la finalidad de la
marcha pensó que era su obligación acompañarnos, y aquí estaba.
Llegada a Archena.
Tras 25 kilómetros los músculos empiezan a estar cargados. Grupos de personas
nos reciben con apoyo solidario. Alguien se incorpora con una soberbia bandera
republicana. Varios jóvenes de la cabecera de la Marcha se acercan corriendo al
restaurante-asador de la entrada de Archena e increpan al propietario
llamándole “explotador” y semejantes –días después comprendí este episodio en
una entrevista en La Ser a un representante de la Plataforma de Afectados por
las Hipotecas que estaba acompañado por un “afectado” que resultó ser uno de
los jóvenes que protagonizó el hecho referido: se trata de un joven de Mula de
unos veinte y tanto años, que en la época del boom inmobiliario se dejó los
estudios con quince años para ponerse a trabajar en la construcción, pudo
comprarse una vivienda previa petición de un préstamo hipotecario; luego llegó
la crisis, se quedó en el paro y no pudo hacer frente a los pagos de la
hipoteca; ahora milita en la PAH y trabaja eventualmente en lo que le sale; un
fin de semana trabajó en el restaurante-asador de Archena y le pagaron un
miserable sueldo de 60 euros por 24 horas de trabajo “o lo tomas o lo dejas”…
¿Su relato no es acaso una actualización a los tiempos de hoy del extracto
biográfico reproducido páginas atrás y extraído de la historia de vida de un
campesino-jornalero calasparreño realizada por Joan Frigolé en Un hombre, 1997?
Llegamos a orillas
del río Segura a su paso por Archena. Allí, activistas de este pueblo han preparado
bolsas con bocadillos, fruta y bebida. Es el “día de la tapa” jornada en que
los hosteleros ofrecen cerveza y tapa a un precio módico. Por esta razón en
Archena hay bastantes jóvenes de aperitivo a pesar de rebasar las 3 de la
tarde. En un bar muy cercano al lugar de nuestro avituallamiento me acerco a
saludar a unas personas que conozco. Noto en el ambiente como nuestra presencia
sucia, cansada y algo desarrapada causa una mezcla de extrañeza, incomprensión
y algo de repudio entre los jóvenes bien vestidos y acicalados que tienen dinero
para consumir en el bar. Lo atestiguo cuando alcanzo a oír argumentos como “¿afectados por la hipoteca? Pero si esos
seremos casi todos los españoles ¿no? y no nos quejamos...” o “lo que tienen que hacer no es salir a la
calle es trabajar”.
La
fatiga se aprecia en muchos. Pero una hora después ya están preparados para
seguir avanzando río abajo hasta Molina (15 km.). Algunos ya nos bajamos aquí.
[1] En Wacquant (2004): Entre las cuerdas. Cuadernos de un aprendiz
de boxeador, Alianza, Madrid.
[2] “Hay quienes
reniegan de su pasado obrero en la industria del esparto. Aquello fue una
crueldad para los que niños tuvimos que trabajar en el esparto. Yo tenía siete años, estamos
hablando del año 51, saliendo de la posguerra y en condiciones de pobreza”
(Entrevista grupal con antiguos obreros del esparto, mayo, 2012).
[3] Este extracto de noticia extraído de Abarán en Siete Días, 15/11/2012, nos da idea de 1) la importancia de Abarán en el subsector de frutas y 2) las cinco empresas resultantes de la dinámica mencionada de centralización concentración de capital:
"Casi medio centenar de empresas murcianas de frutas y hortalizas -cinco de ellas de Abarán- han participado en la Feria Nacional de Frutas y Hortalizas Fruit Attraction 2010', un innovador y funcional centro de negocios que nació el pasado año de la mano de FEPEX e IFEMA y con el unánime respaldo del sector, como la más sólida, completa y eficaz herramienta comercial para el sector profesional hortofrutícola.
Según la información a la que tuvo acceso Abarán en 7 días fueron cinco las empresas que contaron con stand propio dentro de esta feria: Frutas Campo Blanca S.C.A., Frutas Esther S.A., Frutas Félix Gómez e Hijos S.L., Frutas Torero S.A. y Antonio Carrillo e Hijos S.A. (Frutas Anabella). Todas ellas, a su vez se agruparon en el stand de APOEXPA.
Fueron en total 49 las empresas del sector de frutas y hortalizas de la Región de Murcia las que expusieron sus productos en Madrid del 20 al 22 de octubre en la segunda edición de esta feria. Las empresas asistentes estuvieron agrupadas en las organizaciones Proexport, Apoexpa y Amopa, el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida Pera de Jumilla y el Consejo de Agricultura Ecológica”.
[4] Así lo relata José David Templado, Cronista Oficial de Abarán, en su blog rememorando la construcción del teatro local: “La construcción del Teatro Cervantes en 1926 coincide con una de las épocas de mayor esplendor económico y cultural del pueblo de Abarán. La década de los años veinte del ya pasado siglo mantiene un crecimiento económico hasta entonces nunca conocido. Por una parte, el Motor Resurrección tras un periodo de crisis normaliza su funcionamiento y las transformaciones de secano en regadío fuera del Valle abren perspectivas halagüeñas para el incremento de la producción agrícola. Por otra parte, las industrias conserveras y las derivadas del esparto alcanzan su madurez con una red comercial perfectamente establecida. El binomio producción-comercialización sostenido por un perfeccionamiento cada vez mayor de los transportes por carretera produce la fluidez necesaria para la salida de frutas en fresco. Paralelamente al desarrollo económico tiene lugar un desarrollo cultural con múltiples manifestaciones, pero sobre todo, con la toma de conciencia de la importancia del saber y de la instrucción en el progreso de las personas y en definitiva del pueblo.
… el teatro Cervantes puede ser considerado como emblema de una década y de una generación. Una década insertada en una época de oro de la historia de Abarán y una generación cuyos frutos aún están por superar”.
[5] Unos días después leímos en Abarán, 7 días la siguiente noticia: "Destrozan parte de las obras realizadas por la CHS en la acequia Charrara en Abarán"
H. es coautor de un interesantísimo artículo sobre la importancia histórica del regadío tradicional en Abarán y su actual declive económico y sociológico. Se titula: "La Cueva/El llano: ejemplo de evolución de un pequeño espacio agrícola, hoy en extinción"
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)











