lunes, 25 de marzo de 2013

¿QUÉ PUEDE DECIR UNA INVESTIGACIÓN SOBRE LA SOSTENIBILIDAD SOCIAL DE LOS ENCLAVES DE AGRICULTURA INTENSIVA DE LA ACTUAL CRISIS DE LAS REGIONES DEL SUR DE EUROPA?

Finca de producción de uva de mesa en Cieza (Región de Murcia):
una fábrica racional de producción vegetal.


1.     Sobre la solución exportadora y la “devaluación interna”:
En plena crisis de endedudamiento de los países del Sur de Europa, y con el desempleo de masas abriendo una inmensa fractura social, son muchos los analistas que consideran como salida a esta dramática situación la apuesta por un modelo exportador de desarrollo económico. La endeble competitividad de las economías periféricas europeas como la española, tal y como se argumentará desde la ortodoxia económica, se debe a los elevados costes laborales y la baja productividad del trabajo, por lo que, según este razonamiento, se requieren políticas de contención salarial y de austeridad del gasto público que desincentiven la demanda doméstica y por ende estimulen las exportaciones que dinamizarán de nuevo el tejido productivo y por tanto el empleo. Dado que el precio de los productos no se puede bajar por la vía de la devaluación monetaria (al carecer de control sobre la moneda dada la estructura del euro y del Banco Central europeo), la “devaluación doméstica” (es decir, la contención del gasto público y la bajada de salarios) es presentada como un nuevo consenso en los círculos económicos y políticos para salir de la crisis[i].
La investigación que realizamos sobre el sector agroexportador levantado en las regiones mediterráneas españolas nos permite plantear la reflexión sobre la validez social del modelo exportador y de la “devaluación doméstica” como soluciones a la situación de recesión que vive en estos momentos el Sur de Europa, y concretamente España. Por ejemplo, si observamos el complejo agroalimentario que ha conocido en la Región de Murcia un enorme desarrollo a lo largo de todo el siglo XX, comprobamos el proceso de extraversión experimentado a partir de la década de los 80 en los dos subsectores con mayor presencia en la Región de Murcia. Por un lado, la industria de conserva vegetal (de frutas y hortalizas), que tras el proceso de crisis experimentado a fines de los años 70, con cierre de numerosas empresas, solamente consiguieron superar tal recesión aquellas que impulsaron estrategias de internacionalización, bien estableciendo alianzas con el capital transnacional, bien siendo absorbidas por el mismo. Por otro lado, en la pujante agricultura de producción de hortalizas y frutas en fresco fue adquiriendo protagonismo la fase de confección del producto agrícola para su conversión en producto alimentario (realizada en los denominados “almacenes de manipulado”); transformación productiva que está estrechamente vinculada a la tendencia exportadora cada vez más presente en este subsector alimentario como estrategia de inculcación de mayor valor al producto agrícola, especialmente a partir de la entrada de España en la Comunidad Económica Europea (1986) y la constitución del Mercado Único Europeo (1993).
No es nuestro objetivo realizar una evaluación de las políticas de devaluación interna como estrategia de salida de la crisis, como tampoco vamos a entrar en una discusión acerca de la naturaleza política y económica de la crisis actual. Lo que queremos rescatar de ese debate sobre las políticas de devaluación interna es que propagan una estrategia de competitividad basada en las exportaciones, en la reducción de salarios y de costes laborales y, sobre todo, en un severo disciplinamiento de la población contribuyendo a construir una mano de obra vulnerable y segmentada sexual y étnicamente. Todas estas características, vamos a sostener, están en la base del desarrollo del sector agroexportador de la Región de Murcia desde hace décadas. En última instancia, la sostenibilidad en el tiempo del tipo de sociedad y de economía implícito en el sector agroexportador es muy cuestionable. Pensamos que abordar estas cuestiones puede ser interesante para pensar críticamente sobre qué quiere decirse cuando se presenta al modelo exportador de la economía como salida a la crisis.

2.     Sobre el desempleo de masas:
El nuevo consenso de la “devaluación doméstica” suele pensar la solución del desempleo liderada por el sector privado de la economía. Por ello, la función del sector público debe reducirse a propiciar las condiciones que estimulen el crecimiento del sector privado (bajar los impuestos, reducir los intereses bancarios) y por tanto la creación de empleo. Sin embargo, desde Marx a Kalecki, pasando por Keynes, sabemos que el desempleo o el pleno empleo es una cuestión eminentemente política. El que “en unos países haya más desempleo que en otros” (G. Therborn) depende del modelo de relaciones sociales, del modelo de desarrollo y, en definitiva, del tipo de políticas que han constituido un determinado territorio.
De nuevo el estudio del sector agroexportador arroja luz sobre esta controversia. Nuestro argumento es el siguiente: el tipo de relaciones sociales movilizado en la economía agroexportador para abaratar los costes laborales se ha sostenido sobre las desigualdades de género, etnia y ciudadanía, las cuales han posibilitado la creación y recreación constante en el tiempo (pero con perfiles diferenciados de composición social de la fuerza de trabajo) de un ejército de mano de obra en la reserva como requisito indispensable para disciplinar la relación salarial y para adaptar la organización social del trabajo a las discontinuidades temporales de un tipo de producción (como la alimentaria) que por mucho que haya avanzado en su industrialización sigue teniendo una composición biológica determinante y por tanto, una dependencia de los ritmos y temporalidades de la naturaleza. En las páginas que dedica Marx en El Capital a las cuadrillas agrícolas proletarizadas en la campiña británica podemos leer: “… el campo, pese a su constante “sobrepoblación relativa”, está a la vez subpoblado. Esto no sólo puede verse con carácter local en puntos donde la afluencia humana hacia las ciudades, minas, ferrocarriles en construcción, etc., se produce con demasiada rapidez, sino en todas partes, tanto durante la cosecha como en primavera o verano, en los muchos momentos en que la agricultura inglesa –muy esmerada e intensiva- requiere brazos extraordinarios. Siempre hay demasiados obreros agrícolas para las necesidades medias de la agricultura y demasiado pocos para las necesidades excepcionales o temporarias de la misma. De ahí que en los documentos oficiales se registren las quejas más contradictorias, procedentes de la misma localidad, respecto a la falta de trabajo y al exceso de trabajo; todo al mismo tiempo”[ii]. En esta cita de Marx se está incidiendo en una dinámica de funcionamiento estructural del sector agroalimentario que fundamenta su producción sobre el trabajo asalariado. Esa alternancia entre los momentos de escasez de mano de obra y de exceso de mano de obra determina una particular gestión del trabajo en las relaciones de producción que requiere de un ejército de reserva de mano de obra.
Este ejército de mano de obra disponible es una construcción política derivada de una determinada opción específica de desarrollo del capitalismo de la periferia europea (promovida históricamente por sus élites económicas y políticas). Esto explica que la eventualidad en las relaciones de trabajo haya sido un hecho constitutivo de los ciclos expansivos de las economías del Sur de Europa (en la Región de Murcia, por empleo, la tasa de eventualidad no descendió por debajo del 40% de la población ocupada en el periodo expansivo entre 1995 y 2005) y que en los ciclos recesivos (como el actual) en estas regiones de secular arraigo de las relaciones eventuales de empleo, el desempleo crezca muy rápidamente hasta alcanzar cifras dramáticas[iii].
En este contexto, efectivamente, plantean los antropólogos Gavin Smith y Susana Narotzky en un estudio sobre la economía política regional de una comarca del sureste español[iv], “la invención de situaciones de crisis y la estimulación de la inseguridad general se convirtieron en medios elementales de regulación social” (p. 23), y así mismo, las densas y extensas redes paternalistas e interpersonales hicieron de la reciprocidad un factor de regulación: “A lo largo del tiempo, los derechos laborales, que se extendían hacia fuera desde la familia inmediata a la familia ampliada, los vecinos, los miembros de la comunidad, etc., se convirtieron en un componente institucionalizado de la vida diaria. Además, estos complejos conjuntos de vínculos también sirvieron para compensar la inestabilidad regional producida en parte por el clima impredecible y en parte por los ciclos comerciales, pero sobre todo por el carácter cambiante de las propias empresas” (p. 22).

Sin ramblas, sin montes y sin vegetación: fabricando el territorio para los cultivos de fruta y uva de mesa en el campo de Cieza (Región de Murcia).

3.     Sobre la construcción de alternativas:
La especialización de territorios en la producción agroexportadora intensiva conlleva intensísimos procesos de racionalización según una lógica de cálculo económico precisa y regular implícita en la implementación de un determinado sistema sociotécnico. En la Región de Murcia, por ejemplo, la reconversión varietal que está teniendo lugar en la última década hacia las exitosas variedades de la uva de mesa sin piñones es al mismo tiempo una reconversión social sobre la base de un progresivo proceso de concentración/centralización de capital. Este proceso no siendo realmente novedoso, sin embargo, se ha acelerado notablemente en las zonas del frutal de hueso y de la uva de mesa con la entrada de nuevas variedades. De tal forma que la gran empresa se erige como actor productivo prácticamente en exclusiva del territorio, lo que conlleva un empobrecimiento en términos de pérdida de la diversidad socioproductiva. Esto supone una limitación de las opciones de desarrollo. Por ejemplo, la estrategia que se está poniendo en marcha en Andalucía de apuesta por la pequeña producción agrícola orientada hacia el mercado local y el alimento de calidad[v], seguramente es inviable en aquellos territorios como los estudiados en ENCLAVES debido a la pérdida de sociodiversidad productiva derivada de la instauración de una determinada norma racional de competividad.



[i] Para una presentación de este “nuevo consenso”, véase los artículos periodísticos del Catedrático de Economía de la Universidad de Barcelona en el diario especializado Cinco Días (http://www.cincodias.com/columna/Josep-Oliver-Alonso/62/). Para una argumentación crítica del “nuevo consenso”, véase los textos del también Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, el profesor Vicenç Navarro (http://www.vnavarro.org/).

[ii] En K. Marx, El Capital, Siglo XXI Editores de España, Madrid, 1980/e.o. 1867, pp. 867-868.

[iii] Según Eurostat, las regiones españolas de Canarias, Andalucía, Ceuta, Melilla, Murcia, Comunidad Valenciana, Extremadura y Castilla La Mancha, y los departamentos franceses de ultramar de Reunión, Guadalupe, Guayana y Martinica registraron en 2010 los mayores niveles de desempleo de toda la UE. En concreto, el departamento francés de ultramar de Reunión registró la mayor tasa de paro, con un 28,9%, seguido de las regiones españolas de Canarias (28,7%), Andalucía (28%) y Ceuta (24,1%), mientras que Melilla (23,7%), Murcia (23,4%), Comunidad Valenciana (23,3%) y Extremadura (23%) ocuparon de la sexta a la novena posición, y Castilla La Mancha (21%) compartió el décimo lugar con las francesas Guayana y Martinica.

[iv] Narotzky y Smith (2010): Luchas inmediatas. Gente, poder y espacio en la España rural, Publicaciones Universitat de Valencia.
[v] Según podemos leer en las Crónicas andaluzas publicadas en Rebelión por Manuel Rodríguez Guillen: “el Consejero de Turismo y Comercio, Rafael Rodríguez, ha puesto en marcha un Canal Público de Comercialización de los Productos Agrarios Andaluces. Esta iniciativa, que apuesta de manera clara y nítida por la economía productiva en Andalucía, evitará la concentración progresiva de las tierras ya que los pequeños campesinos obtendrán precios justos por sus productos. “Luchamos contra el dumping comercial de las grandes multinacionales de la alimentación que colocan productos extranjeros a precio de risa en nuestra tierra con el objetivo de acabar con nuestra agricultura y tener luego vía libre para monopolizar el sector” declaró el Consejero que apostó por una campaña en Canal Sur de concienciación para que la gente comprenda que la soberanía alimentaria es hoy por hoy una medida capaz de sacar a Andalucía del desierto industrial a la que está sometida.
“Apostamos con esta medida y con otras similares por el desarrollo de Andalucía y desde luego no vamos a permanecer impasibles viendo el sufrimiento de la gente, si en Andalucía no hay empresarios que arriesguen en la industria agroalimentaria seremos nosotros desde la Junta de Andalucía los que impulsemos con empresas públicas y mixtas la agroindustria y la industria de la ganadería y la pesca que hoy por hoy puede crear miles de puestos de trabajo a muy corto plazo solamente para atender el comercio interior andaluz”. “No necesitamos exportar para impulsar la agroindustria ya que somos casi nueve millones de personas las que actualmente nos alimentamos de productos que en su mayor parte no se cultivan ni se transforman en Andalucía y es la base de un mercado que mueve más de nueve mil millones de euros al año” ha asegurado el consejero”(en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=165423).


lunes, 4 de marzo de 2013

DIARIO DE CAMPO REGIÓN DE MURCIA (1). VISITA ETNOGRÁFICA A ABARÁN: DE TERTULIA CASUAL EN EL BAR “EL CONGRESO” O DE CÓMO LA REALIZACIÓN DE ENTREVISTAS ES UN PROCESO SOCIAL


Alvin W. Gouldner y Maurice R. Stein (1954) en sus “procedimientos en el trabajo de campo” en su conocida investigación sobre la empresa minera que sustenta empíricamente el libro sobre los modelos de la burocracia industrial (véase traducción en revista Sociología del Trabajo, nº 71, 2010) escriben algo que empezamos a suscribir plenamente en nuestro trabajo de campo entre las mujeres de los almacenes agrícolas de Abarán: “En todo momento fuimos conscientes de que conseguir entrevistados era un proceso social, que tenía lugar en un marco social que podía perjudicarnos o ayudarnos” (p. 152). En esta nota del Diario de Campo se van explicitando las condiciones sociales de posibilidad de las entrevistas de nuestro trabajo de campo que conviene tener presentes reflexivamente…

“Buenas tardes” –dice Toni mientras sube al coche. “Qué calor, ¿no?” –responde Elena a modo de saludo. Son las cuatro de la tarde y, a pesar de estar a finales de enero, el termómetro marca 27 grados. Nos dirigimos a Abarán, donde tenemos previsto encontrarnos con Pura[1], la que será nuestra primera trabajadora de almacén entrevistada. La campaña de uva de mesa terminó en Navidad y solamente en estas fechas post-trabajo disponen estas mujeres de tiempo para atendernos. Pura está a punto de cumplir sesenta años y nos interesa hablar con ella porque lleva toda la vida trabajando en la agricultura, principalmente en un almacén de manipulado, lo que la convierte en una informante atrayente con la que aprender sobre los cambios en los procesos productivos, en la organización del trabajo, en las condiciones laborales, en las estrategias familiares... 
Durante la media de hora de camino en coche, hablamos sobre el modo de enfocar la entrevista y acordamos hacerla de una manera muy abierta, porque probablemente Pura sea una buena candidata para un relato de vida y nos interesa tener ahora una panorámica general de su trayectoria laboral. También comentamos que, en nuestras conversaciones para concertar la entrevista, Pura siempre se ha mostrado muy dispuesta, no así su marido que parece desconfiar de nosotros… pero es sólo una impresión. Cuando llegamos a Abarán tenemos ciertas dificultades para encontrar la dirección a la que nos dirigimos, debido en parte a nuestro desconocimiento del municipio y, en parte, a la compleja trama urbana del pueblo, que parece haber crecido de manera anárquica.
Pidiendo orientación a los pocos vecinos que encontramos por la calle y con el GPS del teléfono móvil en la mano debemos resultar, cuando menos, una pareja peculiar. Por fin conseguimos llegar a la calle que buscamos y, tras aparcar el coche, llamamos por teléfono a nuestra informante, ya que no nos ha facilitado el número exacto de su vivienda.
-        Hola, buenas tardes, ¿Pura? – pregunto a su marido, que es quién contesta al teléfono.
-        No está, se ha ido a la peluquería con la nieta.
-        Es que… había quedado con ella – repongo con voz lastimosa.
-        Pues se habrá olvidado de que había quedado con usted, vuelva a llamar dentro de dos horas a ver si ha vuelto, adiós.

Primer plantón del trabajo de campo (y primer aprendizaje sobre las condiciones sociales de posibilidad del trabajo de campo): la sensación de que el marido de Pura no quiere que hable con nosotros. Reflexionamos sobre cómo en un pueblo donde todo gira en torno al almacén (no a los almacenes, sino a “el almacén”), es muy probable que encontremos reticencias por parte de los trabajadores a la hora de hablar con alguien que viene de fuera, de la Universidad, para preguntar por unas condiciones laborales que ellos saben plagadas de irregularidades. De hecho, en una de las conversaciones con Pura para concertar la entrevista ella me comenta “treinta años llevo en el almacén, lo mejor que me ha pasado en la vida”… parece querer fijar, con esta frase, los límites del discurso.
Decidimos buscar el bar donde hemos quedado para hacer entrevistas dos días más tarde.  Al llegar nos sentamos en la terraza, techada con una lona de plástico, en la que hay seis mesas ocupadas principalmente por gente joven, algunas por estudiantes que discuten sobre sus exámenes de alguna carrera relacionada con la economía. Mientras tomamos un café, haciendo tiempo para volver a llamar a Pura, llegan a la terraza un grupo de mujeres, todas ellas con una carpeta amarilla bajo el brazo.

Cuando ya nos disponíamos a marcharnos, nuestras vecinas sostienen una conversación sobre sus trabajos en los almacenes agrícolas, sobre quién ha trabajado más, sobre quién lo necesita más… Salvando la sensación de apuro, y dispuestos a no perder por completo la tarde, nos acercamos a la mesa. Les pedimos disculpas por interrumpirlas, por haber escuchado su conversación sin querer y les comentamos que somos investigadores de la Universidad de Murcia y que, precisamente, estamos estudiando sobre el trabajo agrícola en la zona. Se hace un silencio, las mujeres intercambian miradas rápidas entre sí. Le entregamos una tarjeta de visita a la más cercana a nosotros, la más locuaz, que coge la tarjeta y nos mira de arriba abajo, con una media sonrisa difícil de interpretar. “¿En el trabajo? –habla al fin– hemos retrocedido 30 años”. Ante tan contundente afirmación les preguntamos por qué aseguran que sus condiciones de trabajo han empeorado tanto. Tras unos minutos de breves comentarios, nos invitan a sentarnos y estamos hablando con ellas durante unos 45 minutos.
Las cinco mujeres reunidas rondan la cincuentena, las dos sentadas más cerca de nosotros son las más dispuestas a hablar, a veces en una sola conversación,  pero la mayor parte del tiempo en varias conversaciones que se solapaban, las otras tres mujeres fuman sin parar, interviniendo muy de vez en cuando. Nos cuentan que son trabajadoras de almacén, que han terminado la campaña de la uva en Navidad y que ahora están haciendo un curso de formación en una academia cercana porque “cuando no estamos trabajando nos formamos”. Eso es desde enero a finales de abril o comienzos de mayo, cuando no hay trabajo en la fruta ni en la uva.  Están haciendo un curso de ocio y tiempo libre para personas mayores, “así podré entretener a mi madre”, nos dice con cierta ironía una de las mujeres, que más tarde nos comenta que está cuidando de su madre, a la que han reconocido una ayuda por dependencia… inevitable pensar en Mingione y en la importancia que tienen las prestaciones públicas en la “agrupación de ingresos” de los hogares y, por tanto, en sus estrategias de supervivencia, sobre todo cuando los salarios no llegan todos los meses.

En relación al trabajo, aseguran que ahora hay menos porque han cerrado muchos almacenes y cooperativas, hacen un repaso de ellos, enumerándolos, hasta concluir que serían alrededor de unos veinte. Se trata de un dato importante, que habrá que contrastar en la investigación y que podría estar indicando un proceso de concentración y centralización de capital en las empresas más potentes del sector. Respecto a las condiciones de trabajo, nos dicen que han empeorado, que han perdido derechos, que ahora las han cambiado al régimen especial agrario y que se tienen que “pagar el sello”. Esta última información no coincide con lo que nosotros conocemos de la actual legislación. “¿Pero en Frutas Esther?” –preguntamos para saber si hablan de una empresa o de una cooperativa. La mujer se tensa, mira a izquierda y derecha para ver quién puede estar escuchándola y baja la voz: “sí, en Frutas Esther”. 

Las mujeres se quejan de la competencia que suponen para ellas tanto las trabajadoras inmigrantes como “las viejas”. Entramos aquí en un discurso con el que las mujeres fijan su posición, y sus avales, aludiendo a la cualificación laboral y el rendimiento en el trabajo, pero que moviliza, en última instancia, diferenciaciones étnicas y de edad.
Frente a las trabajadores migrantes, nos plantean, ellas realizan el trabajo con  más calidad y más rápido, son más cuidadosas a la hora de limpiar la uva y de colocarla en las cajitas. Limpieza y primor en un trabajo que conocen bien porque lo han hecho toda su vida. Un discurso de virtudes femeninas y cualificaciones tácitas, como nos recuerda Susana Narotzky al hablar del trabajo como ayuda, pero que ahora adopta el lenguaje del reconocimiento profesional: el trabajo en el almacén no es para ellas un trabajo que pueda hacer cualquiera, ni que se pueda hacer de cualquier manera y, en consecuencia, debería tener una remuneración acorde con sus habilidades. Como las trabajadoras migrantes no poseen esas cualidades, nos dicen, reducen sus salarios para poder competir en el trabajo, una competencia que ellas entienden como desleal y que degrada las condiciones de trabajo y el estatus de todas. Recordando algunas reflexiones recientes sobre la acción sindical en el sistema agroalimentario, podríamos plantear que este discurso representa una demanda de reconocimiento de las cualificaciones laborales como forma de contener las estrategias empresariales de movilización de un ejército de reserva que, en este territorio, tiene rostro no sólo femenino, sino también extranjero.

Frente a las trabajadoras “viejas”,  argumentan, ellas pueden mantener un ritmo de trabajo superior con la misma calidad. “Las viejas” son las mujeres que llevan más tiempo trabajando en el almacén, las primeras en ser llamadas y las últimas en abandonar el almacén, las que trabajan más días de campaña, porque son fijas-discontinuas;  en un trabajo estacional como el del manipulado de la fruta fresca, trabajar más o menos días no es una cuestión banal.
En estas apreciaciones se evidencian estrategias weberianas de cierre social (respecto a las trabajadoras inmigrantes) y de usurpación social (respecto a los “privilegios” que ostentan “las viejas” por su mayor antigüedad en la empresa) construidas sobre la movilización de diferenciaciones de edad, pertenencia etno-nacional y cualificaciones productivas.
Al volver sobre la degradación de las condiciones de trabajo, sobre todo con la crisis económica que ha puesto a la orden del día el “lo tomas o lo dejas” y el “es lo que hay”, nuestras interlocutoras nos hablan de su participación en las importantes luchas y huelgas de finales de los 80 y comienzos de los 90, en las que consiguieron mejorar sus salarios, sus condiciones de trabajo, el reconocimiento de las horas extras, la contratación como “fijo discontinuo” etc. Una de ellas, que fue subdelegada de UGT, nos relataba cómo reclamó recientemente los atrasos que le debía la empresa acompañada de un enlace sindical.
Para completar este puzle deslavazado nos dibujan, a grandes trazos, sus mapas familiares: madres y padres que cuidar, hijos que no tienen trabajo con 26 y 28 años y que permanecen en el hogar paterno, sin posibilidades de emanciparse. Una de ellas, con una hija en la universidad cursando un master, nos pregunta “¿tiene mi hija que dejar de estudiar ahora porque a mí no me den trabajo ahora?”. Estrategias de movilidad social truncadas por la crisis, pero también por un territorio que no parece ofrecer más opciones laborales que las del almacén.

Sus maridos no ganan más de 1000 euros. Algunos trabajan como escardadores en competencia de nuevo con migrantes que, afirman, cobran menos y hacen peor el trabajo. Otros se ocuparon en la construcción, pero desde el comienzo de la crisis de 2008, andan combinando trabajos para obtener una renta mensual decente. En los años de bonanza, incluso algunas de ellas abandonaron el trabajo en el almacén para trabajar en otros sectores o para dedicarse al trabajo doméstico, estrategias que implicaron renunciar a la antigüedad en el trabajo agrícola y que ahora las colocan en una posición menos favorable en su retorno al sector.
Ante un grupo de mujeres tan interesante, con un conocimiento y experiencias tan importantes de la realidad laboral y social del almacén de manipulado, intentamos establecer una forma de mantener el contacto para futuras entrevistas, en las que profundizar en los temas que, de una forma un tanto caótica, habíamos estado abordando. De nuevo las miradas rápidas, los silencios, la reticencia a darnos sus números de teléfono; de nuevo nuestra explicación de quiénes somos, de qué buscamos…  “Lo que nos digáis es confidencial, nosotros garantizamos el anonimato” –explicamos en un último intento desesperado por conseguir sus contactos. “Claro, es que si no te puedes meter en un lío” –dice la mujer que cuida de su madre. “Ya os llamamos nosotras” –dice la que cogió la tarjeta, guardándola en su bolso y zanjando así el asunto. Sólo una de ellas accede a facilitarnos su teléfono.

Satisfechos por el giro que ha tomado nuestra visita a Abarán regresamos al coche y llamamos de nuevo a Pura. “Todavía no ha vuelto de la peluquería”, nos dice el marido y cuelga el teléfono. Estamos en su calle pero no sabemos cuál es la casa, bromeamos con que el hombre está escondido detrás de unos visillos, espiando nuestros movimientos… bromeamos, pero la sensación es ésa. En el viaje de vuelta a Murcia comentamos lo interesante del encuentro y coincidimos, de nuevo, en las reticencias, incluso miedo latente, que se respiraba en algunos momentos de la conversación. Una de las mujeres nos había preguntado “¿Una entrevista dónde?, ¿en mi casa?, ¿en el bar?”… no nos conocen, no se fían de llevarnos a sus casas… pero tampoco quieren hablar de estas cuestiones en un sitio público, expuestas a oídos y miradas en un pueblo donde todos se conocen. Quizá deberíamos buscar un lugar donde ellas se sientan más cómodas, un espacio en el centro social, en alguna dependencia del ayuntamiento… habrá que pensarlo, no hay espacios neutros. La tarde nos ha enseñado que no será fácil ganarse la confianza de estas mujeres, hacerles hablar, pero seguro que será una tarea interesante. 


[1] Los nombres de las personas contactadas o entrevistadas son ficticios, con el fin de garantizar su anonimato. 

martes, 12 de febrero de 2013

3º SEMINARIO PERMANENTE DE INVESTIGACIÓN SOBRE MIGRACIÓN "Impacto de los programas de trabajadores temporales en el mercado de trabajo global"


Desde el pasado 5 de Febrero, y hasta el próximo 4 de Diciembre de 2013, está en marcha el 3º Seminario Permanente de Investigación sobre Migración organizado por la Universidad Nacional Autónoma de México, en colaboración con las Universidades de Valencia, Montreal y Murcia (Proyecto ENCLAVES).

Durante 10 sesiones englobadas bajo el título en la temática central "Impacto de los programas de trabajadores en el mercado de trabajo global" distintos investigadores sociales abordarán diferentes realidades y problemáticas de gran interés para las ciencias sociales en general y la sociología rural, de la agricultura y las migraciones en particular.

Este seminario está coordinado por algunos compañeros investigadores del proyecto ENCLAVES como Sara Mª Lara Flores, Andrés Pedreño y Mª Elena Gadea, que presentarán los avances de nuestra investigación en la sesión concertada para el 10 de Octubre con el título "Sostenibilidad social en zonas de uva de mesa".

Todas las sesiones serán trasmitidas por webcast en el siguiente enlace: 


Desde este blog os animamos a participar en el seminario, para lo cual adjuntamos el programa:


martes, 29 de enero de 2013

LLAMAMIENTO DE PRESENTACIÓN DE COMUNICACIONES AL PRÓXIMO CONGRESO EUROPEO DE SOCIOLOGÍA RURAL. FLORENCIA, 29 de Julio – 1 de agosto




Acaba de abrirse el "call for papers" para el próximo Congreso Europeo de Sociología Rural que se celebrará a finales de julio en Florencia (Italia).



La crisis y sus efectos sobre las áreas rurales constituyen una de las preocupaciones del Congreso. El Grupo de Trabajo 15, coordinado por Luis Camarero (UNED) se centrará en el análisis de los efectos de la crisis sobre las sociedades rurales.

miércoles, 16 de enero de 2013

RESEÑA EN LA REVISTA SOCIOLOGÍA HISTÓRICA (SH) DEL LIBRO DE JAN VAN DER PLOEG (2010) “NUEVOS CAMPESINOS. CAMPESINOS E IMPERIOS ALIMENTARIOS”, POR ANTONIO J. RAMÍREZ MELGAREJO

El investigador de ENCLAVES, Antonio J. Ramírez, ha realizado una extensa y detallada recensión del libro de Jan van der Ploeg: “Nuevos campesinos. Campesinos e Imperios Alimentarios” (Icaria, 2010) en el primer número de la nueva revista Sociología Histórica (SH):


Sociología Histórica (SH) es una nueva publicación que como puede leerse en la Presentación de su primer número, “pretende abrir camino al campo de los estudios en sociología histórica y comparada, una publicación que atiende específicamente a la dimensión histórica de los fenómenos sociales. Más que una revista de sociología histórica en cuanto revista especializada en una subdisciplina o un campo específico dentro de la sociología, SH pretende ser una publicación que entiende la sociología principalmente como ciencia que se preocupa de manera prioritaria por los procesos de cambio social, es decir, que tiene una dimensión temporal fundamental. Plantea no tanto una especialización como una redefinición; un énfasis en la vocación histórica que se concreta en la comprensión procesual de la realidad social y que fundamenta teóricamente el pensamiento sociológico desde su nacimiento”.

Es una revista promovida desde el Departamento de Sociología y Trabajo Social de la Universidad de Murcia en la que están implicados bastantes investigadores del Proyecto ENCLAVES. El primer número contiene una carpeta monográfica dedicada a la “Primavera Árabe”. Puede consultarse en el siguiente link:







domingo, 23 de diciembre de 2012

MONOGRÁFICO “LA GRAN RESTAURACIÓN: SOCIOLOGÍA ECONÓMICA DE LA CRISIS GLOBAL Y ACTUALIDAD DE LA CRÍTICA AL LIBERALISMO ECONÓMICO DE KARL POLANYI”, EN LA REVISTA INTERNACIONAL DE CIENCIAS SOCIALES “ÁREAS” (2012, nº 31) COORDINADO POR LOS INVESTIGADORES CARLOS DE CASTRO Y ANDRÉS PEDREÑO EN EL MARCO DEL PROYECTO DE INVESTIGACIÓN ENCLAVES




“El concepto de mercancía constituye el mecanismo del mercado que permite articular los diferentes elementos de la vida industrial … El punto fundamental es el siguiente: trabajo, tierra y dinero son componentes esenciales de la industria; dichos componentes deben de estar también organizados en mercados; estos mercados forman en realidad una parte absolutamente fundamental del sistema económico. Es evidente, no obstante, que trabajo, tierra y dinero no son mercancías, en el sentido de que, en lo que a estos tres elementos se refiere, el postulado según el cual todo lo que se compra y vende debe de haber sido producido para la venta, es manifiestamente falso. … Esta ficción, sin embargo, permite organizar en la realidad los mercados de trabajo, de tierra y de capital. Esto son de hecho comprados y vendidos en el mercado, y su oferta y demanda poseen magnitudes reales hasta el punto de que, cualquier medida, cualquier política que impidiese la formación de estos mercados, pondría ipso facto en peligro la autorregulación del mercado. … En lo que concierne al trabajo, la tierra y el dinero el mencionado postulado carece de fundamento. Permitir que el mecanismo del mercado dirija por su propia cuenta y decida la suerte de los seres humanos y de su medio natural, e incluso que de hecho decida acerca del nivel y de la utilización del poder adquisitivo, conduce necesariamente a la destrucción de la sociedad” (Karl Polanyi, La Gran Transformación, ediciones La Piqueta, Madrid, 1989, pp. 127-129).
Karl Polanyi es una referencia teórica cuando se trata de preguntarse por la sostenibilidad social de una determinada lógica productiva y de desarrollo económico, como lo hace el Proyecto ENCLAVES para las nuevas áreas de agricultura intensiva en la globalización agroalimentaria. Por ello, decidimos coordinar este monográfico de la revista Áreas dedicado al análisis de la actual crisis global desde las herramientas de Karl Polanyi.
Recientemente, investigadores del equipo de Murcia realizaron una visita de campo a un almacén de manipulado de uva de mesa, en el que doscientas trabajadoras (mayoritariamente mujeres) preparaban y embolsaban uva para las grandes superficies comerciales al ritmo marcado y continuo de la máquina. Igualmente también visitamos varias fincas ganadas al suelo rústico de la Sierra de la Pila a base de roturaciones con grandes maquinarias: por un lado, una plantación de lechuga de una empresa de la costa que había reubicado este tipo de cultivo en el interior de la región en busca de agua más barata y de mayor calidad, y por otro, un parral de uva de mesa planificado y diseñado racionalmente a modo de factoría vegetal. En su cuaderno de campo, uno de los investigadores de Enclaves, Carlos de Castro, escribió rápidamente sobre esta visita: “Sorprende la violencia apenas perceptible que puede ejercer sobre las trabajadoras un lugar como la fábrica. El frío, el ruido, la repetición, la vigilancia permanente que las convierte en sospechosas,... También la propia violencia material sobre el territorio por la explotación hiperracionalizada del suelo, del agua robada, etc. Y la violencia sobre los propios alimentos, las uvas seleccionadas, limpiadas, etc.” (diario de campo, 17/XII/2012). Esta observación está vinculada claramente a un análisis polanyiano como el que pretendemos realizar desde la categoría de sostenibilidad social.

A modo de Planteamiento del Monográfico, el primer artículo recoge una aportación de Carlos de Castro y Andrés Pedreño en la que se considera que la desdemocratización de la vida social y económica ha constituido una condición previa a la nueva fase de mercantilización iniciada en los años 1970. Junto con ello, los autores señalan que los procesos de remercantilización han dado lugar a contramovimientos de resistencia social que están contribuyendo a construir una nueva economía moral de la multitud, que hace de la defensa de los bienes públicos una forma de garantizar el derecho a la subsistencia y a la existencia social.
            El primer bloque de artículos recoge las aportaciones teóricas. Algunas de las principales aportaciones de los pensadores sociales clásicos aparecieron para comprender y denunciar las consecuencias del desarrollo de la economía de mercado al abrigo de la cobertura intelectual que le otorgaba el liberalismo económico. Desde diferentes ángulos, Marx, Durkheim y Weber, entre otros, realizaron una contundente crítica a la economía del mercado y al liberalismo económico contribuyendo así a cambiar el rumbo de la organización política y económica de la sociedad moderna. Sus aportaciones se encuentran en la base de algunas instituciones políticas y económicas que surgieron para proteger a la sociedad de la lógica del mercado a lo largo del siglo XX. El renovado e impetuoso avance de la mercantilización de la sociedad de las últimas décadas ha erosionado dichas instituciones. La recuperación del legado de estos autores puede ayudarnos no sólo a comprender la naturaleza del proceso de mercantilización de la sociedad sino que además puede aportar pistas decisivas de cara a articular una alternativa política actualmente inexistente.
            A partir del cuestionamiento de la recepción que Polanyi hace de Aristóteles, el artículo de Antonio Campillo esboza una genealogía de la separación entre la economía y la política desde Aristóteles hasta los liberales modernos, Marx y Polanyi. Según Campillo, a pesar de que Polanyi reproduce en sus escritos esa separación, puede interpretarse que sus propuestas iban encaminadas no sólo a invertir la subordinación de lo político a lo económico sino a disolver dicha separación por medio de la democratización de la sociedad.
            En una línea similar, Jesús Izquierdo muestra como Otto Bauer y Karl Polanyi, desde perspectivas distintas, recurrieron al pasado para dar cuenta de otras épocas en las que lo económico no se había constituido como una esfera autónoma de la realidad y, en consecuencia, para demostrar el carácter artificial de dicha separación.
            Por su parte, Carlos Fernández Liria y Luis Alegre, trascendiendo las críticas de Polanyi a Marx, logran aproximar el uno al otro a partir de los presupuestos antropológicos que comparten. Sobre esta base, los autores proponen recuperar el concepto original de progreso de la Ilustración que está vinculado a la extensión y profundización de la ciudadanía y que es ajeno al desarrollo económico del capitalismo.
            Este bloque termina con el repaso que Esther Pascual hace del legado de Andrés Bilbao. Andrés Bilbao fue profesor en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense desde los años 1970 y fue el máximo impulsor de la sociología económica en España basándose principalmente en un recurso sistemático a la obra de los clásicos (Aristóteles, Smith, Mandeville, Simmel, etc.). Lamentablemente su obra y su vida quedaron truncadas hace ya diez años por una larga enfermedad. Esther Pascual se detiene a explorar la idea de Bilbao de que la economía política liberal estructuró las relaciones sociales y políticas en la modernidad. Según la autora, en la obra de Bilbao la preponderancia de la economía en la articulación de las relaciones sociales y políticas habría sido compartida, aunque de formas distintas, por el liberalismo y por el keynesianismo. Esta permanente hegemonía de lo económico sobre lo político constituiría la principal base para la crítica al liberalismo y a la modernidad en la obra de Bilbao.
            El segundo bloque pretende ofrecer algunas muestras de la extraordinaria diversificación y expansión del proceso de mercantilización por diferentes esferas de la realidad social. Por un lado, se trata de un proceso de re-mercantilización de aquellas áreas como el trabajo, la vivienda, la sanidad, la educación,… que habían sido des-mercantilizadas por la iniciativa política y legislativa del Estado del bienestar. Pero, por otro lado, se trata de un proceso de expansión sin precedentes y dramáticamente imaginativo por nuevas áreas de lo social (aire, agua, suelo, energía). En el ámbito del trabajo, no sólo se ha transferido toda la iniciativa en la creación de empleo al mercado sino que además algunos servicios de apoyo a los desempleados como la búsqueda de empleo también se han privatizado. En el ámbito de la educación, el crecimiento de las escuelas y universidades privadas parcialmente financiadas con fondos públicos ha ido de la mano de una transformación de los criterios educativos más orientado a cubrir las necesidades de formación y cualificación que demanda el mercado que hacia la formación integral de ciudadanos que demanda una esfera pública transnacional cada vez más heterogénea y compleja. Por otra parte, el desmesurado incremento de la capacidad de producción así como su deslocalización geográfica, la desbocada expansión urbanística y las crecientes necesidades de movilidad asociadas a ello han aumentado la presión sobre los recursos naturales de una manera insostenible pero, al mismo tiempo, ha generado resistencias. Este bloque de artículos se estructura a partir de las tres “mercancías ficticias” señaladas por Karl Polanyi: trabajo, naturaleza y sociedad.
            Por último, la financiarización de la economía ha abierto un nuevo espacio al mercado en el que se multiplica infinitamente la velocidad de rotación del capital. La drástica caída de la rentabilidad de las inversiones productivas junto con las oportunidades de inversiones financieras con amplios márgenes y rápida recuperación ha creado una separación entre el capital financiero y el capital productivo. La progresiva complejización del funcionamiento de los mercados financieros junto con su predominio sobre el capital productivo ha marcado la tendencia y el curso de la sociedad actual.
            El segundo bloque del monográfico se abre     con una aportación de Pablo López Calle en la que, tomando como referentes a Polanyi, Castel y Thompson, traza el proceso histórico de la aparición de la fuerza de trabajo como mercancía en España a través del análisis de algunos de los dispositivos jurídico-políticos que se decretan y aplican para tal fin durante los siglos XVIII y XIX.
            Por su parte, el artículo de Antonio Viñao analiza los efectos que desde los años 1970 han tenido la aplicación de las políticas neoliberales y neoconservadoras sobre el derecho a la educación.
            El artículo de Juan Manuel Iranzo reflexiona sobre otra separación artificial: Naturaleza y Sociedad. El liberalismo económico considera el mercado como una institución que regula los intercambios sociales de una manera natural. Sin embargo, dicha naturalidad es una invención del siglo XVIII que además colisiona con la Naturaleza. Para evitar el colapso medioambiental hacia el que se dirigen las sociedades de mercado, el artículo de Iranzo propone una reforma de los mercados encaminada hacia el establecimiento de una economía regenerativa y estacionaria.
            Siguiendo dentro del ámbito de las relaciones entre la Naturaleza y la Sociedad, Alicia Reigada analiza la crisis de los sistemas globales de producción alimentaria para proponer una defensa de la soberanía alimentaria que han impulsado diversos movimientos sociales desde una perspectiva feminista.
            Por último, el artículo de Daniel Albarracín incorpora a la teoría de las ondas largas de Ernest Mandel la compleja articulación entre lo económico y lo político que proponía Polanyi para dar cuenta de la historia del capitalismo en la segunda mitad del siglo XX.



martes, 18 de diciembre de 2012

ETNOGRAFÍA DE LA SEXTA JORNADA DE LAS MARCHAS CONTRA EL PARO, LA PRECARIEDAD Y LOS RECORTES. TRAMO CIEZA-MOLINA, 10 de noviembre de 2012


Fotografía 1: Inicio Marcha en Avenida de Cieza
¿Cómo hacer una sociología que tome en serio, se pregunta Loïc Wacquant[1], “tanto en el plano teórico como en el metodológico y retórico, el hecho de que el agente social es, ante todo, un ser de carne, nervio y sentidos (en el doble sentido de sensual y significado), un “ser que sufre” y que participa del universo que le crea y que, por su parte, contribuye a construir con todas las fibras de su cuerpo y su corazón”?
En su Sexta Jornada de las Marchas contra el Paro, la Precariedad y los Recortes organizadas por el Foro Social y la Plataforma de afectados por las Hipotecas, se recorría el tramo entre Cieza y Molina. Por tanto, transcurría por buena parte del territorio del caso murciano del proyecto de investigación ENCLAVES.
¿Cómo no aprovechar esta iniciativa de protesta para realizar una inmersión carnal y sensual en un territorio, en un paisaje y en una problemática, la del paro, que tanto afecta a los jornaleros y trabajadores de nuestra temática de estudio?
¿Cómo no valorar metodológicamente ese marchar juntos con trabajadores desempleados, desahuciados o activistas en el que compartir durante unas horas el sudor y el esfuerzo muscular de caminar durante kilómetros fuese también una forma de conversar sobre el territorio que nos rodea y pisamos, de establecer identificaciones y complicidades, eso que en ciencias sociales llamamos “contactación”?
¿Cómo no rememorar ese monumento literario ( y según Howard Becker clásico de las ciencias sociales) que es Elogiemos ahora a hombres famosos de James Agee y Walker Evans (1941) cuando en su reportaje de investigación sobre los campesinos aparceros de Alabama requieren palpar y relatar hasta el detalle más íntimo el territorio social, físico y cercano de las familias estudiadas con descripciones deslumbrantes como las que en las páginas iniciales relatan el paisaje circundante conforme se adentran en el universo social buscado: “Por todo Alabama, las luces están apagadas. Cada hoja empapa el tacto; la telaraña es densa. Los caminos están ahí, sin nada que los haga servir. Los campos están ahí, sin nada que los trabaje, ni hombre ni animal. Los mangos del arado están húmedos, y los rieles, el cruzamiento de los carriles y las malas hierbas entre las traviesas: y ni siquiera se oyen las aceleraciones y penas roncas de un tren distante, por otros caminos. Los pueblos, las capitales de condado, pintadas de blanco casa por casa y elaboradamente aserradas entre sus hojas densas y oscuras, se levantan, en las protecciones espaciadas de su luz mineral, tan decorosas, tan vacantes, tan indefensas a la luz de las estrellas que es inconcebible despreciar ni desdeñar siquiera a un hombre blanco, un propietario de tierra; incluso en Birmingham, kilómetro tras kilómetro, salvo el repentino y alarmante rumor, disminuido y silenciado casi en seguida, de un coche cerrado y negro, y salvo taconazos solitarios y siniestros sobre la piedra, que nunca enseñan un rostro y entran, pronto, por una puerta de madera al mismo nivel de la acera y suben la inmediata escalera sin iluminar, kilómetro tras kilómetro, y piedras, piedras, suaves y trazados ríos de piedra, las calles yacen bajo sus altos faroles, vacías ante la eternidad” (pp. 58-59)?
¿Cómo no sentir que la entrega carnal –muscular y sensorial- al esfuerzo de los kilómetros recorridos en la Marcha supone un devenir en la percepción del entorno caminado que en palabras de Santiago Alba Rico implica una distinción: “lo que distingue un paisaje de un territorio es que, mientras que el paisaje es objeto de contemplación, el territorio es objeto de disputa”?
“La sociología, prosigue reflexionando Loïc Wacquant, debe intentar recoger y restituir esta dimensión carnal de la existencia … mediante un trabajo metódico y minucioso de detección y registro, de descifrado y escritura capaz de capturar y transmitir el sabor y el dolor de la acción, el ruido y el furor de la sociedad que los pasos establecidos por las ciencias humanas ponen habitualmente en sordina, cuando no los suprimen completamente” (p. 15).
Son las 7,30 de la mañana en la entrada de Archena donde dejamos los coches que a la tarde nos permitirán regresar a Cieza, punto de inicio de esta Sexta Jornada de las Marchas contra el Paro, la Precariedad y los Recortes que llevan recorriendo la Región toda la semana.
A estas horas, en la gasolinera de Archena ya se aprecian las furgonetas que recogen jornaleros para transportarlos a los campos. En la autovía hacia Cieza adelantamos un autobús de jornaleros. No es difícil adivinarlo: es un autobús viejo, en los cristales se aprecian restos de polvo y tierra, en su interior cuerpos de trabajadores del campo adormilados en los asientos, aprovechando el viaje a no se sabe dónde ni cuánto tiempo de duración para prolongar un poco más el descanso y el sueño que quedó interrumpido tempranamente en sus respectivos hogares para levantarse, preparar el desayuno y el petate del día, y desplazarse hacia el punto donde los recogería el autobús. Ese autobús que ahora adelantamos a las ocho menos cuarto de la mañana. Nubes blancas densas y  apelmazadas en el Valle de Ricote y en los valles de las inmediaciones de la Sierra de la Pila. Pienso en un blues del autobús para esos trabajadores soñolientos que apenas entrevemos fugazmente tras los cristales desde el automóvil en marcha y que poco a poco vamos dejando atrás en nuestro avance hacia Cieza.
Horas tempranas en las que la ciudad está envuelta en una neblina que parece emanada del terruño. Helor y frío. Poca gente por la calle. Poco a poco se van reuniendo los participantes de esta sexta Marcha. Se comenta el buen recibimiento que han tenido las Marchas en Moratalla, Calasparra y anoche aquí en Cieza, con cientos de vecinos arropándolos, pequeños comerciantes ofreciéndoles comida y cenas de bienvenida abundantes. En esas localidades con secular experiencia de épocas de paro jornalero y en las que esta crisis ha venido a recordarles que en sus biografías el trabajo sigue siendo un bien escaso e inestable, la empatía con las Marchas es inmediata. Aquí en Cieza el recibimiento anoche de la Marcha lo organizó el Club Atalaya, una asociación cultural de izquierdas empeñada en mantener viva la memoria del trabajo con la iniciativa de un interesantísimo Museo del Esparto que lleva ya años en funcionamiento. Es precisamente esa memoria del trabajo la que produce la identificación del vecindario con las Marchas contra el Paro.
Recordad a Sebald: “… la oscuridad no se desvanece sino que se espesa al pensar lo poco que podemos retener, cuántas cosas y cuántos caen continuamente en el olvido, al extinguirse cada vida, cómo el mundo, por decirlo así, se vacía a sí mismo, porque las historias unidas a innumerables lugares y objetos que no tienen capacidad para recordar, no son oídas, descritas ni transmitidas por nadie…” ( en Austerlitz, 2002, p. 28).
La luz del día va abriéndose paso conforme el reloj avanza hacia las 9. Los participantes de la Marcha van recalando poco a poco en la Plaza de salida hasta alcanzar la centena. Cuantiosa presencia de Policia Municipal y Guardia Civil. Entre los manifestantes, algunas caras familiares de esta (y de otras) época intensa de protesta social.
Una luz nítida, que solamente la lluvia consigue modelar por estos lares, envuelve de un azul radiante al soberbio cabezo de La Atalaya que sobresale por entre los edificios. La marcha comienza su caminata por una de las calles centrales de la ciudad. Se empiezan a gritar las consignas con las que los “marchantes” llevan una semana interpelando a los vecinos de los pueblos por los que han ido transitando: contra el paro, contra los desahucios, contra los bancos responsables de la crisis (entre el repertorio de acciones más característico se observa como el más característico el llenar de pegatinas oficinas de entidades bancarias al tiempo que el resto de manifestantes gritan consignas con los brazos levantados y haciendo el gesto de señalar con el dedo en dirección a la entidad bancaria empapelada de pegatinas contra los desahucios o la corrupción), etc.
Empiezo la Marcha charlando con Pepe Marín, un profesor de derecho del trabajo de la universidad e inquieto dinamizador del Club Atalaya y a quien recientemente entrevistamos para un trabajo sociológico sobre el Museo del Esparto.[2] Le pregunto por el arraigo que tuvieron las movilizaciones obreras y los movimientos de izquierda en estos pueblos en los años 70. Hablamos del PSP, el partido de Tierno Galván, que tanto en Calasparra como en Cieza tuvo mucha importancia. Cuando le menciono a Frasquito, un aparcero del coto arrocero de Calasparra que llegó a ser concejal de agricultura del Ayuntamiento de Calasparra procedente de las filas del PSP (y que yo conocí a principios de los 90), se le ilumina el gesto y rememora la importancia de esa persona para las gentes de izquierdas de estos pueblos.
El protagonista de la historia de vida del libro de Joan Frigolé –un jornalero campesino- también menciona a Frasquito en su relato. Precisamente en ese libro están las vivencias biográficas o la memoria del trabajo que indudablemente produce la identificación de las gentes trabajadoras de estos pueblos con las Marchas. Ese pasado lejano que proyecta una sombra escalofriante hacia el trágico presente de hoy en el que retorna el paro, la precariedad y la inacción estatal sobre la cuestión social:
“Trabajaba de eventual adonde me avisaban a trabajar: a coger esparto, a segar romero de ese pa esencia, a cavar con éste, con el otro, a veces aquí en el término, otras veces me iba fuera del término, y asín íbamos luchando con la vida.
Y de pasar frío, cuando salíamos. Ahí donde tiene la taberna el Porras, las Cuatro Esquinas le llamamos, a eso bien joven le dije “el mercado de los borregos”. Allí salíamos los hombres, más viejos, más jóvenes. Calcetines no se usaban entonces, no había para calcetines, nada más que unas esparteñas de esparto. La mayoría con un pantaloncito de tela remendaíco y una camisica. Sin camiseta, no se usaba ni mucho menos en la clase trabajadora, no, no había, ¡si no había! La camisica llena de repulgos, una blusica de estas sencillas. Helaícos de frío. Como íbamos helados por dentro y la ropa que llevábamos, más helados todavía. Venía un señor labrador a avisar al personal y entonces íbamos todos así, como los cordericos a mamar de la madre, y todos nos acercábamos y este señor empezaba a mirar a los tíos de arriba abajo. Si tenías el pelo blanco, no le gustaba, y si no tenías barba, tampoco. Tenían que ser hombres de veintitantos años. Bueno: “¿Precio?” “¿Tanto?”. Y entonces unos retrocedíamos para atrás y otros se quedaban allí. Y aquéllos iban y otros quedábamos, porque verdaderamente el tío se aprovechaba de aquello. En lo único que sí, cuando ya venía una recolección de arroz o de siega del trigo había aprovechamiento, porque mucha gente se iba de los pueblos a La Mancha a segar, mucha, y se quedaba aquí muy poca gente y, claro, tenían que recoger ellos también aquí la cosecha de cebada, trigo y avena. Entonces no encontraba y entonces aquél subía una peseta más. Venía el otro y subía otra. Me acuerdo yo que una vez de 5 pesetas que era la siega, 5 pesetas, llegaron a ponerla a 10 pesetas, porque no encontraban y tenían que segar” (Joan Frigolé, Un hombre, 1997, pp. 199-200).

La carretera de Cieza a Abarán orillea el valle del segura y sus huertas. El paisaje es embaucador. Las huertas de frutales, cítricos y hortalizas se disponen a lo largo del Segura, que por aquí todavía se desliza bravo y con abundante agua. Las serranías de Cieza y del Oro, con sus empinados cabezos cubiertos de pinares, limitan la anchura de la vega. Al fondo el sky-line de Cieza se despliega siguiendo el límite de la huerta. [Que el espacio de huerta sea un territorio físicamente limitado por el sistema de riego es inaceptable para la lógica de reproducción ampliada del capital: por ello los nuevos regadíos que estudiamos en ENCLAVES rompieron la frontera de la vega, conquistaron e irrigaron los campos de secano y allí implantaron las grandes fincas de producción de fruta y hortaliza]. A estas horas la mañana es fresca y húmeda, los colores están muy vivos, los olores del campo intensos, los árboles de hoja caduca salpican de tonos ocres este vergel. Sin duda la Marcha transcurre por los paisajes huertanos más bonitos de la Región y en algún momento M.A. pedirá un aplauso de reconocimiento para ellos… Me encuentro con dos jubilados de los viejos tiempos, activistas de Cartagena que demuestran gran generosidad participando en la caminata con toda su solidaridad hacia los jóvenes golpeados por  la crisis.



Fotografía 2: Huerta de la vega del Río Segura a su paso por Cieza


Entre banderas de las diferentes sensibilidades políticas (pero sin nombres distintivos de tal o cual partido o sindicato) caminan jóvenes precarios, militantes sindicales y de partidos políticos de izquierdas, solidarios de todas las edades, familias completas de vecinos, algunos inmigrantes en paro, desahuciados, investigadores… pocos niños y alguna persona mayor, sin duda debido a la dureza del recorrido. Por este motivo y para la logística y manutención durante todo el trayecto hay dos vehículos de la organización (un coche y una furgoneta) que hacen las funciones de “campamentos base móviles”.
Accedemos al centro de Abarán por una carretera donde se disponen numerosos almacenes de manipulado de frutas. El primero de ellos el de la Cooperativa del Valle de Abarán, de gran tamaño, cajas coloradas y amarillas apiladas en una gran superficie de estacionamiento para camiones y coches, pero en el que no se divisa actividad alguna (en esta época del año el periodo de trabajo es mínimo pues la fruta continúa siendo un producto altamente estacional –solamente grandes empresas como Frutas Ester o Maripí han conseguido romper esta estacionalidad introduciendo nuevas variedades o diversificando la producción hacia la hortaliza-).



Fotografía 3: Almacén de manipulado de fruta, Abarán

Se aprecian otros almacenes más pequeños, también sin actividad, y otros directamente cerrados (y alguno convertido en chabola seguramente de trabajadores inmigrantes). Estos almacenes abandonados aparecen repentinamente como indicios de la fuerte concentración y centralización de capital habida en torno a algunas grandes empresas como frutas Ester (la Marcha pasa por la entrada de su viejo almacén, en el que yo estuve a mediados de los 90 -ahora está ubicada en el polígono industrial de la carretera hacia la autovía, con unas instalaciones modernizadas de gran envergadura y amplitud-)[3].


Fotografía 4: Almacén de fruta abandonado y convertido en infravivienda de trabajadores inmigrantes, Abarán

La recepción de la Marcha en Abarán es alegre. Jóvenes con tambores, gaitas y panderetas nos acompañan hasta el centro del pueblo, hasta llegar a la imponente plaza de toros. Gritos de “trabajo si, paro no”, “que viva la lucha de la clase obrera” y semejantes. Las oficinas de los bancos, especialmente de La Caixa, son embadurnadas de pegatinas contra los desahucios y señaladas al grito de “asesinos” (el día anterior se había producido en Baracaldo el suicidio de una mujer a la que se iba a expulsar de su vivienda). Un representante de los convocantes de la Marcha agradece al “pueblo de Abarán” el recibimiento, “pensábamos que entrábamos en territorio hostil”, etc. No son pueblos éstos que vayan a dar una acogida muy amplia a una Marcha de contenido nítidamente izquierdista (aquí el contraste es evidente respecto a la hospitalidad mostrada en los pueblos de más arriba -Moratalla, Calasparra y Cieza-), pues son espacios políticamente muy conservadores –. La minoría activa nucleada en torno a Izquierda Unida (su único concejal participará en la Marcha), sindicatos como UGT e inclusive ecologistas locales posibilitan esa bienvenida.

El urbanismo de Abarán habla de una intensa y prolongada proletarización de su población. Recorremos calles de bloques de edificios de los 50 y 60, envejecidos y como a medio terminar, numerosas chimeneas de conserveras abandonadas. La fealdad de la trama urbanística contrasta con la belleza del espacio de huerta circundante. Es un pueblo como suspendido en el tiempo de una época boyante –la “edad de oro” de la década de los 20[4] con un repunte seguramente en los años 60- y que desde entonces vive como a la espera instalado en una decadencia progresiva…





Fotografía 5: La Marcha cruza Abarán


A la Marcha se suman jóvenes abaraneros. El concejal mencionado de Izquierda Unida, jóvenes desempleados, un ecuatoriano amenazado de desahucio y apoyado por la PAH (Plataforma de Afectados por las Hipotecas), una trabajadora social que conocí hace unos años en unas jornadas de UGT sobre inmigración.  Conversaciones con muchos de ellos y contactos para la investigación. Nos habíamos propuesto, y lo estamos consiguiendo, una forma de contactación con los trabajadores y trabajadoras locales horizontal (buscándolos en la urdimbre social del pueblo) y no vertical (como es habitual en muchos estudios sociológicos en los que la contactación se hace a través de la gerencia empresarial).
Ahora somos muchos más, casi 150. Despedimos con aplausos a la salida de Abarán a los jóvenes gaiteros que nos han acompañado en el recorrido por las callejuelas del pueblo. Me llama la atención que los huertos de las inmediaciones de la localidad están cultivados (pimientos, habas, patatas, etc.), se lo comento a H. –un ecologista local ahora residente en Murcia- y dice que es desde que empezó la crisis (seguramente estrategias de autoabastecimiento).
H. es uno de nuestros contactos para el trabajo de campo en Abarán. Durante la caminata nos cuenta quiénes son los poderes locales (Frutas Ester en Abarán centro y Maripí en la Hoya del Campo –donde en las últimas elecciones municipales se llegó a presentar una candidatura independiente especifica de aquella pedanía) y sobre las transformaciones del territorio. El control del poder local es fundamental para las estrategias empresariales de acaparamiento de tierras, agua y otros recursos. Por ejemplo, las roturaciones de terrenos realizadas por Frutas Maripí en las inmediaciones de la Sierra de la Pila para su conversión a la producción de frutales –como se aprecia al inicio de la pista que sube a la aldea abandonada de San Joy- se han hecho a costa de recortes a la superficie del Parque Natural. Nos confiesa aspectos más confidenciales y personales, como que su situación personal no es la mejor porque está en paro con dos hijos, que no está totalmente de acuerdo con algunas reivindicaciones de la marcha (está políticamente un poco más a la izquierda) pero que es el momento de integrar discursos y prácticas. Conoce bien los campos y huertas de Abarán, y asegura que los huertanos articulan formas de resistencia (a la usurpación del agua por parte de la Confederación o de los agronegocios) que pocas veces son visibles o se conocen[5].
P. trabajadora social de UGT pero implicada en movimientos sociopolíticos más a su izquierda es abaranera, hija, nieta y novia de abaraneros. Parece una persona bastante conocida en el pueblo y me dice que nos puede facilitar el contacto con trabajadores de almacén o campo, algunos incluso son familiares.  Por otro lado nos comenta que sus padres tienen un bar “de toda la vida” en Abarán, lo cual nos puede ser de mucha ayuda en el futuro para nuestras incursiones etnográficas.
J. es un joven desempleado de Abarán. Trabajaba en una fábrica de Molina de enlatado de atún. Ahora aprovechando el paro estudia filología en la Universidad. También su hermana y su padre participan en la Marcha –su madre se ha quedado en casa atenta al móvil por si alguno se fatiga durante la caminata… Es un joven vivaracho, alegre, entregado e inquieto culturalmente (se ha matriculado en Filología Hispánica en la Universidad de Murcia y está interesado por el uso del lenguaje en los procesos de control social). En los descansos de Blanca y Archena actúa como monitor deportivo y nos pone a hacer estiramientos.
El propio ritmo de la marcha propicia los contactos, los saludos, las charlas fugaces… en ese cruce de conversaciones y gentes está J. de Abarán. Ronda la treintena, parece un buen conocedor de su pueblo y poco a poco me cuenta que estudió un módulo de F.P relacionado con la topografía, oficio vinculado a la construcción. Durante los años del boom inmobiliario estuvo trabajando en diferentes empresas del sureste (Alicante, Murcia y Almería), le encantaba su trabajo por el que percibía netos 1.000€, donde los complementos lo hacían aún más atractivo: coche de empresa, viajes y dietas. Se encargaba de analizar y comprobar el estado de los suelos donde se proyectaba construir una carretera, pero con el desplome del sector acabó en el paro. A los meses obtuvo una plaza de barrendero contratado por el ayuntamiento, a media jornada con un contrato temporal, en el momento de la marcha llevaba dos meses sin cobrar. Su relato  dibuja un pueblo dormitorio, donde la gente que quería progresar debía buscar trabajo fuera, dominado política y socialmente por familias caciquiles que incluso crearon su propio partido político que ganó las elecciones municipales de 1987. Asegura que un par de familias, relacionadas con el agronegocio son las que han marcado el ritmo del municipio. En ese momento sus recuerdos giran hacia su infancia y juventud, cuando había más zonas verdes y los niños y vejetes se encontraban en calles y parques.
La carretera hacia Blanca tiene primeramente un tramo ascendente que obliga a trabajar más a los músculos de las piernas. Posteriormente una bajada entre huertos de mandarinas (qué rico sabor), naranjos y limones nos conduce a las orillas del río Segura a su paso por el pueblo de Blanca. Esta vez no hay recibimiento alguno ni se marcha a través del pueblo (Blanca es aún más conservadora que Abarán). Aún así recibimos el apoyo entusiasta de alguna vecina mayor que se identifica como de izquierdas. Almuerzo a orillas del río, junto al merendero ahora cerrado. La organización facilita bocadillos, bolsitas de uva de mesa y un chato de vino para reponer fuerzas, a cambio de los vales solidarios por valor de un euro. La presencia de las unidades especiales de la Guardia Civil es especialmente visible. El Delegado del Gobierno quiere hacer ver a sus electores que mantienen con estrecha disciplina el Orden.
La Marcha continúa. Embalse de Blanca: aquí se amansan las aguas bravas del Río Segura junto con las de procedencia del trasvase Tajo-Segura. Bellas vistas, cañaverales, cormoranes sobrevolando las aguas. Allá arriba se divisa la cima de la Sierra de Ricote. Un viejo campesino en una antigualla de moto cargada de sarmientos de las viñas nos adelanta. Saluda y charla brevemente con los Civiles a los que debe conocer. Su huerta está a orillas de la carretera, lo vemos en su parcela de frutales y nos saluda al pasar.
Azud de Ojós y las grandes tuberías que separan las aguas del trasvase de las de río y las elevan para una vez en altura dirigirlas, por un lado, la tubería de la derecha hacia el valle de Guadalentín y Campo de Cartagena, y la de la izquierda, hacia Fortuna y campo alicantino. A continuación H. El Ecologista explica con megáfono a los manifestantes esta geografía tecnológica de la gran infraestructura hídrica.
Desde la elevación de la carretera del azud se aprecia una geografía del contraste: entre las escarpadas y áridas montañas, anida toda esa exuberancia que ilumina una luz maravillosa de mediodía de  huertas, palmeras, cítricos y frutales, acequias y norias. Salpicados aquí y allá pequeños pueblos en los que se reconoce la huella del pasado morisco. Cruzamos Ojós, un niño despliega un cartel contra los recortes en educación. Subimos por una pista llena de barro y charcos de las últimas lluvias hasta Ulea.  Un pueblo que parece fantasmal, sólo algunas vecinas nos observan detrás de las puertas de sus casas, agazapadas y sorprendidas tras el visillo, un grupo de chicos mascullan algo sobre la necesidad que tenemos de buscar trabajo… más bien de encontrarlo.
Durante todo el recorrido las conversaciones y compañías van y vienen, se rompen, se retoman fragmentos de charlas, en otras ocasiones prefiero observar el paisaje humano y natural que me rodea, aprehenderlo.  Voy charlando con algunos “interinos” de la Marea Verde (protestan contra la situación de la educación), reconocibles por sus camisetas verdes. Finalmente, Villanueva. Todos ellos pequeños pueblos del bonito valle de Ricote, con alcaldes conservadores que promovieron desacertadas operaciones urbanísticas que hoy vemos irrumpir sin sentido alguno en medio de estos paisajes pero recordándonos que ahí siguen los responsables de la burbuja inmobiliaria que nos ha conducido al actual desastre. 

Un poco más adelante converso fugazmente con el único inmigrante africano que nos acompaña. Va vestido con ropa de invierno y el calor de 20 grados en pleno Noviembre empieza a pasarle factura, por lo que protege su cabeza con su jersey de lana, en una bolsa de plástico lleva algunas pertenencias. Más tarde me comentará una compañera que se trata de un hombre de Gambia, que lleva en España 11 años, mantiene su trabajo y su casa, no expresa problemas acuciantes pero que cuando se enteró en la asociación de vecinos de la finalidad de la marcha pensó que era su obligación acompañarnos, y aquí estaba.




Fotografía 6: Entrada a Archena

Llegada a Archena. Tras 25 kilómetros los músculos empiezan a estar cargados. Grupos de personas nos reciben con apoyo solidario. Alguien se incorpora con una soberbia bandera republicana. Varios jóvenes de la cabecera de la Marcha se acercan corriendo al restaurante-asador de la entrada de Archena e increpan al propietario llamándole “explotador” y semejantes –días después comprendí este episodio en una entrevista en La Ser a un representante de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas que estaba acompañado por un “afectado” que resultó ser uno de los jóvenes que protagonizó el hecho referido: se trata de un joven de Mula de unos veinte y tanto años, que en la época del boom inmobiliario se dejó los estudios con quince años para ponerse a trabajar en la construcción, pudo comprarse una vivienda previa petición de un préstamo hipotecario; luego llegó la crisis, se quedó en el paro y no pudo hacer frente a los pagos de la hipoteca; ahora milita en la PAH y trabaja eventualmente en lo que le sale; un fin de semana trabajó en el restaurante-asador de Archena y le pagaron un miserable sueldo de 60 euros por 24 horas de trabajo “o lo tomas o lo dejas”… ¿Su relato no es acaso una actualización a los tiempos de hoy del extracto biográfico reproducido páginas atrás y extraído de la historia de vida de un campesino-jornalero calasparreño realizada por Joan Frigolé en Un hombre, 1997?
Llegamos a orillas del río Segura a su paso por Archena. Allí, activistas de este pueblo han preparado bolsas con bocadillos, fruta y bebida. Es el “día de la tapa” jornada en que los hosteleros ofrecen cerveza y tapa a un precio módico. Por esta razón en Archena hay bastantes jóvenes de aperitivo a pesar de rebasar las 3 de la tarde. En un bar muy cercano al lugar de nuestro avituallamiento me acerco a saludar a unas personas que conozco. Noto en el ambiente como nuestra presencia sucia, cansada y algo desarrapada causa una mezcla de extrañeza, incomprensión y algo de repudio entre los jóvenes bien vestidos y acicalados que tienen dinero para consumir en el bar. Lo atestiguo cuando alcanzo a oír argumentos como “¿afectados por la hipoteca? Pero si esos seremos casi todos los españoles ¿no? y no nos quejamos...” o “lo que tienen que hacer no es salir a la calle es trabajar”.

La fatiga se aprecia en muchos. Pero una hora después ya están preparados para seguir avanzando río abajo hasta Molina (15 km.). Algunos ya nos bajamos aquí.








[1] En Wacquant (2004): Entre las cuerdas. Cuadernos de un aprendiz de boxeador, Alianza, Madrid.
[2] “Hay quienes reniegan de su pasado obrero en la industria del esparto. Aquello fue una crueldad para los que niños tuvimos que trabajar  en el esparto. Yo tenía siete años, estamos hablando del año 51, saliendo de la posguerra y en condiciones de pobreza” (Entrevista grupal con antiguos obreros del esparto, mayo, 2012).
[3] Este extracto de noticia extraído de Abarán en Siete Días, 15/11/2012, nos da idea de 1) la importancia de Abarán en el subsector de frutas y 2) las cinco empresas resultantes de la dinámica mencionada de centralización concentración de capital:
"Casi medio centenar de empresas murcianas de frutas y hortalizas -cinco de ellas de Abarán- han participado en la Feria Nacional de Frutas y Hortalizas Fruit Attraction 2010', un innovador y funcional centro de negocios que nació el pasado año de la mano de FEPEX e IFEMA y con el unánime respaldo del sector, como la más sólida, completa y eficaz herramienta comercial para el sector profesional hortofrutícola.
Según la información a la que tuvo acceso Abarán en 7 días fueron cinco las empresas que contaron con stand propio dentro de esta feria: Frutas Campo Blanca S.C.A.Frutas Esther S.A.Frutas Félix Gómez e Hijos S.L.Frutas Torero S.A. y Antonio Carrillo e Hijos S.A. (Frutas Anabella). Todas ellas, a su vez se agruparon en el stand de APOEXPA.
Fueron en total 49 las empresas del sector de frutas y hortalizas de la Región de Murcia las que expusieron sus productos en Madrid del 20 al 22 de octubre en la segunda edición de esta feria. Las empresas asistentes estuvieron agrupadas en las organizaciones ProexportApoexpa y Amopa, el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida Pera de Jumilla y el Consejo de Agricultura Ecológica”.
[4] Así lo relata José David Templado, Cronista Oficial de Abarán, en su blog rememorando la construcción del teatro local: “La construcción del Teatro Cervantes  en 1926 coincide con una de las épocas de mayor esplendor económico y cultural del pueblo de Abarán.  La década de los años veinte del ya pasado siglo mantiene un crecimiento económico hasta entonces nunca conocido.  Por una parte, el Motor Resurrección tras un periodo de crisis normaliza su funcionamiento y las transformaciones de secano en regadío fuera del Valle abren perspectivas halagüeñas para el incremento de la producción agrícola.  Por otra parte, las industrias conserveras y las derivadas del esparto alcanzan su madurez  con una red comercial perfectamente establecida.  El binomio producción-comercialización sostenido por un perfeccionamiento cada vez mayor de los transportes por carretera produce la fluidez necesaria para la salida de frutas en fresco.  Paralelamente al desarrollo económico tiene lugar un desarrollo cultural con múltiples manifestaciones, pero sobre todo, con la toma de conciencia de la importancia del saber y de la instrucción en el progreso de las personas y en definitiva del pueblo.
… el teatro Cervantes puede ser considerado como emblema de una década y de una generación. Una década insertada en una época de oro de la historia de Abarán y una generación cuyos frutos aún están por superar”.
[5] Unos días después leímos en Abarán, 7 días la siguiente noticia:  "Destrozan parte de las obras realizadas por la CHS en la acequia Charrara en Abarán"
H. es coautor de un interesantísimo artículo sobre la importancia histórica del regadío tradicional en Abarán y su actual declive económico y sociológico. Se titula: "La Cueva/El llano: ejemplo de evolución de un pequeño espacio agrícola, hoy en extinción"